«El Estado acapara la educación de los hijos sin tener en cuenta a los padres»

Francisco Martínez.  /
Francisco Martínez.

Francisco Martínez Presidente de la Asociación Libertas

ANTONIO BOTÍASMurcia

Considera Francisco Martínez que los derechos de los padres a educar a sus hijos cómo les venga en gana está siendo vulnerado por el Estado. Y para defenderlos ha creado una nueva asociación, denominada Libertas, que intenta explicar que «nuestros hijos son nuestros y no del Estado». Además, apunta que en España no es posible opinar sobre lo que une desee y que «la gente no es consciente de la gravedad de esta situación». Por último, arremete contra la Ley de Igualdad de Género, si bien apunta que el objetivo es crear «un clima de opinión y debate en la sociedad civil». Sin duda que lo logrará.

¿Por qué surgió esta asociación?

Surge de un modo espontáneo, a raíz de la aprobada Ley de Igualdad de Género. Es un movimiento de la sociedad civil que reacciona ante lo que considera una amenaza a su libertad.

¿Y en qué, de forma concreta, atentan contra su libertad?

Con esta ley, el Estado pretende tomarse atribuciones que no le corresponden, convirtiéndose en 'Papá Estado'. Los padres y madres de familia pasamos de primeros y principales educadores a ser algo así como los encargados de mantener a los hijos, sin más.

Comprenderá que estas afirmaciones no las puede compartir todo el mundo e incluso muchos las consideran ofensivas.

Pero sí todos nuestros asociados y simpatizantes. En este momento estaremos en torno a veinte mil, y creciendo.

¿De dónde salen tantas personas?

De todos los estratos de la sociedad: padres y madres de familia, abuelos, profesores, personal sanitario, hombres y mujeres de bien que con esta ley ven en peligro sus derechos fundamentales.

Habla usted de 'Papá Estado', ¿a qué se refiere?

El Estado acapara su educación ocupándose de su formación moral, ética y en terrenos sensibles como la sexualidad. Sin tener en cuenta a los padres. Y resulta que nuestros hijos son nuestros y no del Estado. Esto es importante recordárselo a los políticos y a otros colectivos.

¿Cuáles son sus objetivos?

La firme oposición a toda imposición ideológica que pretende implantar de modo injusto una doctrina y un modo de vida que coarta la libertad del individuo y destruye la familia.

¿Es que en España no puede uno opinar de cualquier cosa sin miedo a represalias?

En teoría, la Constitución consagra la libertad de expresión, pero con estas leyes inicuas que proliferan sin control corremos el riesgo de dar un golpe mortal a la libertad y a la democracia.

¿Considera la sociedad española como una sociedad libre?

Se está produciendo un fenómeno que va en aumento: se trata de la paulatina supresión de la presunción de inocencia, que es uno de los pilares de cualquier Estado de derecho. La inversión de la carga de la prueba es un misil en la línea de flotación de la democracia.

¿Cuál será la próxima iniciativa?

Nuestro objetivo es crear un clima de opinión y debate en la sociedad civil. Nos gustaría que los políticos tuvieran en cuenta a la sociedad y trabajaran por el bien común. Si se hubiera tenido en cuenta a las familias, a la comunidad educativa, a las asociaciones de padres y a los colectivos del ámbito sanitario al confeccionar esta ley, la Asociación Libertas no existiría.

¿Tan grave considera que es la situación actual?

Esto no ha hecho nada más que empezar. De momento, no se aprecia mucho, pero la imposición se va introduciendo sibilinamente en todos los ámbitos de la sociedad. Cualquier profesional que se atreva a opinar en contra de esta ideología será acribillado con mil improperios, tratado de carca, facha, retrógrado y cavernícola. Condenado al ostracismo y a la marginación o llevado ante los tribunales, como ya se están dando casos.

¿Eso sucede en España?

Ya se está llevando a cabo la censura de libros y el cierre de webs, solo por el hecho de opinar diferente. Los llamados observatorios (ideológicos) son inquisidores al servicio de una ideología que nos roba la libertad y nos retrotrae a la Edad Media, a prácticas de regímenes totalitarios. La gente no comprende el peligro que esto supone o, al menos a nuestro modo de ver, gran parte de la sociedad no es consciente de la gravedad y de lo que significa esta imposición ideológica.

 

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