Un pueblo con el corazón encogido

La familia de uno de los fallecidos en el accidente de autobús de la Venta del Olivo llora desconsolada en el pabellón Juan Valera de Bullas mientras recibe la ayuda de un grupo de psicólogos de Cruz Roja./
La familia de uno de los fallecidos en el accidente de autobús de la Venta del Olivo llora desconsolada en el pabellón Juan Valera de Bullas mientras recibe la ayuda de un grupo de psicólogos de Cruz Roja.

Bullas despide hoy a los catorce vecinos fallecidos en el brutal accidente. Los Reyes presiden esta mañana el funeral por las víctimas, mientras declara el conductor del autobús que se precipitó por un terraplén, que pasó a las 9.15 de esta mañana a disposición judicial

ALICIA NEGREMurcia

Con el corazón encogido, Bullas comenzó ayer a asumir el peso de la pérdida. Tras una noche de conmoción y nervios, la Región se enfrentó al día después. Una jornada de sollozos, abrazos y banderas a media asta. Las familias de los catorce fallecidos en el brutal accidente de la Venta del Olivo recibieron, tras la realización de las autopsias, los cuerpos de sus seres queridos y el tanatorio de Bullas se quedó pequeño para tanto dolor. Mientras tanto, la Guardia Civil detenía y tomaba declaración al conductor del autobús y trataba de avanzar en la investigación de las causas del accidente que, al parecer, apuntan a un exceso de velocidad. Las víctimas de este trágico siniestro serán despedidas hoy en un funeral al que asistirán los Reyes de España y el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.

Una curva cercana a la ciezana Venta del Olivo fue el escenario el sábado por la noche del mayor accidente de autocar de los últimos 13 años, originado al precipitarse un autobús, perteneciente a la empresa J. Ruiz de Calasparra, por un terraplén de más de veinte metros de profundidad. Los ocupantes del vehículo se habían sumado a una excursión que la parroquia de Bullas organiza cada año a Madrid para honrar los restos y la memoria de María Maravillas de Jesús, una de las grandes místicas del siglo XX y muy ligada al municipio.

«Me enteré por WhatsApp»

El siniestro se cobró a lo largo del día tres nuevas vidas, al fallecer tres de los heridos en los hospitales de La Arrixaca, Cieza y Hellín, hasta elevar a 14 la cifra de víctimas mortales. Entre los fallecidos, casi todos vecinos de Bullas, se encuentra el sacerdote Miguel Conesa, de 36 años, que apenas llevaba dos meses al frente de la parroquia del municipio y que ayer lloraban en la pedanía murciana de Espinardo, donde nació. «El Señor se ha llevado a un ángel a su lado», lamentaba Amelia, una de sus feligresas.

En esa lista negra también se encuentran Catalina Sánchez Jiménez, Cati, que con su marcha deja desconsolados a sus tres hijos; Ascensión Durán García, 'Chon', y Encarna Martínez Melgar, dos amigas que no perdían ningún año la posibilidad de viajar a Madrid a visitar a la santa; o Inmaculada García, que este fin de semana pidió libre en la fábrica de envases de madera en la que trabajaba para acudir con su madre -que se encuentra herida- a la cita con la religiosa.

A lo largo de la jornada de ayer, recibieron el alta 17 de los heridos que habían sido hospitalizados. Otros 28 heridos permanecían ingresados en hospitales de Murcia, Caravaca, Cieza y Hellín. Según explicó la consejera de Sanidad, Catalina Lorenzo, once tienen pronóstico grave, de los que tres permanecen en el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca, tres en el Hospital de la Vega Lorenzo Guirao, dos en el Hospital General Universitario Morales Meseguer, dos en Caravaca de la Cruz y otro en Hellín, en Albacete.

Úrsula Dolores Jiménez es una de las supervivientes de este brutal accidente. Ayer amaneció en una cama del hospital Morales Meseguer con cinco costillas rotas y un recuerdo imborrable. «Vi a la gente volar», rememoró. «Había gente chillando, pero intenté no fijarme. No era agradable».

Esta tragedia se dejaba sentir ayer con fuerza por las calles de Bullas. En esta localidad, de unos 12.000 habitantes, casi todo el mundo había palpado de cerca la pérdida: un vecino, un pariente, un amigo... Muchas de las víctimas del siniestro eran parte de la plantilla de la conservera Pérez Escámez, que hoy cerrará sus puertas en señal de luto. «Ha sido un palo muy gordo», lamentaba Juani Rodríguez. «Aquí somos pocos y nos conocemos todos». El pabellón Juan Valera se convirtió en el epicentro del dolor. Hasta allí se acercaron numerosos vecinos para mostrar su apoyo a las familias de los fallecidos. «Anoche, poco después del accidente, empezaron a bullir los móviles», relataba una vecina. «Me enteré de las muertes por WhatsApp».

El Ayuntamiento, que ordenó tres días de luto oficial, habilitó esta instalación para atender a las familias, que ayer buscaban en ella un cobijo para su pena. Para enfrentarse a la tristeza, los afectados contaban con la ayuda de un equipo de psicólogos de Cruz Roja que les acompañan en este duelo. «Lo importante es dejarles que se desahoguen», explicaba Andrés Linares, uno de estos profesionales, «que saquen toda esa rabia para afrontar la pérdida».

Una despedida íntima

Tras la realización de las autopsias, los cuerpos de los fallecidos comenzaron a llegar a Bullas a mediodía, y fueron conducidos al tanatorio de la localidad para que, tal y como habían solicitado, las familias tuviesen un momento de intimidad para despedirse de sus seres queridos. Más tarde, los féretros fueron trasladados al pabellón Juan Valera, donde está previsto que hoy, a las 11 horas, se celebre el funeral, que será presidido por los Reyes de España y al que acudirán el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y la directora general de Tráfico, María Seguí, además del presidente regional, Alberto Garre y la práctica totalidad del Gobierno autónomo.

Mientras Bullas se enfrentaba aún al reto de despedir a sus vecinos, la Guardia Civil trabajaba contrarreloj en la investigación de las causas que motivaron el accidente. La titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 4 de Cieza ya ha abierto un procedimiento para esclarecer el siniestro.

El conductor del autobús, que recibió ayer el alta tras ser ingresado en el hospital de Caravaca por una arritmia, pasó a las 9.15 de esta mañana a disposición del tribunal de primera instancia número 4 de Cieza, tras prestar declaración anoche en la Comandancia de Murcia imputado por un presunto delito de lesiones y de homicidio por imprudencia. Según explicó el delegado del Gobierno, Joaquín Bascuñana, el chófer dio negativo en las pruebas de alcohol y drogas a las que fue sometido. En sus años de actividad nunca había tenido un accidente y conservaba incluso los quince puntos del carné de conducir. Según pudo saber 'La Verdad', se había colocado al volante tras un cambio con su compañero en Honrrubia, una hora y media antes del siniestro. Solo él tiene respuesta a la pregunta más repetida: ¿qué ocurrió?