La Arrixaca concluye que las enfermedades importadas por inmigrantes son de muy difícil contagio en España

Un grupo de inmigrantes es atendido por miembros de Cruz Roja tras su llegada al puerto de Cartagena, en una imagen de archivo./A. Gil / AGM
Un grupo de inmigrantes es atendido por miembros de Cruz Roja tras su llegada al puerto de Cartagena, en una imagen de archivo. / A. Gil / AGM

La inmensa mayoría de las patologías atendidas en 2018 en la Unidad de Medicina Tropical apenas disponen de vías de transmisión y algunos de los casos, como los de dengue, llegan a la Región más fácilmente de la mano de turistas españoles

Pedro Navarro
PEDRO NAVARRO

«La inmigración puede traer a Europa pandemias erradicadas», aseguraba recientemente el secretario general Vox, Javier Ortega Smith. «Esto es lo que nos traen los 'sinpapeles'», repetían numerosos comentarios en redes sociales tras conocerse que España había estrenado en la Región los casos de dengue autóctono. 'Fake news', opiniones malinformadas o, al menos, verdades a medias. Estos son los calificativos que podrían recibir dichas afirmaciones, al menos a tenor de la experiencia y de los datos que maneja la Unidad de Medicina Tropical del hospital clínico Virgen de la Arrixaca de Murcia. «Es cierto que los inmigrantes pueden portar determinadas patologías infecciosas, pero la inmigración ni trae enfermedades a España ni es un problema de salud pública, sino un fenómeno que gestionar», precisa su responsable, Manuel Segovia.

El jefe de servicio de Microbiología destaca así que contamos con «un sistema sanitario modélico», «capaz de adaptarse a nuevas situaciones y de proteger a la población». Y lo hace en primer lugar haciendo casi imposible la vuelta de patologías comunes prácticamente erradicadas en nuestro país. «Determinados virus, como el de sarampión, que llegan de la mano de migrantes del Este más que de África o Sudamérica, no suponen riesgo alguno gracias al sistema de vacunación universal», remarca el facultativo. La inmunidad de grupo es por tanto un escudo del que la ciudadanía solo se beneficia «si todos cumplimos con el calendario vacunal». Una interpretación en sentido contrario de este argumento permite concluir que los colectivos 'antivacunas', con su «irresponsabilidad», pueden ser «tan peligrosos o más» que aquellos que llegan desde más allá de sus fronteras, insiste Segovia. «Si cruzas sin mirar o con el semáforo en rojo, la culpa del atropello es casi tan tuya como del conductor», ejemplifica a su vez. No obstante, cualquier incidente relacionado con situaciones como esta sería siempre «puntual».

Manuel Segovia, responsable de la Unidad de Medicina Tropical del hospital clínico Virgen de la Arrixaca de Murcia.
Manuel Segovia, responsable de la Unidad de Medicina Tropical del hospital clínico Virgen de la Arrixaca de Murcia. / Vicente Vicéns / AGM

Dentro de las enfermedades comunes, aquella que únicamente podría plantear un riesgo real para la transmisibilidad, según puntualiza Segovia, es la tuberculosis, más prevalente en países en vías de desarrollo y de los que parten la mayor parte de los flujos migratorios. Sin embargo, su incidencia en nuestro país «no ha incrementado notablemente en los últimos años», dado que su contagio se produce principalmente entre personas «en condiciones de hacinamiento y que no están siendo tratadas». «Se infectan entre ellos», incide.

El mal de Chagas, la patología exótica más prevalente

Podría parecer que aquellas enfermedades que no son en cierto modo ajenas, como las llamadas tropicales, tienen la capacidad de generar más dolores de cabeza a nuestro sistema de salud pública. Sin embargo, se trata de patologías que, por un lado, no siempre llegan de la mano de inmigrantes y que cuando lo hacen, se encuentran con la ausencia de vías efectivas de transmisión. En total, por la consulta de la Unidad de Medicina Tropical pasaron en 2018 pasado 2.787 personas. Como es lógico, tan solo un 18% de esta cantidad eran españolas, mientras que el 82% restantes eran foráneas. En el caso de los nacionales, el motivo mayoritario de su visita -el 75% de los casos- fue el de solicitar consejo de cara a un viaje al extranjero. Por tanto, solo uno de cada cuatro llegó con sospechas de portar una patología importada. Pero si nos referimos a los pacientes de origen internacional, principalmente procedentes de latinoamérica, los porcentajes se invierten y hasta nueve de cada diez manifestó tener síntomas acordes con una de estas infecciones.

