Garre presenta a Rajoy su baja del PP «por el clima irrespirable», y le acusa de tapar la corrupción

Alberto Garre./
Alberto Garre.

El expresidente de la Comunidad envía una dura carta mostrando su hartazgo tras la elección de Sánchez como líder regional del partido, pese a estar investigado

MANUEL BUITRAGO

El expresidente de la Comunidad Autónoma Alberto Garre solicitó ayer su baja del Partido Popular en una carta personal dirigida a Mariano Rajoy, poniendo fin a las desavenencias que mantiene con los dirigentes de su partido y que se han acentuado con la investigación a Pedro Antonio Sánchez por el 'caso Auditorio', sobre el que llegó a pedir su dimisión días atrás. Considera que este hecho es la gota que ha colmado el vaso. Garre le dice a Rajoy que «preside pero no representa» a las siglas del PP, que él sí llevará siempre consigo. Subraya que el «clima se ha vuelto irrespirable» dentro de esta formación.

«Sepultaron bajo las alfombras de la Caja Mágica madrileña las inmundicias de la corrupción política, apelando a que son cosas del pasado, soslayando las reiteradas advertencias del CIS, la coetánea sentencia del TSJ de Valencia y las pesquisas que judicialmente se cernían sobre el presidente de mi comunidad autónoma quien, en un alarde de información, desveló anticipada e imprudentemente lo que solo correspondía a la Audiencia Nacional, al ministro de Justicia o al fiscal general del Estado, sobre su implicación en el 'caso Púnica'», relata.

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«Desprecian la ejemplaridad»

Añade en la carta, sobre Pedro Antonio Sánchez, que el TSJ de Murcia le ha tomado declaración recientemente «como investigado en la causa Auditorio de Puerto Lumbreras, diligencia que evacuó el día 6 de marzo. Doce días más tarde ha sido, además de investigado, investido presidente regional del PP. Hasta aquí hemos llegado».

«Desprecian la ejemplaridad exigible a los políticos y la asunción de responsabilidad política que durante tantos años defendimos con independencia de las consecuencias penales. Al TSJ de mi Región corresponde decidir judicialmente sobre los indicios de delitos por los que se le investiga, pero, políticamente, quien ha negado hasta tres veces, por lo dicho, escrito y votado en sede parlamentaria, que renunciaría al cargo si era imputado (investigado), y no lo cumple, merece el reproche de cualquier partido democrático que, como tal, se sustenta en el cimiento esencial de la confianza. Faltar a la palabra dada no sé si es corrupción política, pero, desde luego, corrompe cualquier relación humana, también la política ¿o no?».

Alberto Garre le pregunta a Rajoy «¿qué más ha de acontecer en el partido para que usted aprenda a distinguir entre responsabilidad política y penal? Usted estaba perfectamente informado. Le prevenimos de lo que podía pasar, y ha pasado». El expresidente de la Comunidad no ha dejado nada en el tintero en este punto. «Solo acierto a comprender este tipo de situaciones cuando asisto atónito a las declaraciones de un ministro de Justicia cuestionando las resoluciones judiciales o los informes de las fiscalías, algo insólito hasta ahora en nuestro partido; o a un ministro de Interior sembrando dudas sobre los informes de la Guardia Civil, cuerpo que goza de un prestigio que ya quisieran para ustedes».

Le indica a Rajoy que el análisis de sus políticas «son la base de mi decisión y el fiel reflejo de un partido, su PP, con el que cada vez cuesta más trabajo identificarse, como prueban los millones de votos perdidos desde 2011, tan solo aliviados por el temor razonable a una izquierda desnortada. De esta inacción ante la corrupción es usted el principal responsable. Y por eso me voy, porque ese clima es irrespirable».

Prohibido los trasvases

«La regeneración de ideas que razonablemente se imponía hacer para recuperar nuestra ideología y al electorado no ha sido capaz de superar la fosilización que, con usted al frente, es una constante previsible de la que alardea. No hacer nada, regeneración cero, cuando no hacer de las 'lentejas', que usted cocina, las ideas del partido».

«No le he llamado incorrecto, ni antidemocrático, ni desleal, tampoco soy un cabreado; por contra, me siento, como cuando se dirigió usted en 1985 a don Manuel (Fraga), felizmente liberado, pero sin insultarle», concluye.

También le echa en cara a Rajoy que esté «prohibido hablar» de trasvases, del retraso del Corredor Mediterráneo, de la financiación injusta, del AVE «de nunca acabar» y del aeropuerto aún sin solución.