Menos pino y más arbusto para repoblar los montes

Los incendios han arrasado 350 hectáreas en siete años en San Julián o Tentegorra. Hay reforestaciones pendientes. ¿Cómo hay que hacerlas?

JOSÉ ALBERTO GONZÁLEZ JAGONZALEZ@LAVERDAD.ESCARTAGENA.
Panorámica del Monte de San Julián, con la chimenea de la antigua fábrica de Peñarroya en término medio y la ciudad de Cartagena al fondo. ::                             PABLO SÁNCHEZ / AGM/
Panorámica del Monte de San Julián, con la chimenea de la antigua fábrica de Peñarroya en término medio y la ciudad de Cartagena al fondo. :: PABLO SÁNCHEZ / AGM

«La naturaleza es capaz de regenerarse tras un incendio forestal más rápido de lo que imaginamos. En las masas de pino carrasco, el proceso de recuperación resulta lento, mientras que la mayor parte de los arbustos mediterráneos de nuestras sierras sí son capaces de rebrotar tras el fuego y acelerar la recuperación. Pero las administraciones parecen empeñadas en reforestar casi todo con pino carrasco», se lamenta el voluntario de la Asociación de Naturalistas del Sureste (Anse) Jorge Balibrea. En los últimos siete años, Cartagena ha sufrido unos cuarenta incendios forestales que han arrasado unas 350 hectáreas, según los datos del Centro de Coordinación de Emergencias de la Región de Murcia. La situación general de los montes es buena, pero de cara a recuperar lo quemado los naturalistas plantean un giro en la política forestal. ¿Es necesario?

A través de la Dirección General de Patrimonio Natural, la Comunidad Autónoma no sólo despliega en verano los servicios contra incendios. Durante todo el año, realiza actuaciones de conservación según los criterios de la Estrategia Forestal de la Región de Murcia.

Desde 2003 ese departamento de la Consejería de Agricultura y Agua, que dirige Pablo Fernández, ha invertido 2,5 millones de euros en reforestaciones, arreglos de caminos, lucha contra la erosión, conservación de hábitats comunitarios o tratamientos salvícolas (como podas, desbroces, aclareos o abono).

Pero Anse denuncia que la Estrategia Forestal está pendiente de aprobar desde 2003, a pesar de que el Consejo Económico y Social (CES) de la Región de Murcia ya emitió el informe de evaluación. Los ecologistas creen que falta planificación e insisten en que se hace demasiado hincapié en un mismo tipo de arbolado.

Palmito, lentisco, sabina

«Tras un fuego, los pinos son incapaces de rebrotar y es preciso empezar desde la germinación de los piñones. Sin embargo, usar especies como el palmito, el lentisco, el bayón, la sabina mora o el tomillo para restaurar la vegetación o fomentarla en las masas de pinares es un auténtico seguro ante futuros incendios. Deberíamos abandonar ya la visión simplista de actuar de inmediato tras un incendio y recurrir sólo al pino», defiende Jorge Balibrea.

En la última década, las sierras cartageneras han sufrido varios incendios de envergadura: el Monte Galeras vio calcinadas 23 hectáreas en el verano de 2003 y otra dos años después; la zona de las Cuestas de el Cedacero sufrieron los efectos del fuego en veinte hectáreas en 2004; en el Monte San Julián ardieron treinta hectáreas en 2005; y, en el siniestro más grave, cien hectáreas del Monte Roldán (Tentegorra) fueron pasto de las llamas en 2008 por unas maniobras militares en un campo de tiro.

Cada desastre en estos 'pulmones' ambientales ha ido acompañado de peticiones de reforestar cuanto antes la zona afectada y, en casos como San Julián, no recalificar la zona para hacer casas. Al margen de este asunto de política y urbanismo, los ecologistas han puesto sobre la mesa las interesantes cuestiones de si es conveniente revegetar con urgencias las áreas quemadas y cómo se hace.

Balibrea expone así su planteamiento: «La inmediata actuación en la zona quemada no siempre es lo mejor. El pino es vistoso, y permite crear zonas de esparcimiento en la periferia urbana. Eso es positivo para el disfrute ciudadano, pero en algunas zonas hay que dejar al monte tranquilo. Hasta cierto punto, los incendios son sucesos naturales. Aliagas, jaras y pinos están bien adaptados al fuego y sus semillas se regeneran. Es cuestión de aplicar criterios científicos».

Lo que, según Anse, no debe repetirse es una reforestación como la del paraje de El Chorrillo de La Unión, en la Sierra Minera. La empresa que extraía mineral plantó los pinos sin respetar una separación mínima de siete a catorce metros.

Esta práctica ha obligado a hacer aclareos o recortes de ramas para rebajar el riesgo de una propagación rápida del fuego. En la Sierra de Cartagena-La Unión también se cometió otro «error»: repoblar áreas con ciprés común y eucalipto.

Aunque no tengan el porte de los árboles más demandados por los ayuntamientos de la comarca, los montes cartageneros son propicios para revegetar con matorrales y «arboletes» propios del Mediterráneo español. Se trata de formaciones vegetales incluidas entre las más valiosas del continente europeo, como los matorrales de cornical ('Periploca angustifolia') y de azufaifo ('Ziziphus lotus') o los bosques de ciprés de Cartagena, también llamados de sabina mora o de Cartagena ('Tetraclinis articulata').

Comisión de expertos

«Empeñarse en que haya árboles donde nunca los ha habido no tiene mucho sentido», razona el especialista de Anse.

Desde la Comunidad, Pablo Fernández descarta que todo esté consistiendo en «meter pino», pues. «las actuaciones pasan por la Comisión de Evaluación de la Estrategia Forestal, que aprueba las medidas con criterios científicos».