¿Cuánta agua es necesaria para llenar el frigo con fruta y verdura de la Región?

Un especialista controla el riego por goteo en un cultivo hidropónico en unos invernaderos de Mazarrón./Martínez Bueso
Un especialista controla el riego por goteo en un cultivo hidropónico en unos invernaderos de Mazarrón. / Martínez Bueso

Investigadores del Imida cuantifican cuántos metros cúbicos se emplean para producir los principales productos del campo murciano, así como la rentabilidad económica y social de cada riego

Pedro Navarro
PEDRO NAVARRO

Agua pasada no mueve molino, dice el refranero español. El equipo de investigadores del Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (Imida) está en disposición de contradecir, datos en la mano, a la sabiduría popular. Porque en el caso de la agricultura murciana, cada gota del líquido elemento, después de ser consumida en un riego, sigue impulsando todo un sector productivo y buena parte de la economía regional. Y lo hace a través de todos aquellos productos hortícolas que ha contribuido a cultivar.

En relación con este extremo, y en un contexto en el que los recursos no parecen ni mucho menos asegurados de una campaña a otra, ha adquirido especial relevancia el concepto de huella hídrica. Se entiende por tal el volumen de agua dulce usado en un proceso de producción de bienes o servicios. Trasladado al lenguaje cotidiano, esta idea podría concretarse en una pregunta del tipo '¿cuánta agua se necesita para producir la mandarina que me estoy comiendo?'. Dentro las estrategias para optimizar el uso de los recursos y mejorar la calidad de las cosechas, el equipo de Bioeconomía del Imida ha logrado cuantificar los metros cúbicos necesarios para producir un kilo de frutas y hortalizas en más de cien orientaciones productivas de regadío. Una cantidad calculada teniendo siempre como referencia los sistemas de riego empleados en la Región, altamente «eficientes y tecnificados» y basados en el goteo, como explica el responsable de este equipo, José García.

El tomate de invernadero encabeza, en positivo, la mayoría de indicadores, frente al naranjo, el brócoli y la alcachofa, que exigen más recursos hídricos para su producción

Las cifras, relativas al año 2017, señalan que un metro cúbico de agua o, lo que es lo mismo, 1.000 litros permiten producir hasta 18,6 kilogramos de tomates de invernadero. Es el cultivo más productivo en relación al consumo de este bien escaso, si se compara con los principales productos hortícolas que crecen en la huerta y el campo murciano (lechuga, brócoli y coliflor, alcachofa, melón y pimiento, por lo que respecta a hortalizas; limón, naranja, mandarina, melocotón, albaricoques, uva de mesa y viña, en lo que se refiere a cultivos leñosos o arbóreos). De hecho llega a quintuplicar la producción, con el mismo volumen de agua, de alcachofa. Dentro de los cultivos arbóreos, y desde esta óptica, la viña, con 9,4 kilógramos por m³ y su hermana, la uva de mesa (7,6 kg/m³), son lo que más aprovechan los recursos hídricos, mientras que el naranjo y el mandarino apenas se quedan en los 5,6 kg/m³.

García apunta, no obstante, que atender únicamente a criterios de producción para valorar la sostenibilidad de la actividad agraria y el adecuado uso del agua supone una visión excesivamente «parcial e incompleta». Y lo es por la importante «relevancia territorial, social y económica» de la agricultura de esta Región, muy superior a la de la media del sector en el conjunto de España. Por ello, pide atender a otros indicadores a la hora de estimar este aprovechamiento. El primero de ellos sería aquel que relaciona el consumo de agua con la facturación bruta de una explotación, o lo que es lo mismo, cuánto se ingresa por la venta de un producto. Este dato ayuda a poner en valor como contribuye este a la economía regional, ya que parte de ese coste va a financiar el trabajo de producción. Atendiendo a este criterio, el tomate de invernadero sigue siendo el rey, ya que cada 1.000 litros de agua empleados en su cultivo, se recaudan 10 euros, seguidos de cerca por los 8,4 euros del pimiento. En cambio, el naranjo y el mandarino apenas dejan algo más de un euro por metro cúbico.

No se debe confundir el indicador del ingreso bruto con el rendimiento neto, que mide la rentabilidad que le saca el agricultor al uso de un metro cúbico de agua en su explotación. O sea, cuanto saca 'limpio' de la venta de sus productos en relación a lo regado. El tomate de invernadero, que encabeza todos los índices, hace lo propio en este y aporta a sus productores hasta 3,2 euros de ganancia por metro cúbico, frente a los 2,4 euros del pimiento, el 1,3 de la uva de mesa o el euro del melocotonero. Estas cantidades parecen estratosféricas si se comparan con los escasos márgenes que dejan, en relación al consumo hídrico, el brócoli y el naranjo (10 céntimos) y la alcachofa (un céntimo. En el caso de la viña es incluso negativa y se pierden 6 céntimos por cada 1.000 litros de agua empleados. No obstante, en relación a los datos económicos siempre hay que tener muy presentes las hectáreas cultivadas y el juego de la oferta y la demanda al valorar las cifras.

El último de los indicadores manejados por el Imida, el más social de todos, mide cuántos puestos de trabajo se generan en relación al uso de un hectómetro cúbico de agua para regar. Y es que el empleo agrario aglutina de forma directa un 13% de la mano de obra regional. Dada la estacionalidad de la producción agraria, el índice parte para sus cálculos de un empleo a tiempo completo y durante todo un año, aunque este se corresponda en la vida real con múltiples contratos laborales, firmados, incluso, por varias personas distintas. El tomate, que solo ocupa el 4,3% de las hectáreas de regadíos hortícolas vuelve a mostrarse imbatible con 321 empleados (UTA) por hectómetro cúbico. El pimiento le sigue con 256 UTA/hm3. En este apartado, es especial el valor de los frutales -excluyendo los cítricos-, que exigen más mano de obra para su recolección. El melón, por contra, da de comer a apenas 50 trabajadores por cada hectómetro cúbico de riego. El agua es vida, plantea el dicho popular. En la Región de Murcia es, además, economía y sociedad.

Líneas de investigación para optimizar aún más el consumo de agua

Con un déficit estructural de la cuenca del Segura cuantificado en más de 400 hectómetros cúbicos, y dado el peso de la agricultura en economía regional (un 13%, solo de manera directa), el equipo de Riegos y Fisiología del Estrés del Imida desarrolla diferentes líneas de investigación para reducir la cantidad de recursos hídricos necesaria para sacar una cosecha. Una de las principales es el conocido como riego deficitario controlado, que consiste reducir el aporte de agua en determinados momentos de la fase de crecimiento, sin que el cultivo se vea afectado. «En algunos productos, estas estrategias nos permiten, además, mejorar su calidad o características, lo que es un aliciente para que el agricultor ahorre; incluso facilitan lograr cosechas tempranas, con lo que se consigue multiplicar su rentabilidad», explica José García. Otras líneas incluyen el secado parcial de raíces o el empleo de microrrizas u hongos, que favorecen la captación de agua del suelo. Asimismo, los investigadores juegan con las proporciones de aguas de diferentes calidades (extraída de pozos, trasvasada, desalada o depurada) en función de los diferentes cultivos, ya que no todos los frutales y hortalizas soportan de la misma manera estos cambios.