«No puedo negarles mi ayuda»

Un holandés afincado en Murcia investiga la desaparición de dos jóvenes en Panamá

«No puedo negarles mi ayuda»
ALICIA NEGREMurcia

Jerome Van Passel está acostumbrado a destapar interrogantes. Este holandés, afincado en Murcia desde hace más de una década, lleva años colaborando con familias de su país que se enfrentan a la desaparición de los suyos en zonas de habla hispana. Van Passel se encuentra inmerso a día de hoy en la investigación de una extraña y trágica desaparición: la de sus jóvenes compatriotas Kris Kremers y Lisanne Froon en Panamá. Tras la aparición de los cadáveres de ambas, este experto en marketing, internet y fotografía acaba de regresar a Murcia tras permanecer varias semanas en el país centroamericano como representante de las familias de las víctimas. No es la primera vez que lleva a cabo un papel similar. Ya en 2011 llevó la voz cantante en la búsqueda de la holandesa Mary Anne Goossens, que fue hallada con vida tras permanecer 20 días en el fondo de un barranco de Málaga, y el pasado año se enfrentó al reto de representar a la familia de Ingrid Visser y Lodejwik Severein, brutalmente asesinados en Murcia. «Cuando esas familias me piden ayuda», explica, «no puedo decirles que no».

Van Passel se enteró de la desaparición de las jóvenes Kremers y Froon a comienzos del pasado abril, cuando leía un periódico holandés. Apenas unos días antes se había perdido el rastro de las dos turistas en una zona selvática en la localidad de Boquete, en la provincia de Chiriquí -cerca de la frontera con Costa Rica-. Un periodista holandés fue el primero que habló a las familias de las jóvenes de los Van Passel -Jerome trabaja junto a su hermana- y la labor que habían realizado en otras desapariciones anteriores -como la de la conocida jugadora de voleibol Ingrid Visser-. Pocos días después Jerome abandonó Murcia rumbo a Panamá. «Llegué allí un mes después de que las chicas desaparecieran y el caso estaba prácticamente muerto», recalca en un correcto castellano.

Según explica Van Passel, su labor en esas semanas -como ya ocurrió en los casos anteriores- se basó sobre todo en actuar de enlace de las familias en el país. «Me dijeron que fuera para que el mensaje de que necesitaban ayuda llegase al público», relata. «No teníamos ni idea de por dónde empezar a buscar». Aunque Panamá era para él un país extraño, este vecino de Murcia estableció contactos con los medios de comunicación de la zona y reforzó la colaboración con la Policía y la Fiscalía panameñas. «Escuché que habían sido secuestradas para la prostitución e incluso para el tráfico de órganos», recalcó. «Había muchas teorías y mucha confusión». Van Passel se percató, asimismo, de la necesidad de hacer llegar el mensaje de las familias de las jóvenes a los vecinos de Boquete, una zona selvática y muy alejada de la ciudad. «Son gente muy humilde que no lee el periódico», explica. «Viven en zonas muy remotas y escuchan la radio». Con esa intención, comenzó a participar en un programa radiofónico que cuenta entre su público con algunos indios.

Una mochila dio la clave

El pasado 13 de junio el trabajo de Van Passel dio sus primeros frutos. Una pareja de indios encontró flotando en el río Culebra, que cruza esa alejada zona de selva, una mochila con dos teléfonos móviles y una cámara fotográfica y pronto ataron cabos. El análisis de los aparatos aclaró que pertenecían a las dos chicas. «Vimos que se habían alejado bastante de Boquete», explica, «y que habían hecho varias llamadas de emergencias con su teléfono móvil». Con esa pista, la familia de las jóvenes inició una búsqueda más intensiva en la zona. «Viajó hasta allí un grupo de rescate con perros que tenemos en Holanda muy bueno y que se ofreció», relata. Días después se hallaron en el río varios huesos que poco después el ADN desveló que pertenecían a las holandesas.

Tras este hallazgo, los familiares de Kris Kremers y Lisanne Froon aún tienen muchos interrogantes que responder. La investigación deberá determinar si las dos turistas fallecieron como consecuencia de un accidente -al caer al río al cruzar un puente- o si la suya fue una muerte violenta. Van Passel, por su parte, ha regresado a España unas semanas mientras aguarda a que pase la temporada de lluvias en esa alejada selva. Luego regresará para coordinar un rescate más exhaustivo de los restos de las jóvenes. «Las familias», explica, «no quieren que quede allí ningún resto de sus hijas».