«No voy a permitir que el cáncer me amargue»

Ruth Cantó sonríe en un parque infantil de Molina de Segura, donde vive. /
Ruth Cantó sonríe en un parque infantil de Molina de Segura, donde vive.

«Todos llevamos de serie que vamos a morir, pero nadie lo tiene en cuenta. Quiero que esta experiencia me ayude a replantearme las cosas. ¿Que vamos a vivir tres días? Pues sonríe y vívelos». Tres pacientes comparten su experiencia en la lucha contra la enfermedad con motivo del Día Mundial

JAVIER PÉREZ PARRAMurcia

A Ruth Cantó, el cáncer de mama le hará perder -por un tiempo y fruto de la quimioterapia- el pelo, pero no las ganas de disfrutar minuto a minuto de la vida. Es algo que, a punto de entrar en el quirófano, tiene muy claro: «No quiero que la enfermedad me arranque la sonrisa». Mañana, tiene cita con el anestesista en el hospital Morales Meseguer, y en los próximos días le extirparán el tumor que hace poco más de una semana le detectaron en la mama derecha. «Está muy localizado. Los médicos me han dado toda la información y me han transmitido mucha tranquilidad. Le tengo pánico a las jeringuillas, al quirófano, pero me lo voy a ir planteando todo conforme venga. Lo primero es relajarme de cara a la operación», cuenta serena y lúcida en su casa de Molina de Segura.

Porque Ruth no se ha puesto paños calientes. Sabe a lo que se enfrenta. Es consciente de que, a sus 38 años, acaba de irrumpir en su vida un enemigo inesperado que ha puesto patas arriba su rutina y que le ha obligado a dejar momentáneamente su trabajo en un concesionario de Mercedes. No va a ser fácil pero ella está decidida, como escribió Benedetti, a 'defender la alegría como una trinchera'.

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«Ha ido todo muy rápido. Me noté un bulto, fui al médico de familia y me mandó al Hospital de Molina a que me hiciesen una ecografía y una mamografía. Cuando llamaron para adelantar la cita, ya sospeché lo que pasaba. En ese momento piensas en lo que va a venir: la 'quimio', la radioterapia, el quirófano. Te vienes un poco abajo, es inevitable. Pero lo afronto con mucha fuerza. Todos llevamos de serie que un día vamos a morir, pero nadie lo tiene en cuenta. Quiero que esta experiencia me ayude en eso, a replantearme las cosas. ¿Que vamos a vivir solo tres días?, pues sonríe y vívelos».

Ruth Cantó no solo quiere endulzar su vida, también la de quienes le rodean. El secreto está en echarle azúcar, mucho azúcar. Los postres son su perdición, y su casa suele oler a bizcocho, chocolate y frutas. 'Cakes, cookies & muffins' es el nombre del blog en el que comparte con los demás esta pasión. Su última receta -un batido de plátano para conseguir «energía»- la acompañó de un frase que ahora, cuando ya sabe que padece cáncer, cobra un nuevo sentido: «Todo el mundo trata de hacer algo grande, sin darse cuenta de que la vida se compone de cosas pequeñas».

Pero si en algún sitio conocen bien los dulces de Ruth es en el grupo 'Mucho por vivir' de Alcantarilla, una iniciativa de la Asociación Española de Lucha contra el Cáncer (AECC) de la que forman parte mujeres que ya han superado la enfermedad o que todavía están en tratamiento. «Las conocí mucho antes de todo esto, a través de unas amigas. Hacen broches con cápsulas de café para luego venderlos, así que yo les llevaba las cápsulas que tenía por casa, y también galletas. Las llamé en cuanto me diagnosticaron, y me dijeron: 'Llora, grita, permítete lo que quieras. Y después a reír, que no te amargue el cáncer'». Un consejo que está dispuesta a seguir a rajatabla. Ruth se ha planteado tomarse el año «como un sabático». Se dedicará a los dulces y quizá a su otra gran afición, la fotografía. Y sobre todo a cuidarse y a mimarse.

