Aulas llenas de talento

Los colegios e institutos de la Región escolarizan a 1.362 estudiantes con altas capacidades de los 8.602 diagnosticados en España

FUENSANTA CARRERES , FCARRERES@LAVERDAD.ES
Dos estudiantes del Bachillerato de Investigación del instituto Floridablanca de Murcia. ::                             F. MANZANERA / AGM/
Dos estudiantes del Bachillerato de Investigación del instituto Floridablanca de Murcia. :: F. MANZANERA / AGM

Mamá, mira, ya sé leer!». Con todo el candor de una niña de cuatro años recién cumplidos, Marina fue una tarde corriendo a mostrarle a su madre cómo ella sola, sin más ayuda que su alta capacidad para aprender, había descifrado el misterio de las letras y silabeaba con soltura las palabras del libro infantil que llevaba entre las manos. Nadie dio mayor importancia a la precocidad de la pequeña, y la hoy adolescente y estudiante de segundo de Bachillerato de Investigación bilingüe cubrió etapas en Primaria con calificaciones más bien discretas y muchas horas de tedio en el aula.

«La verdad es que sí, me aburría y no me molestaba en conseguir buenas notas. Iba sacando los cursos sin esforzarme, pero siempre tenía la sensación de que nada me llenaba». Hasta que encontró su lugar en el mundo, y comenzó a disfrutar de su talento en las reducidas clases de segundo de Bachillerato de Investigación que sigue en el instituto Floridablanca, en Murcia, que completa con clases de pintura, su gran pasión, e inglés por las tardes. Quiere estudiar Medicina y, este año sí, se ha puesto las pilas para lograr calificaciones altas que le permitan conseguir plaza en el grado. Marina es una de los 165 estudiantes con altas capacidades matriculados en el instituto murciano, uno de los cincuenta centros preferentes de escolarización para alumnos con altas capacidades.

Medio centenar de colegios e institutos ordinarios pero con capacidad y experiencia para atender las necesidades educativas de los estudiantes más talentosos de la Región, donde desde hace una década se desarrolla un programa de identificación y mejora de la respuesta educativa al alumnado más dotado, y que ha amplificado las cifras de estudiantes con altas capacidades en la Región, pionera en la atención a alumnos superdotados. De los 8.602 'diagnosticados' en toda España, 1.306 estudian en colegios e institutos murcianos, una proporción desbocada que se explica por el intenso trabajo de identificación de alumnos talentosos desplegado en la última década. «Obviamente, los escolares murcianos no son más brillantes que los del resto de España; la clave está en la identificación de esos estudiantes talentosos, que durante años han pasado desapercibida», reclama la profesora María Dolores Prieto, catedrática de Psicología de la Educación y directora del Grupo de Investigación de Altas Habilidades de la Universidad de Murcia, que trabaja en coordinación con el equipo específico de altas capacidades de la Consejería de Educación. Pese a los esfuerzos en la identificación de alumnos, centenares de cerebros privilegiados pasan desapercibidos curso tras curso o, lo que es peor, terminan engrosando las listas de fracaso escolar. Evitarlo es una de las batallas de la Asociación Murciana de Apoyo a Niños con Altas Capacidades, integrada por padres de alumnos brillantes de la Región, y donde calculan que el 25% de los alumnos superdotados no consiguen el título de Secundaria.

«Es curioso que casi todos los padres de estudiantes con altas capacidades tengamos en común que en algún momento de su vida escolar, nuestros hijos fracasaron en la escuela, no querían ir al colegio o tenían problemas para adaptarse», ilustra el presidente de la entidad, Miguel Moreno, quien sostiene que «en cualquier clase de colegio hay como mínimo un alumno de altas capacidades, y hasta podemos encontrar a tres».

Ocurre así en el colegio público Félix Rodríguez de la Fuente, de Murcia. «Y no es el agua del barrio de El Carmen», se apresura a aclarar la directora del centro, que desde hace una década está catalogado como uno de los treinta preferentes para escolares talentosos. En esos diez años el colegio ha ido enterrando mitos y descolgando etiquetas hasta alcanzar una normalidad compatible con la atención específica a sus estudiantes. Organizados en aulas abiertas, los escolares entran y salen con normalidad de clase, ya sea porque necesitan refuerzo o porque el temario se les queda corto. Los niños realizan un examen en tercero de Primaria (a los 9 años), cuando se completa una primera evaluación psicopedagógica; es entonces cuando se empieza a ofrecerles complementos formativos que sacien su capacidad y ganas de aprender. No se trata de que estudien más que los demás o de que adelanten cursos. Más bien, de que exploren su capacidad y desarrollen sus habilidades sin presiones.

«¿De qué sirve que en quinto sepan lo que tienen que aprender en sexto? El talento no debe ser un problema. Si ya sabes algo, crea o desarrolla», anima Víctor Martínez, profesor del centro y miembro del equipo de altas capacidades. Los escolares con talento participan en talleres de pensamiento crítico o realizan trabajos de investigación, a los que pueden sumarse todos los estudiantes interesados.

El desarrollo emocional de todos y cada uno de los 221 alumnos del colegio es también prioritario para el equipo. «Es importante encontrar el equilibrio», resume la directora del centro, que como todos los de la Región, analiza las altas capacidades siguiendo la teoría de las inteligencias múltiples, el modelo propuesto por Howard Gardner en el que la inteligencia no es vista como algo unitario, sino como un conjunto de inteligencias distintas e independientes (verbal, lógica, matemática, creatividad, espacial, musical...). Según las áreas en que los escolares presentan una capacidad mayor y la cantidad de habilidades, pueden clasificarse como talentos simples, complejos o conglomerados.

Los superdotados mantienen una media menos alta, pero necesariamente en todos y cada uno de los talentos. Curiosamente, hay uno en el que casi todos los murcianos 'pinchan': la creatividad. «Está claro que es un fallo del sistema educativo. Algo estamos haciendo mal cuando estudiantes que destacan en todo, fallan en creatividad», considera Ester Pascual, orientadora del instituto Floridablanca, donde este curso estudian 25 superdotados. Como Pedro, quien a pesar de sus altas capacidades, identificadas en Primaria, tiene un expediente «normal. No me esfuerzo mucho, quizá porque cuando era más pequeño me llegué a sentir presionado», reconoce. Un sentimiento que para nada comparte su compañera Cristina, feliz de su capacidad para aprender y encantada de poder sacarle el máximo partido en cuanto llegue a la Facultad de Medicina.

El equilibrio encontrado por Cristina se le antoja más complicado a Miguel Moreno, decepcionado porque su hijo, considera, no recibe la respuesta educativa que busca. «Tuvo que bajar todas sus notas para que nos planteáramos que algo pasaba. Otros molestan en clase. Tienen una forma de pensar y de aprender distinta, no les gustan las repeticiones, y el sistema escolar fomenta esa forma de aprendizaje», se lamenta Moreno. Las niñas, alerta, lo tienen aún peor. Tirando de intuición, en ocasiones deducen que sacar tan buenas notas o hablar sobre sus intereses reales en el patio no es el camino más sencillo, «y esconden su capacidad para evitar burlas». Una contrariedad que, a juicio de la catedrática María Dolores Prieto, tiene cada vez menos incidencia. «No hay una relación causa efecto entre las altas capacidades y las dificultades sociales o emocionales. Al contrario, suelen tener más capacidad para empatizar», desmitifica la directora del Grupo de Investigación de Altas Habilidades de la Universidad de Murcia, quien lanza un consejo claro y sencillo para los padres: «Que les dejen vivir, jugar y disfrutar de la vida sin presiones».