«Hace cinco años le anuncié a Rajoy la 'trama Púnica'. Premió a Barreiro con el Senado, para que esté aforada»

José López posa el miércoles en la plaza del Cardenal Belluga de Murcia, ante la fachada del Obispado, cuya vuelta a Cartagena reclama su partido, Movimiento Ciudadano. /
José López posa el miércoles en la plaza del Cardenal Belluga de Murcia, ante la fachada del Obispado, cuya vuelta a Cartagena reclama su partido, Movimiento Ciudadano.

Alcalde de Cartagena

GARCÍA CRUZ / G. MÁRMOLMURCIA

Quienes se han enfrentado a él definen a José López Martínez (Cartagena, 1967) como un hombre de trato difícil, impulsivo, de fuerte carácter y firme como no se había visto últimamente en la escena política regional por sus reivindicaciones. Este empresario con plantaciones de café en Nicaragua y un tostadero en Cartagena no rehuye ni una sola cuestión. El líder del partido cartagenerista Movimiento Ciudadano habla claro y directo, casi siempre atropellado. Reclama más dinero regional para Cartagena, reivindica la restitución de su provincia y la limpieza de la política, que, según él, está dominada por profesionales corrompibles. La entrevista se realiza en la redacción de 'La Verdad', en Murcia, ciudad que dice que le gusta y que frecuenta.

-¿Qué tiene usted de singular que tantas veces está en boca de todos?

-No tengo nada de especial. Puede ser que mi forma de vida, que no está ligada a la política, me permite decir lo que pienso y lo que siento en cada momento.

-Quienes más le quieren dicen de usted que no es un alcalde sumiso y que eso ha de ser bueno para Cartagena, porque podrá sacar para ella algo más de lo que esté en el guión. Pero también dicen que es autoritario. ¿Cómo se ve?

-Si tener tics autoritarios es decir la verdad a la cara... Sí puedo decir es que yo no he hecho en mi vida daño a una persona de forma gratuita. A los cojos los conozco sentados y a los sinvergüenzas me gusta quitarles la careta, sobre todo si viven del erario, de defraudar a la ciudadanía y más en un país con cuatro millones de parados, con muchas familias que no llegan a final de mes, o en una ciudad como la mía que está a la cabeza del paro regional, algo que no se comprende teniendo todos los sectores productivos.

-El caso es que en un pleno usted expulsó a una edil de Ciudadanos, llamó «cortito» al portavoz de ese partido, aunque pidió perdón...

-Voy a negar las dos cosas. Dije: 'Eso ya lo es'. El 'cortito' lo dijo él. Sí es cierto que yo soy procaz, locuaz, rápido en mis contestaciones. Pero dije 'eso ya lo es'. A partir de ahí, es lo que otros hayan querido confundir a la ciudadanía metiendo en un vídeo de poco más de cinco minutos 29 horas de plenos.

-Por aquel pleno fue usted noticia a nivel nacional y marcó tendencia en las redes sociales. Eso no lo consigue cualquiera.

-Según, si se gasta usted dos millones de euros en comprar perfiles falsos de Twitter. No es la primera vez que pillan al PP haciendo eso. Por no llamar cortito a nadie ocupé toda la parrilla televisiva. Y eso es por estar removiendo a los malos, porque hemos quitado sueldos y financiación a muchas personas que vivían de hacer cosas que contravienen el interés de los cartageneros.

-¿Quién promovió esa campaña?

-Se me ocurren muchas empresas vinculadas a Pilar Barreiro y a la trama Púnica con José Antonio Alonso. Personas afines a él han encabezado TVE, tienen contactos.

-Su elección como alcalde fue una auténtica sorpresa porque usted lideraba la tercera fuerza más votada. Generó expectación por su anterior trayectoria como azote del ejecutivo de Barreiro. Pero pasados siete meses, muchos cartageneros tienen la impresión de que todavía no ha empezado a desplegar las líneas maestras de su gobierno. ¿Está de acuerdo?

-Las líneas maestras son el sentido común. Estamos habilitando un barco absolutamente desarranchado, formando equipos destrozados desde hace veinte años y esperamos sacar a examen algunas plazas en agosto. Nuestro ayuntamiento tiene 1.250 funcionarios, más las contratas, y en plantilla solo hay un ingeniero agrónomo. ¿Cómo es posible controlar a la contrata de parques y jardines, por ejemplo? Se nos juntan los expedientes de revisión y concesión de licencias. Además, estamos intervenidos desde 2011 y seguiremos así hasta 2022 si no lo remediamos antes. Los males no vienen de estos siete meses, sino de los últimos veintitantos años. Mientras tanto tenemos reuniones con empresarios, intentamos sacar fondos, revisamos expedientes sancionadores, intentamos cobrar impuestos atrasados y atender a la ciudadanía.

