«Los paparajotes de oro se preparan igual, pero no se pueden comer»

Guillermo Sánchez, con sus hojas de oro. /
Guillermo Sánchez, con sus hojas de oro.

Joyero e inventor del Paparajote de Oro

BOTÍAS SAUS

Es muy frecuente que los murcianos, acostumbrados a la belleza de nuestra tierra y sus productos, ni siquiera reparemos en cómo ponerla en valor y promocionarla. Y tampoco es raro que otros que vinieron a vivir entre nosotros desarrollen la sensibilidad para hacerlo. Esto le ha pasado a Guillermo Sánchez, granadino de nacencia pero murciano ya de corazón, a quien se le ha ocurrido hacer paparajotes... de oro de 24 quilates. No se comen, pero, tras bañar hojas auténticas en el preciado elemento, conforman todo tipo de joyas. Y lo que empezó siendo una curiosa idea se ha convertido en un reclamo para cientos de murcianos. Además, también aplica la misma técnica a hojas de laurel, tilo, geranio o marihuana, frutos como la bellota y la piña o cortezas de árboles. Su establecimiento, D'Piedra, está en la calle Barrionuevo de Murcia.

-Confiese: usted también picó la primera vez que le ofrecieron un paparajote y se zampó la hoja del limonero.

-(Risas). ¡Así fue! Aunque, para desquitarme, después he gastado muchas veces la misma broma. Cuando me sucedió aquello estaba probando a bañar con oro hojas de laurel. Y alguien me retó a hacerlo con las de limonero. Cuando vi el resultado, me sorprendí muy gratamente.

-¿Qué simboliza esta pieza?

-Se trata de combinar naturaleza, arte y tradición, utilizando técnicas propias de la joyería moderna. Llevar esta joya implica sentirse orgulloso de una tierra que no olvida sus raíces y que representa nuestro espíritu de innovación.

-¿Y de verdad que la hoja está dentro de la joya?

-¡Desde luego! De hecho, el volumen lo da la hoja. Y las nervaduras le confieren esa originalidad. El secreto está en aplicar capas de oro hasta que se consigue un resultado tan uniforme como bello.

-¿Pero no se come, claro?

-(Risas). Bueno, depende de su dentadura. Las piezas se preparan igual, pero no se comen, claro. Lo cierto es que, por ese proceso que le describo, no existen dos joyas iguales.

-Y recoge usted mismo las hojas.

-Yo mismo las selecciono. El único problema que se me presentó era hacer las hojas pequeñitas.

-¿Cómo lo solucionó?

-Pues cultivé limoneros bonsáis. Y problema resuelto.

-¿En cuántos tipos de joyas ha aplicado esta técnica?

-Anillos, gemelos, colgantes, pins... Los resultados son, en todos los casos, magníficos y a los murcianos les gusta mucho.

-¿Han tenido buena aceptación estas piezas?

-Ya le digo. Cada vez tengo más pedidos. Incluso, en colaboración con Juan Carlos, de la Confitería Maite, introducimos un paparajote de oro dentro de uno de los roscones de reyes que vendía.

-¿Solo trabaja en su taller hoja de limonero?

-No. He trabajado también las hojas de los tilos de mi Alhambra, que son una maravilla, o el laurel. También probé con algunas hojas de marihuana.

-Entonces, si dentro de mil años abrimos uno de sus paparajotes, estará dentro la hoja.

-Ahí la encontrarán, sí. No se alterará nunca puesto que la recubro al vacío.

-¿Ha logrado exportar ya su idea a otros lugares?

-También. Entre otros encargos, una murciana me ha pedido que le prepare un collar con un paparajote para la boda de su hijo, que se casa con una americana. Tengo que enviarlo a Estados Unidos.