Rocío Gómez

«Lo que más cuesta es recuperar la normalidad»

Hace ya prácticamente un año -el día de Todos los Santos de 2013- , Rocío Gómez pasó por el quirófano para que le extirpasen un tumor. La lesión estaba localizada, y no necesitó mastectomía. Luego llegó la quimioterapia. Terminó las sesiones el pasado mes de abril, pero todavía no se ha recuperado del todo. «La gente te ve bien físicamente y te dice: 'Qué bien estás'. Pero no es así. Una no está bien en cuanto termina la 'quimio', no es tan sencillo. Ves que no remontas, pero no puedes estar todo el tiempo dando explicaciones porque los demás no lo van a entender. Incluso quienes están a tu lado a veces no saben por lo que estás pasando». Peluquera de 43 años, tiene un hijo de 10 y una hija de 16. El cáncer de mama no solo afecta a la paciente; toca a toda la familia, como una onda expansiva. «La grande sí entendía lo que estaba pasando, pero el pequeño lo llevó mal», recuerda Rocío. «Lo peor del cáncer son los primeros momentos, cuando te lo diagnostican, y también el después. Recuperar la normalidad cuesta».

Ella lo está consiguiendo poco a poco, y cuenta para ello con la ayuda de sus compañeras de la Asociación Española de Lucha contra el Cáncer (AECC) de Murcia. Ayer, Rocío y muchas más reivindicaron más atención social, más concienciación y más investigación bailando al ritmo de un 'flashmob' en la plaza de Santo Domingo de Murcia.

Una celebración optimista que ella resume en un mensaje: «A quien le diagnostican un cáncer de mama le diría que no se asuste, que esto se pasa».

María del Carmen Noguera

«Ya no estoy enferma, superé el tumor»

María del Carmen Noguera tenía 44 años, y una hija de 16, cuando le diagnosticaron cáncer de mama. «Fue en 2010; me noté una dureza y fui a revisión. Me hicieron una mamografía y me dijeron que no había de qué preocuparse, que era un fibroma benigno. Pero me quedé embarazada y, después de sufrir un aborto, noté otra vez el bulto a los cuatro meses. Era un carcinoma», recuerda. «Me quitaron el pecho, pasé por quimioterapia y por todo lo demás. Le eché narices por mi marido, que había sufrido un par de infartos, y por mi hija. Lo pasé mal pero tuve valor».

«Cuando volvimos a casa, el día que me diagnosticaron, mi hija lloraba. Me preguntó: 'Mamá, ¿tú por qué no lloras'. Yo le recordé que la oncóloga había dicho que todo iba a salir bien. Por dentro estaba destrozada, claro, pero me dije: aquí hay que tirar para adelante como sea».

No solo le daba miedo el cáncer, también la quimioterapia. «Todo el mundo dice que te pones muy mal, pero gracias a Dios yo lo llevé bien. Aunque cuando se me empezó a caer el pelo no quise ir a la peluquería, me lo cortaron en casa. Me compré una peluca y mi hija me trajo un montón de pañuelos de todos los colores. Cuando salía de las sesiones me iba por ahí. Me llamaban mis amigas y me preguntaban: '¿Pero dónde estás?'. Y yo igual andaba por Nueva Condomina», recuerda.

Los efectos de la quimioterapia, muy duros para algunos pacientes, y la propia enfermedad son a veces más fuertes que la voluntad. «Hay quien se viene abajo, quien entra en depresión. A mí también me dan bajones, claro. No soy supermán», admite María del Carmen.

La vida cambia de golpe, y aparece la incertidumbre. «Cuando iba cada 21 días a que me hicieran los análisis para ver cómo iban los marcadores, lo pasaba mal. Han pasado cuatro años y todavía tengo que ir a revisiones cada seis meses. Cada vez que toca, pues te pones nerviosa», reconoce.

Pero eso no significa que el cáncer sea el centro de la vida de María del Carmen. «Yo ya no estoy enferma, superé el tumor», recuerda. Al año, volvió a su trabajo como jefa de equipo en Carrefour y retomó su vida. Solo le queda enfrentarse a la reconstrucción de mama. «Quiero hacerlo porque todavía soy joven, pero me han dado cita ya dos veces y no he ido; es una operación compleja y no me sentía preparada».

Como Ruth Cantó, María del Carmen ha sacado por encima de todo una lección del cáncer: la vida hay que aprovecharla cada minuto. «Ves las cosas completamente diferentes. En el trabajo a veces me doy cuenta de que la gente discute por una chuminada; y en la familia igual».

También tiene claro qué mensaje quiere trasladar a quienes ahora se enfrentan a lo mismo por lo que ella pasó: «Que tengan mucha fuerza y que no se vengan abajo, porque tienen que saber que el cáncer no es igual a muerte, que de esto se sale. Que piensen en sus hijos, en su familia, y que sigan adelante».