-Dijo recientemente que eran pobres como ratas. ¿Cómo prevé acabar la legislatura?

-La deuda a corto y medio plazo es de 145 millones de euros. Hay 45 más a largo plazo, así como aprovechamientos urbanísticos que podrían llegar a 84 millones. Este gobierno ha tenido que pagar facturas de 2012. Me gustaría en 2016 levantar la intervención de Hacienda.

-Se reunió hace unos días con alcaldes de municipios vecinos para impulsar una mancomunidad de servicios y alguien dijo entonces que había puesto sobre la mesa la maquinaria para pedir la provincia. ¿Es el momento?

-Siempre es el momento. Pero no tiene nada que ver una cosa con otra. Hay una necesidad económica de Cartagena y los municipios hermanos y limítrofes.

-¿Pero desea que esa organización sea un embrión de la provincia?

-El Estatuto de Autonomía contempla la división de la Región en comarcas, que no se ha desarrollado. Trabajando con esos alcaldes no ha salido la palabra provincia por ningún lado. Pero seguiré defendiéndola, porque es ella la que le da validez histórica a esta comunidad. Y romanticismos al margen, ¿estamos satisfechos con que Aragón, con sus tres provincias, tenga más diputados en el Congreso que Murcia? ¿Que a la hora de votar sean capaces de tirar para atrás proyectos fundamentales como el trasvase del Ebro? Ahí radica la necesidad de ser al menos biprovincial.

-En noviembre declaró que el Puerto de la Cadena era para Murcia y Cartagena como el Estrecho de Gibraltar que separa Europa y África. ¿De verdad lo cree así?

-No es que lo crea. Lo demuestro. Los números cantan y estos no me los hace un 'abertzale' cartagenero, sino profesores universitarios. A Cartagena se la maltrata desde hace 33 años y en este 2016 también. De los 215 millones del sistema de financiación provincial que llegan a Murcia, nos debería corresponder el 18% por número de habitantes, pero nos van a dar el 1,48%. Cartagena aporta al PIB regional más que ese 18%.

-¿Y no ha llamado al presidente de la Comunidad para quejarse?

-Los teléfonos no están tan abiertos para pedirle 50 millones. De los 1.800 millones que hay este año para Sanidad, nos dejan 5 para el Rosell. El maltrato es gravísimo.

-El pasado verano, tras el incendio de la fachada del nuevo hospital Santa Lucía, dijo: 'La grey murciana que nos dirige mata a los cartageneros con sus recortes en Sanidad. Ojalá la próxima vez que haya un incendio en la Asamblea el Rosell esté cerrado'. ¿Lo mantiene?

-Lo mantengo y lo aclaro. No quise decir que desee un incendio en la Asamblea, sino que esté cerrada. Cuando un cartagenero sufre un accidente cardiovascular por la tarde, hay que disolverle la sangre para que el corazón no trabaje de más, meterlo en una ambulancia y llevarlo a Murcia porque no tenemos Hemodinámica por la tarde y por la noche en una ciudad con 220.587 ciudadanos que da una dotación a 180.000 personas más del resto de la comarca y, en verano, a 500.000 que vienen de fuera. Hasta que Teresa Rosique lo denunció, las mamografías se hacían en Cartagena con una sola placa cuando en el resto de la Región era con dos por criterio político. Hay que optimizar los recursos y de dónde van a quitar, pues de estos, que son nuestros enemigos.

-Y con todo lo que dijo, ¿consiguió paliar en algo la situación?

-Hemos conseguido que aprueben en la Asamblea 5,4 millones para este año y 7,5 para el que viene para reabrir el Rosell. Pero sigo exigiendo que se reabra inmediatamente.

-¿Son buenas sus relaciones con sus aliados del PSOE? En Cartagena hay gente que piensa que no cederá la alcaldía a la socialista Ana Belén Castejón en junio de 2017.

