Libertad con cargos para el acusado de tener encerradas a su mujer y a su hija

Puerta de la vivienda en la que el hombre tenía encerradas a su mujer y a su hija. /NACHO GARCÍA / AGM
Puerta de la vivienda en la que el hombre tenía encerradas a su mujer y a su hija. / NACHO GARCÍA / AGM

El hombre retuvo durante meses en una casa de Alcantarilla a estas dos mujeres sobre las que ahora tiene una orden de alejamiento

JORGE GARCÍA BADÍA y JUAN RUIZ PALACIOSMurcia

Durante más de cuatro meses permanecieron retenidas contra su voluntad en su casa. El raptor: era el cabeza de familia. Las víctimas: su esposa, de 66 años, y su hija, de 29 años. La casa de dos plantas de la calle San Antonio de Alcantarilla se convirtió en una 'cárcel' para estas dos mujeres a las que Jesús B.M., de 56 años, según fuentes de la Policía Local, «prácticamente no ofreció agua, comida ni medicamentos». Todo ello a pesar de que su mujer sufre problemas coronarios y la hija tiene diagnosticada una discapacidad psíquica.

Tres sobrinos de la víctima fueron en repetidas ocasiones a la casa para ver a su tía y su prima, respectivamente, pero Jesús siempre les daba alguna excusa para que no pudieran ver a sus familiares. Los días, las semanas y los meses pasaban y no tenían noticias de las mujeres por lo que se decidieron a acudir a la Policía Local para informar de la extraña situación. «Mi tío no nos deja ver a mi tía ni a mi prima», explicaron.

Una pareja de agentes se desplazó el pasado martes hasta la calle San Antonio, en el histórico barrio de San Roque, para entrevistarse con Jesús y este se mostró, según las mismas fuentes, «muy nervioso». Los policías le presionaron hasta que el sospechoso les dejó ver a la mujer. «A los agentes les llegó a decir: 'La voy a llamar porque vosotros me lo decís, pero aquí no pasa nada'».

Estado en que se encontraba la vivienda cuando los agentes accedieron a a ella. / LV

Cuando Jesús bajó a su esposa, los policías se percataron de que esta les hizo gestos con la cara para hacerles ver que no estaba bien y procedieron a llevarse al cabeza de familia a una habitación, mientras uno de los agentes se entrevistaba a solas con la mujer. «Fue entonces cuando se vino abajo y confesó que estaba secuestrada por su marido desde hacía meses». De hecho, la víctima relató que había sufrido supuestas amenazas con un hacha y un cuchillo de grandes dimensiones que presuntamente había esgrimido su marido.

Madre e hija, tras ser rescatadas por los policías, fueron trasladadas al Hospital Virgen de La Arrixaca para que fuesen sometidas a un examen médico. El cabeza de familia fue detenido el pasado martes. Jesús B. M., español, de 56 años, posteriormente pasó a disposición de la Policía Nacional acusado de supuestos delitos de malos tratos. Los Servicios Sociales del Ayuntamiento han abierto un expediente para valorar la situación de madre e hija y adoptar medidas.

Libertad con cargos y orden alejamiento

El detenido pasó este jueves a disposición del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 de Murcia, que dictó una orden de alejamiento para el hombre sobre su mujer e hija y lo dejó en libertad con cargos.

La titular del juzgado investiga un delito de maltrato habitual, contra la integridad moral, amenazas e injurias y ha requerido al hospital de referencia y al centro de salud toda la documentación médica que pudiera existir de las dos mujeres, así como un informe forense integral. Además, estableció una orden de protección para la madre y la hija y otras medidas de protección social que garantizan su seguridad mientras se realizan las primeras diligencias de investigación y a la espera de los resultados de los informes.

Fuentes policiales subrayaron que tanto el supuesto raptor, como las dos víctímas, mostraron «incoherencia» en su relato y apuntaron a que tanto el marido como su mujer podrían padecer problemas mentales.

Las referidas fuentes confirman que Jesús no cuenta con antecedentes y que se trata de la primera intervención policial realizada en el seno de esta familia. Los vecinos de San Roque se han mostrado costernados por lo sucedido.

 

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