La entusiasta cantera del laboratorio

Más de 300 estudiantes de Bachillerato exponen sus trabajos de investigación en la Universidad. Entre la vocación y la desilusión por las tristes expectativas de la carrera científica en España, los jóvenes defendieron ayer sus proyectos en el Campus de Espinardo

FUENSANTA CARRERESMurcia

Han pulverizado la distancia entre el conocimiento que se les inculcó en el aula del instituto y su aplicación práctica, un viaje de descubrimientos revelador para muchos de ellos. Escogieron su tema, plantearon una hipótesis, formularon opciones, las comprobaron sobre el terreno y crearon 'algo' propio y único. Una aproximación temprana a la ciencia que ayer celebraban, en las imponentes aulas del Campus de Espinardo, tan orgullosos como nerviosos ante su exposición pública.

Las matemáticas de los árboles de Navidad, las plagas de langosta en Murcia, las matemáticas aplicadas a la pértiga, la predicción numérica del tiempo o la antimateria como fuente de energía. Cualquier excusa es buena cuando lo que importa es el camino. «¡Nada que ver con estudiar! Esto es mucho más motivador. Tú tienes la iniciativa, eliges y creas, y cuando consigues llegar a una respuesta, la recompensa es enorme. Ojalá fuera siempre así», describía ayer, ya aliviado después de exponer ante el público su trabajo sobre las variaciones químicas de la viscosidad de la clara de huevo, Javier Aguilar, alumno de segundo de Bachillerato Internacional del instituto Alfonso X El Sabio de Murcia, y futuro estudiante, si la media se lo permite, de Ingeniería de Telecomunicaciones. Con él, otros 300 estudiantes de Bachillerato de 17 institutos de la Región exponían los trabajos de investigación que les han robado desvelos y esfuerzos en los últimos meses en el VII Congreso Regional de Investigadores Junior, organizado por el campus de Excelencia Mare Nostrum (CMN) y la Consejería de Educación y Universidades, en la Facultad de Economía de Espinardo, que recorrían ilusionados por primera vez.

Las duras imágenes del sufrimiento cotidiano de miles de refugiados sirios en los campos de Líbano encendieron el deseo de José Manuel Mínguez, alumno del instituto San Isidoro de Los Dolores, en Cartagena, por «tratar de aportar algo de esa dignidad que todas las personas merecen». Un reto ambicioso al que ha dado forma diseñando un refugio de bajo coste y rápido montaje del que no puede estar más orgulloso. «He diseñado un prototipo que cumple los requisitos aplicando conocimientos de dibujo técnico, y en el que los refugiados estarían resguardados de la lluvia y el sol y podrían al menos vivir con dignidad», resumía ayer satisfecho por su trabajo. Tanto, como descreído ante el futuro incierto que le espera si finalmente decide hacer de su vocación científica una profesión.

«No parece que sea una prioridad para las autoridades», coincidía Enriqueta Deniz, alumna del instituto Ros Giner de Lorca e ilusionada con la idea de matricularse el próximo curso en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Por el momento, exhibía los planos de la urbanización «eficiente energéticamente y sostenible» que ha diseñado en los últimos meses con la satisfacción de haber culminado el proyecto. En el camino, resumía Paloma Martínez, alumna del IES Floridablanca de Murcia, se dejaron lo mejor: «Lo bonito es que mandas tú. Aunque los profesores te pueden ayudar y guiarte si lo necesitas, aquí decides tú qué quieres aprender, lo que te estimula y te motiva, y buscas los caminos hasta encontrar alguna respuesta».

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