«Esto es una amargura»

Pablo muestra los daños de una ventana de su chalé tras el último roce que tuvo con británicos. / v. Vicéns

Residentes de Mosa Trajectum denuncian que sufren presiones si no contratan los servicios de mantenimiento que ofrecen algunos ingleses

Jorge García Badía
JORGE GARCÍA BADÍAMurcia

Están tan deterioradas las relaciones con sus vecinos británicos que han llegado a solicitar a la Guardia Civil una orden de alejamiento. «Tememos por nuestra integridad física». Es lo que literalmente declararon Pablo y José Luis, el pasado 1 de junio, en el puesto de la Benemérita, después de que la noche anterior se sobresaltasen al sorprender a un intruso dentro de su chalé de la urbanización Mosa Trajectum: «Observamos a una persona en el interior de la vivienda, agachado, andando a gatas por debajo de la ventana».

Cuando la pareja trató de echar al sospechoso, un británico, este empleó un palo con un mosquetón «con el cual agredió al denunciante». Cuando lograron expulsarlo del inmueble, rompió el cristal de la ventana y reventó un macetero contra el suelo. La causa de tan ingrata visita la achaca Pablo a las «presiones» que está recibiendo la pareja para pagar los trabajos de pintura de la fachada de su chalé que le reclaman varios ingleses, vecinos suyos en la avenida Mundo.

«Me ofrecieron pintarme la casa y les dije que no, pero cuando regresé de pasar un fin de semana en la playa de Las Mil Palmeras, me encontré toda la fachada roja». De hecho, muestra a un equipo de 'La Verdad' una factura que le entregaron de 362 euros por los materiales, a nombre de un tal Graham, y que a la postre es el presidente de una de las comunidades de propietarios de los 500 inmuebles que jalonan esta urbanización de la pedanía murciana de Baños y Mendigo.

«Nos piden 1.000 euros». Los trabajos de pintura de la fachada se produjeron en octubre de 2017, al poco de mudarse la pareja a Mosa Trajectum, pero se niegan a pagar por algo que «no hemos contratado». Desde entonces, están sufriendo las consecuencias de su negativa: se han encontrado su coche rayado, han abierto la puerta de su casa y de ella colgaba un bolso con excrementos, les han puesto pegamento en la cerradura, les han desencajado el marco de la puerta...

«Esto es una amargura». De esta forma define la pareja su vida en el complejo y lo acreditan mostrando una denuncia presentada en abril en el Juzgado de Instrucción número de 6 de Murcia, donde José Luis relata que un vecino británico le golpeó en el brazo con una silla; tres partes médicos por ingresos de urgencia por ansiedad, así como un vídeo en el que un inglés, acompañado de otro, aporrea de manera amenazante las ventanas de su salón. «A otros vecinos que se han negado a contratarles servicios de mantenimiento les han hecho otras cosas», denuncia Pablo.

Esta acusación es corroborada por Catalina, otra residente en Mosa Trajectum. «Presionan a la gente para que contrate sus servicios». Esta polaca compró a un banco una casa embargada por un desahucio y se instaló en el complejo, junto a su hija, hace cuatro meses. «Ellos están jubilados y trabajan en negro: te podan el jardín, te limpian la piscina, te pintan...».

-¿Se negó a contratar los servicios ofertados por sus vecinos ingleses?

-Sí y me llenaron mi piscina de mierda y restos de poda.

No fue esta la única situación incómoda que sufrió con ciertos vecinos ingleses, ya que la casa que compró, y que incluye piscina privada, era propiedad de un inglés al que desahuciaron y eso no gustó a algunos de sus compatriotas: «Como represalia, un día me encontré la puerta sellada».

Catalina muestra fotos que corroboran que le clavaron varios tacos de madera con tornillos. «Tuve que llamar a la Guardia Civil. Se piensan que esta urbanización es como su ciudad».

¿Monopolio chapucero?

Personal de seguridad del complejo resta hierro a la situación: «Todos se buscan aquí sus chapuzas para pasar su tiempo libre». Sin embargo, otros residentes como Inés, y su hijo, Miguel Ángel, no lo ven así. «Nos instalamos aquí hace cuatro años y los ingleses vinieron a ofrecernos sus servicios de fontanería, albañilería...», explica Miguel Ángel. «Trabajé en la construcción, soy soldador y chapista y les dije que podía hacerlo yo, pero al final te sientes intimidado porque quieren seguir con el monopolio». Su madre zanja que «se creen que esto es su chiringuito».

Este diario se entrevista con Graham, el presidente de la comunidad de propietarios donde radica el conflicto vecinal y al que los afectados sitúan como uno de los británicos que ofrece chapuzas en 'b'. «No hay problemas entre los españoles y los ingleses», asegura. Y añade que Pablo y su pareja, José Luis, «nos pidieron que les pintásemos la casa».

-¿Tiene un contrato suscrito por ambas partes que lo demuestre?

-No hay ningún contrato. Me lo encargaron verbalmente.

Graham niega que él, junto a otros compatriotas, ofrezcan supuestamente a sus vecinos servicios de mantenimiento en negro. «Tengo un contrato legal». Pero no aclara si está jubilado en Inglaterra, ni tampoco indica el nombre de la empresa para la que trabaja en Murcia. «Pago mis impuestos en España».

El administrador de fincas defiende que los servicios de Mosa Trajectum los llevan varias empresas: «Están legalizados». Y aclara que Graham se ha encargado de algunos trabajos, como tareas de jardinería, y «se le ha pagado todo con facturas legales, como autónomo». No obstante, admite desconocer si este británico, junto a otros, ofertan chapuzas a residentes por su cuenta: «No sé lo que hace en sus ratos libres». El administrador zanja que solo existen tensiones vecinales en la avenida Mundo. «No hay un conflicto generalizado en la urbanización, solo en una parcela».

 

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