De entre todos los casos que recibieron un diagnóstico positivo, hasta un 68% lo fue por el mal de Chagas, un 21% por estrongiloidiasis y un 1% estaban relacionados con esquistosomiasis, explica Bartolomé Carrilero, miembro de la unidad. En los tres casos se trata de afecciones causadas por parásitos -protozoos, gusanos intestinales y genitales- que en la actualidad no encuentran unas condiciones adecuadas para proliferar y saltar de un organismo a otro -insalubridad o insectos- y que ni siquiera son especialmente graves. Sin ir más lejos, el chagas precisa de un chinche que no existe en nuestro entorno para propagarse. La otra opción de transmisión es la transfusión o el transplante -inviable por los controles existentes-, o de manera congénita, de madre a hijo.

Casi imposible bajarse de una patera portando dengue

De manera residual, un 0,02% de los casos correspondía a arvovirus, concretamente el chikungunya, el zika y el dengue, que son enfermedades transmitidas por vectores o mosquitos, entre ellos el tigre, presente desde hace varios años en la zona del Levante. Esta última afección saltó al primer plano mediático el pasado mes de octubre después de que dos vecinos Alhama de Murcia fueran los primeros españoles en contraer el virus en suelo patrio, con origen inicial en un caso importado del exterior, ya que no es endémico en España. Sin embargo, debido a los cortos tiempos que maneja esta enfermedad en su desarrollo desde que se contrae y en su curación -o no, al causar la muerte-, es «imposible» que alguien que salió de una zona tropical, atravesó un desierto y se subió en una patera se plante en España con ella a cuestas. «El turismo de aventura está ahora muy de moda y la gente se va de viaje, yo qué sé, a la selva de Costa Rica o al lago Turkana en Kenia. Se puede dar la vuelta al mundo en pocos días si se quiere. Es más fácil, por tanto, que el caso autóctono de dengue haya llegado de la mano de un viajero que de un emigrante. Otras opciones son anecdóticas», explica Segovia.

Carrilero incide, asimismo, en que unos 25.000 murcianos viajan cada año de media al entorno tropical y solo unos 4.000 se informan en esta unidad y en las consultas de Sanidad Exterior del Ministerio sobre las precauciones -incluidas vacunas- que deben observar en sus desplazamientos a zonas exóticas. «Los turistas asumen a veces riesgos comparables o mayores que los de la propia población local y se ponen en riesgo de enfermar», continúa.

Finalmente, un 0,01% de los casos de enfermedades tropicales diagnosticadas el año pasado en La Arrixaca se corresponden con malaria o paludismo. España, de manera autóctona, ha registrado en los últimos años casos varios casos de esta enfermedad, endémica dentro de nuestras fronteras en otros tiempos y en uno de sus tipos. La variedad del parásito que estuvo presente en nuestro país -'Plasmodium vivax'- genera un cuadro de poca gravedad y precisa de un tipo de mosquito, el 'anopheles atroparvum', ajeno a la Región de Murcia, al necesitar de la presencia de lagunas y entornos más rurales, entre otras condiciones. El tipo más grave, el 'Plasmodium falciparum', que puede llegar a causar la muerte, ni siquiera dispone de un vector eficiente en España. Esto es así porque el mosquito tigre, que es un artrópodo capaz de adaptarse a ambientes humanos y de poca agua, no es capaz de transmitirlo y es bastante complicado que su vehículo de contagio natural, el 'anopheles gambiae', se asiente en la Península. Además, el periodo de resolución de esta enfermedad, para bien o para mal, también es relativamente corto.

«Por todo esto, señalar simplemente que los inmigrantes traen enfermedades a Europa es hacer una afirmación fuera de contexto. Enfermedades nuevas siempre habrá, con inmigración o sin ella», recuerda Segovia. «Lo que hay que hacer es adaptarse y asumir que vivimos en un mundo globalizado», concluye, a la vista de su experiencia. La criminalización sanitaria del que llega de fuera no está avalada por tanto por los datos. Es la globalización, amigos.