La menopausia complica el sueño

Marta Garaulet, catedrática de Fisiología de la UMU./
Marta Garaulet, catedrática de Fisiología de la UMU.

Un estudio de la UMU concluye que este periodo de la vida de la mujer está asociado a alteraciones en los ritmos biológicos

JAVIER PÉREZ PARRAMurcia

La menopausia puede contribuir a un empeoramiento de la calidad del sueño y a cambios en los ritmos biológicos. Así se desprende de una investigación de la Universidad de Murcia (UMU) liderada por la catedrática de Fisiología Marta Garaulet. El estudio, que acaba de ser publicado en la revista 'Menopause', concluye que las mujeres postmenopáusicas presentan con más frecuencia problemas durante el sueño -como apnea- y modificaciones en los niveles de cortisol asociados a alteraciones del ritmo circadiano o biológico.

Cómo mejorar la calidad del sueño tras la menopausia: Utilizar ropa liviana, evitar las mantas pesadas aislantes y la exposición intensa a la luz, evitar la actividad física durante las dos o tres horas previas a acostarse, cenar al menos dos horas y media antes de ir a dormir, evitar el estrés y disfrutar de siestas cortas de no más de 20 minutos.

Los investigadores analizaron durante ocho días consecutivos lo que comían, los niveles de cortisol y las horas de sueño y comida de 50 mujeres recién entradas en la menopausia, y compararon los resultados obtenidos con los que arrojaron idénticos controles entre 127 voluntarias de alrededor de 40 años que todavía no han llegado a esa etapa.

«Hemos determinado cómo son sus cambios de temperatura y sus ritmos de actividad y reposo mediante unos dispositivos colocados en la muñeca», explica Marta Garaulet. Esos sensores, desarrollados por el catedrático de Fisiología Juan Antonio Madrid, permitieron una medición constante, actualizada cada segundo, de la temperatura del cuerpo, así como de la actividad física y de la postura corporal.

Pero la recogida de datos no quedó ahí. Las participantes en el estudio se sometieron a una polisomnografía (un estudio del sueño) en sus domicilios, y a una medición de sus niveles de cortisol en la saliva (un marcador de salud circadiana asociado con el estrés).

De todos los datos recopilados se concluye que las mujeres postmenopáusicas se duermen más temprano y se despiertan antes. «Puede decirse que estas mujeres muestran un adelantamiento de fase aproximadamente de una hora en los ritmos de actividad y reposo y en los hábitos de sueño y alimentación frente a las premenopáusicas», explica la catedrática Marta Garaulet.

Además, los estudios del sueño, realizados por el neumólogo de La Arrixaca José Antonio Ros, permiten concluir que «las mujeres, después de tener la menopausia, presentan con más frecuencia el síndrome de apnea-hipopnea del sueño (SAHS), un problema que conlleva un mayor riesgo cardiovascular (cardiopatía isquémica, hipertensión arterial e ictus)». La apnea se produce por la obstrucción de las vías respiratorias durante el sueño, lo que provoca ronquidos y despertares continuos.

En cuanto a los resultados obtenidos de la medición del cortisol, se observa «un aplanamiento» semejante al que se produce en situaciones de estrés crónico, y que se asocia «con mayor obesidad en el abdomen y aumento de la presión arterial». Lo habitual es que por las mañanas, al despertarnos, tengamos unos niveles de cortisol muy superiores a los de la noche, lo que nos mantiene activos y favorece el hambre. El estudio apunta a que esas diferencias se acortan en las mujeres tras alcanzar la menopausia, lo que explica que haya más trastornos del sueño y cambios en el ritmo circadiano o biológico.

Temperatura de la piel

El trabajo revela además que «la disminución de la calidad del sueño con la menopausia se asocia a una menor temperatura de la piel durante las horas en que el sueño debería ser más profundo». Garaulet explica que «las mujeres postmenopáusicas tienen menos capacidad de disipar el calor a través de la vasodilatación de la sangre periférica». Las pequeñas diferencias de temperatura pueden tener un impacto relevante en el descanso nocturno. «Incluso cambios mínimos en la temperatura de la piel podrían ser suficientes para perturbar el sueño. Por ejemplo, una adecuada vasodilatación en el pie ha demostrado que se asocia con el aumento de la secreción de melatonina y facilita el comienzo del sueño», explica la directora de la investigación.

Estudios anteriores a este han determinado que entre el 46% y el 48% de las mujeres de entre 44 y 64 años de edad presentan alteraciones de sueño. «La razón de esta relación es todavía desconocida, pero puede estar asociada con valores disminuidos de estrógenos o progesterona», concluye Garaulet.

En el estudio de la UMU han colaborado Cecilia Gómez-Santos y Cristina Bandín, ambas investigadoras del equipo de Obesidad, y Pedro Francisco Castell, de la Sección de Instrumentación Psicológica de la Universidad de Murcia.

 

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