La CAM dona a Alicante la escultura 'El adivinador'

La obra realizada en bronce está ubicada en el paseo del puerto, pesa 4 toneladas y alcanza cerca de 8 metros de altura

CMA.ES
La CAM dona a Alicante la escultura 'El adivinador'

La CAM ha donado a Alicante la última de las creaciones de Juan Ripollés. La escultura El adivinador es una pieza escultórica realizada en bronce, que tiene un peso aproximado de 4 toneladas, tres metros y medio de ancho y casi ocho metros de altura. Desde ahora queda ubicada en el puerto alicantino, en el paseo del Conde de Vallellano, en un proyecto que ha contado con el apoyo del Ayuntamiento de Alicante, a través de las concejalías de Imagen Urbana y Cultura.

En opinión del presidente de Caja Mediterráneo, Modesto Crespo, la culminación de esta iniciativa representa para nuestra entidad una oportunidad magnífica para agradecer a nuestra tierra, a nuestra ciudad, su confianza y su espíritu de progreso y modernidad. Desde hoy, Alicante cuenta con un nuevo espacio de cultura abierto a todos, alicantinos y visitantes, que posee además el sello de uno de nuestros artistas más universales, como es Ripollés.

Por su parte, la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, ha recordado que el arte de Ripollés cautivó a la ciudad de Alicante el pasado año con la exposición al aire libre Universo Urbano, y ha destacado la importancia de poder contar, a partir de este momento de manera permanente, con una de sus esculturas.

El adivinador ofrece dos lecturas. Una denotativa que tiene que ver con la posición de la figura: un personaje que indica con su mano extendida el futuro en un gesto alegre y travieso, pero que también muestra su lado pensativo y reflexivo al apoyar ligeramente la otra mano sobre la boca o mentón.

En el plano connotativo, El adivinador mira el futuro con cierta ambigüedad o dualidad: confiado y alegre, pero también reflexivo e irónico. Esta dualidad es recurrente en la obra y trayectoria de Ripollés, que por una parte muestra en todas sus piezas un carácter vitalista y alegre, desinhibido y naïf, pero a la vez encierra un profundo conocimiento sobre la naturaleza humana y sobre el arte.

Esta figura de Ripollés representa un personaje que mira al futuro de la ciudad de Alicante, una especie de diosecillo o lar protector, casi sibilesco, juguetón y alegre como la propia ciudad de Aliante, abierta al mar y a la luz; del mismo modo es también un personaje vigilante, que avisa de la necesidad de reflexionar sobre el tiempo, sobre el pasado, el presente y el futuro. De ahí los números sobre la ovoide cabeza: números que representan el paso de los días, el paso del tiempo, pero retorcidos en formas orgánicas que también son las palmeras de Alicante, brillantes y engalanadas bajo el sol, a su vez flexibles ante las inclemencias del tiempo.

Una doble intención, un juego de dualidades, pasado-presente, alegría-reflexión, naiveté aparente-madurez conceptual del artista. En esta escultura volvemos a apreciar la tendencia proyectiva racional del artista, aunque bien enraizada en su talante inconsciente e impulsivo. El bronce es así la representación matérica, alegre y vital, de un acontecimiento interior que se basa en la amplísima experiencia cultural y plástica del artista, en un proceso de memoria y reflexión sobre determinados arquetipos. Ripollés consigue que sus esculturas sean comprensibles para un gran universo de espectadores, pero al mismo tiempo permite que ciertas lecturas de su obra no sean tan sencillas ni tan directas y que necesiten de otros procesos de decodificación.

Para Ripollés, tener por primera vez una escultura en Alicante ha sido un auténtico regalo caído del cielo. Me siento como si hubieran llegado los Reyes Magos. No soy yo el que pongo una de mis obras en la ciudad de Alicante, es Alicante quién me hace a mí el mejor de los regalos al tenerme aquí a través de esta escultura. Además la ubicación es maravillosa. No podría estar en un sitio mejor.

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