Eutrofización o ¿por qué el Mar Menor está «verde»?

Eutrofización, menudo vocablo, impresionante. Hace referencia a los procesos del ecosistema originados por el enriquecimiento de nutrientes del agua, especialmente o nitrógeno y/o fósforo. Éstos procesos son complejos, pero podemos resumirlo en proliferaciones de algas que, en función de sus características, su intensidad y persistencia, pueden dar lugar a cambios del ecosistema, con consecuencias nefastas para la actividad socioeconómica que en él se desarrolla. Lamentablemente, son cada vez más los murcianos, expertos y no expertos, que comprenden que esta es precisamente la situación del Mar Menor en la actualidad. Sin pretender ser oportunista, los científicos que nos dedicamos a la biología y a la ecología marina en la Región desde hace ya unos cuantos años lo hemos advertido y explicado hasta la saciedad, pero, como siempre, se nos ha tachado de exagerados y catastrofistas; ya no hace falta que sigamos insistiendo en esta cuestión porque la gente lo está viendo con sus propios ojos: el agua del Mar Menor está «verde» (ahora marrón).

El color del agua del Mar Menor es el principal exponente del proceso de eutrofización y se debe, de acuerdo con su propia definición, al desarrollo masivo de organismos planctónicos, algunos de los cuales son vegetales (fitoplancton) y poseen pigmentos fotosintéticos (clorofilas, carotenoides, etc.) que son responsables del color del agua. Pero, si los nutrientes ya se están aportando al Mar Menor durante décadas ¿por qué ahora? Hasta ahora el Mar Menor había estado luchando como un jabato para evitar este cambio (lo que en ecología llamamos resiliencia). En efecto, los científicos pensamos que la proliferación de Caulerpa (orejilla de liebre), medusas u otros organismos procedentes del Mediterráneo, como la nacra (un bivalvo gigante), han sido mecanismos del ecosistema para controlar los desajustes en el balance de nutrientes causados por los continuos y masivos aportes procedentes de los vertidos de determinadas actividades agrícolas. Estos organismos tienen la propiedad de filtrar el agua y en cierta medida deben haber contribuido a contener la proliferación masiva del plancton. Pero la capacidad de estos 'compartimentos' del ecosistema para interceptar y retirar estos nutrientes de circulación tiene un límite y puede llegar a colapsarse si el exceso de nutrientes supera dicha capacidad, y esto es probablemente lo que está pasando. Y todavía puede ser peor, ya que el calentamiento de las aguas del Mar Menor podría estar afectando negativamente a alguno de estos compartimentos de control, como las praderas de Caulerpa, cuestión ya advertida por los científicos y que está siendo corroborada por muchos pescadores.

Objetivamente, no sabemos si es un cambio transitorio o irreversible, desconocemos que está pasando realmente. Y esto es parte del problema, ya que refleja la escasa atención prestada al Mar Menor. En Murcia tenemos un elenco de científicos de enorme experiencia y reconocida trayectoria internacional en el estudio de los ecosistemas y del Mar Menor, de cuyas advertencias y diagnósticos se ha hecho caso omiso hasta ahora, y la inversión en investigación científica y seguimiento de este ecosistema único ha sido y es desproporcionadamente ridícula en relación a su importancia para el medio ambiente y la economía regional. Pero la cuestión es mucho más compleja. Hace unos días, nuestro presidente Sánchez explicaba la estrategia para elevar el turismo murciano a niveles de excelencia: aeropuerto y AVE. Ya está. Es una fórmula realmente simple y vacua, carente de sentido común. Hay que asumir de forma urgente que el desarrollo turístico no es solo construir y traer turistas, sino también garantizar las funciones y servicios de los ecosistemas en los que se produce este desarrollo. Si no somos capaces de mantener unos ecosistemas costeros saludables no vamos a tener nada que ofrecer, y mucho menos en el Mar Menor.