Poveda se deja la voz en la Catedral del Cante

El cantaor brindó una noche para el recuerdo pese a estar afectado por una bronquitis. «Si hubiese sido en otro lugar del mundo, hubiese tenido que suspender. Aquí no puedo, ni quiero», aseguró

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Noche de quilates la vivida en el Festival Internacional del Cante de las Minas con una actuación histórica del cantaor catalán e Hijo Adoptivo de La Unión, Miguel Poveda. Con un lleno absoluto y un público entregado, Poveda demostró anoche trado una vez más su amor hacia este Festival y sus cantes mineros. Pese a encontrarse con bronquitis, el cantaor decidía seguir adelante con su concierto y dar lo mejor de sí: Si hubiese sido en otro lugar del mundo, hubiese tenido que suspender. Aquí no puedo, ni quiero.

¡Que tragedia!, susurraba Poveda. Quiero hablaros desde el corazón: no me siento bien, y cuando más ilusión tenía de estar aquí al cien por cien cantando y perdiendo la noción del tiempo con ustedes, va y dice la bronquitis, estoy aquí. No sé como enmendar esto, lo intento, estoy en vuestras manos, y el público recibe sus palabras con la primera ovación de la noche. Para concluir ¿cómo hacemos para devolver esto? Yo puedo volver a La Unión de nuevo y gratis.

Acompañado por los músicos Juan Ramón Caro y Jesús Guerrero a la guitarra, Carlos Grilo y Miguel Ángel Soto Londro a las palmas, y Paquito González a la percusión, Miguel Poveda ha ofrecido un Recital de Cantes Flamencos por Malagueñas y Abandolaos, Alegrías, Bulerías de Cádiz, Soleás, Tientos y Tangos de Triana, una selección de Mineras (una escrita por él, la segunda Quiero hacer fuerzas y no puedo, de Encarnación Fernández, y la tercera de su maestro, amigo y artista con vocación, Pencho Cros, a capella), todas ellas dedicadas a su padre, Francisco Poveda. Proseguía con un repertorio de Lole y Manuel, una petición del público, A ciegas, para seguir por Bulerías y Fandangos.

Uno de los momentos más señalados de la noche ha sido cuando se quedaba solo en el escenario, acompañado de la guitarra de Juan Ramón Caro, evocando la noche mágica en la que ganó la Lámpara Minera. Ese momento de nuevo ha sido especial: hicisteis que me sintiera el Rey, protegido, lleno de amor y magia. Viví cosas maravillosas en casa de Pencho Cros, en el Vinagrero, con el Barbero, degustando un caldero en la casa de Diego Y aprender y convivir con el escenario, que para mí es sagrado. Es un compromiso, y veinte años después ver que todo sigue igual y se me quiere y respeta, mi corazón se pone a dos mil por hora. Espero agradecer el cariño que me ha dado La Unión. Os debo una. Volveré.

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