«Cuando nací me taparon con una toalla y me escondieron tres días»

José Riquelme López, en la plaza del Ayuntamiento de Alcantarilla. /
José Riquelme López, en la plaza del Ayuntamiento de Alcantarilla.

José Riquelme López Presidente de la Asociación de Víctimas de la Talidomida en España (Avite)

JORGE GARCÍA BADÍAMurcia

La vida le ha puesto zancadillas desde la cuna, pero nunca se ha rendido. José Riquelme López reside en Alcantarilla, en la calle Comadrona Carmen Cascales 'Carmita', que está dedicada a la mujer que ayudó a su madre a traerlo al mundo un 27 de octubre de 1962. También se encargó de darle la mala noticia de que su hijo había nacido con una malformación. El pie derecho lo tenía a la altura de la rodilla y le faltaba un dedo. «Cuando nací me taparon rápido con una toalla y me escondieron durante tres días en otra habitación para que mi madre no me viese; le decían que estaba resfriado», recuerda el fundador de la Asociación de Víctimas de la Talidomida en España (Avite). Tras el último varapalo del Tribunal Supremo que ha tumbado el recurso de los afectados contra la farmacéutica Grünenthal, recibe por estos días las muestras de cariño de los vecinos que pasan por el Ayuntamiento de Alcantarilla. Allí trabaja como Jefe de Atención al Público y avanza «nuevas acciones» ante el Tribunal Constitucional, el de Estrasburgo, el Congreso de los Diputados y desde la Organización Médica Colegial.

-¿Cómo fue su infancia?

-Muy dura. Con 17 años, el doctor Ripoll padre me tuvo que amputar el pie y la rodilla. Fue traumático y muy doloroso tener que volver a aprender a caminar con piernas ortopédicas diferentes para tratar de andar mejor. Todavía hoy sigo padeciendo lo que se denomina el miembro 'fantasma', que afecta a las personas que son amputadas. Sufro dolores muy fuertes, como si me clavaran una espada y me atravesaran la pierna. Esas secuelas se arrastran de por vida. Mi madre tuvo sentimiento de culpa por haber consumido el fármaco; ese sentimiento ha sido generalizado entre la mayoría de madres de talidomídicos y un tema tabú. Pero ella ahora se siente orgullosa y reconfortada por la lucha que he llevado estos años.

-Su historia es dura, pero imagino que hay otras peores...

-A muchos de los afectados sus padres los abandonaron en orfanatos, nada más nacer, al ver las malformaciones. En Toledo, hace nueve años falleció Faustino, era vendedor de la ONCE. No tenía brazos ni piernas y como no podía dar el cambio, cuando vendía un cupón le decía a la gente que lo cogiese de su riñonera y algunos le robaban. Dentro de dos días los medios de comunicación volverán a hablar de los sirios, pero qué pasa con nosotros. También fuimos niños y sufrimos mucho. Los políticos no saben cómo una persona sin brazos ni piernas se puede limpiar el culo.

-¿Cuándo supo a ciencia cierta que la talidomida era la responsable de la malformación que sufre?

-Empecé a tener sospechas con 17 años cuando fui a hacerme una radiografía y los médicos me preguntaron si la malformación que padecía era por la talidomida. Por esos días, me encontré un Interviú tirado en el suelo, estaba abierto por una página con un reportaje sobre un afectado inglés al que le faltaban los dos brazos y las dos piernas. A partir de ese momento empecé a relacionarlo con lo mío. Todavía guardo esa revista. A raíz de eso, empecé a investigar por mi cuenta, a preguntar a médicos, farmacéuticos, visitadores... Me decían que en España no se había vendido talidomida y que lo mío 'era un castigo divino'. Pero yo me mosqueaba cada vez más y mandé una carta el Ministerio de Sanidad preguntando si se habían vendido medicamentos con ese principio activo y me contestaron que se vendieron siete fármacos. En 2004, un periodista del programa 'Línea 900', de La 2 de TVE, hizo un reportaje sobre la talidomida y me dijo que solo no llegaría a ninguna parte. Ese mismo año, cuatro personas fundamos la Asociación de Víctimas de la Talidomida en España (Avite).

-Avite protagoniza actos reivindicativos que no dejan indiferente a nadie, como llenar de guillotinas La Moncloa. ¿Alguna vez se han replanteado una performance?

-Íbamos a hacer la representación de la crucifixión en la puerta de La Moncloa. Dos chicos y una chica; a mí me llevaban de Judas. Lo anunciamos a la prensa, nos hicimos fotos y se las mandamos a la entonces vicepresidenta Férnandez de la Vega. Cuando las vio recibimos la llamada del Gobierno pidiendo una reunión. Algunas personas nos dijeron que si utilizábamos símbolos religiosos podríamos ponernos en contra a la Iglesia y a católicos que nos apoyaban. Eso nos frenó, pero teníamos las cruces hechas.

-Además de los recursos que piensan plantear al Tribunal Constitucional y en Estrasburgo, ¿están preparando alguna protesta para exigir que les indemnicen?

-Hace una semana tuvimos una reunión con el presidente de la Organización Médica Colegial, Juan José Rodríguez Sandín. Él ya estaba indignado con nuestra situación y después del fallo del Tribunal Supremo lo estará más. Pronto convocará una rueda de prensa y anunciará medidas extraordinarias contra la farmacéutica, que van a apoyar todos los médicos en España, para obligar a Grünenthal a que nos indemnice.

 

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