-Soy un hombre de palabra. Si todos cumplimos con ese 'pacto del boli', llegará el día de la fecha y yo cederé la alcaldía. Espero y deseo que vaya todo en condiciones. Para mí será todo un orgullo cederle el bastón de mando. Estamos trabajando bien, porque no se trata de ideologías. En un país convulso como el nuestro deben funcionar los principios, y personas de principios hay en la izquierda, en la derecha y en el centro. Con los que no me entiendo son con los golfos, con los sinvergüenzas, con los que roban.

-¿Ve en el panorama regional golfos que deberían apartarse para que todo funcionara mejor?

-Más que quintos. Cualquier persona que esté viviendo de la política más de ocho años debería estar saliendo ya. Esas personas no han demostrado que sepan hacer algo. Accede a cargos públicos mucha gente tras haber pegado carteles de sus partidos sin experiencia vital, laboral o estudios. La legislatura pasada tuvimos en Cartagena un concejal de Empleo que, a sus treinta y tantos años, el de concejal era su primer empleo: el señor [Diego] Ortega.

-Pero que alguien haga de la política su forma de vida no implica que sea un golfo.

-¿Qué pueden aportar y qué libertad tienen para decir no ante un oprobio quien no tiene otro medio de vida?

-Usted estuvo los últimos cuatro años en la oposición y ahora estará otros cuatro en el gobierno. ¿Se ha puesto fecha límite?

-Me gustaría marcármela. Deben saber que en mis primeros cuatro años estuve donando mi sueldo, mes a mes, a entidades benéficas. Me los pueden descontar. Pero eso no quiere decir que venga a quedarme, no me voy a perpetuar. Estoy encantado de ser empresario. Tampoco soy egoísta: si mi ciudad me necesita y mi partido me lo requiere, seguiré trabajando para los cartageneros.

-¿Ha denunciado a algún golfo?

-Sí, voy a la Fiscalía con asiduidad. El tema de Residencial Puerta Nueva, dentro de la Púnica, lo denuncié yo. Hace cinco años envié un burofax a Rajoy anunciándole y describiéndole la trama Púnica. Desde el Gobierno de España me dieron las gracias por la información, pero después de ver la implicación de Barreiro la premió mandándola al Senado, seguramente para que esté aforada y no cuente de otras personas. -¿Le han hecho propuestas de negocios turbios en política?

-Sí. Hace años fueron a intentar recalificarme una finca por valor de 2.800 millones de pesetas. Era rústica y decidieron pasármela a urbana con tal de que yo me callara. Malogré un par de operaciones en las que querían engañar, entre otros, al cura de El Algar.

-¿Siendo ya alcalde le han ofrecido sobres con dinero?

-Ha habido ofrecimientos, sí.

-¿De qué tipo?

-De tipo económico. 'Si nos sale este negocio, teníamos 500 guardados para los anteriores, los mismos 500 te los damos a ti'.

-¿Tiene pruebas o testimonio de que los anteriores, como usted los llama, hubieran cogido los 500?

-De haberlas tenido habría ido a la Fiscalía. Me he ofrecido al fiscal jefe a someterme a la prueba del polígrafo para contar lo de mi finca, pero aquí no hay cultura del polígrafo.

-Además de alcalde, es concejal de Urbanismo e Infraestructuras. Dijo que se quedaba ambas competencias para abrir cajones. ¿Ha encontrado dentro algo que pinte mal?

-Estamos intentando abrir cajones con la precariedad de medios humanos que tenemos. Con dos aparejadores y un arquitecto, ya me dirá. Hemos rescatado un gerente que perdió el puesto por denunciar el caso de Puerta Nueva...

-Gerente que lo fue muchos años con Pilar Barreiro en un ayuntamiento que también tramitó Lo Poyo y Novo Carthago.

-Claro. Fui yo quien puso la denuncia del Barrio Universitario, quien se comió entero el expediente y quien se dio cuenta de que Jacinto Martínez Moncada no había firmado ni una sola vez. Lo interpreté claramente como un grito en el silencio. Cuando yo le pregunté por qué no había firmado, me dijo: 'Pepe, si has visto el expediente ya sabes por qué'. Hizo que firmara una segunda o tercera persona, pero él no podía hacerlo. También nos hemos encontrado aprovechamiento urbanístico del empresario Mariano Roca, por 9 millones de euros, que no constan en el presupuesto. O lo de Tomás Olivo, con una sentencia que nos sale ahora por 36 o 39 millones. Y así, un montonazo de cosas.