Un buen desayuno y una cena ligera y temprana

J. P. P. MURCIA

Un buen desayuno para coger fuerzas, una comida principal basada en la dieta mediterránea -a una hora prudencial- y una cena temprana y ligera (unas dos horas y media antes de irnos a la cama). Los hábitos de los murcianos y del resto de los españoles no se han alejado tradicionalmente de esta pauta, la más saludable de todas para la catedrática de Fisiología de la UMU Marta Garaulet. Pero los horarios laborales han ido imponiendo otras costumbres poco recomendables. Por ejemplo, la de desayunar poco y mal y retrasar el almuerzo hasta las tres y media o cuatro de la tarde fruto de las jornadas intensivas de 8.00 a 15.00. O la de cenar tarde y de forma abundante e irse a la cama con el último bocado.

En 2013, Garaulet ya publicó un estudio en el 'International Journal of Obesity' en el que advertía que comer tarde empeoraba los resultados de las dietas. De los 420 murcianos que participaron en la investigación, quienes comieron habitualmente después de las tres de la tarde adelgazaron de media casi 4 kilos menos que el resto durante las 28 semanas que duró el ensayo. «Cada semana, perdían entre 300 gramos y medio kilo menos», explica Garaulet. El estudio no fue inducido, lo que significa que cada participante almorzó conforme a sus pautas habituales.

Los resultados de las investigaciones que está desarrollando Garaulet desde la UMU, en colaboración con las universidades de Barcelona y Harvard, entre otras instituciones, incide en las tesis de la relación entre las alteraciones de los ritmos circadianos o biológicos y la obesidad. Garaulet bucea en el Laboratorio de Investigación Biosanitaria (LAIB) del campus de la salud entre centenares de muestras de pacientes con el objetivo de encontrar nuevas claves en el campo de la cronobiología y la nutrición.