Una familia denuncia trabas para encontrar casa de alquiler

Los propietarios se niegan a alquilar sus viviendas si quien paga es Servicios Sociales; Carmen y Franklin sufren por sus hijos

LOLA GUARDIOLACARTAGENA.
Carmen y Franklin dejan a sus hijos en el colegio antes de iniciar la búsqueda de vivienda. ::
                             L. G./
Carmen y Franklin dejan a sus hijos en el colegio antes de iniciar la búsqueda de vivienda. :: L. G.

El matrimonio hispano-ecuatoriano de Carmen Gutiérrez y Franklin Andrade llora cuando aborda su tema y lo peor es que lo hace sin parar desde hace 21 días. Llegaron a la Cartagena, procedentes de Torre Pacheco, porque encontraron fortuna lejos del trabajo del campo. Sin embargo, como a tantas muchas familias humildes, el calvario les llegó hace alrededor de un año con el socavón de la construcción. Franklin perdía el trabajo de albañil y Carmen ya no recibía encargos para cuidar mayores o limpiar casas por horas.

Para más inri, su casa de alquiler en el barrio de San Antón continuaba deteriorándose y el propietario no la arreglaba. Al final de diciembre del año pasado, el techo de una dependencia se vino abajo, tuvieron que abandonar su hogar y pasar parte de la Navidad en la cercana Hospitalidad de Santa Teresa, uno de los tres hogares de acogida que existen en la ciudad. Allí siguen todavía.

Desde entonces, sin familia o amigos a los que recurrir, sin recursos con los que paliar su desdicha, y con el ánimo por los suelos, intentan gestionar con los servicios sociales el alquiler de una vivienda.

El caso es que pasa el tiempo y no hay resultados. Dicen que los propietarios salen escopetados cuando exponen que el organismo pagador será el Ayuntamiento.

Los niños y la Hospitalidad

Si estuvieran solos, no habría problema de estancia en la hospitalidad. Porque Franklin y Carmen no sufren por ellos, sino por sus hijos de 6 y 8 años. Entre sollozos, comentan: «En el hogar se portan muy bien, comemos y tenemos cama, pero creemos que no es lugar para los críos, hay gente con muchos problemas y no podemos estar aquí mucho más tiempo».

En un arrebato de pesimismo, incluso llegan a temer que les quiten la custodia por no poder cuidarlos adecuadamente.

La jornada cotidiana para esta familia tiene los tiempos bien tasados. Por la mañana, se desplazan al colegio del Patronato, en la calle Saura, donde están escolarizados sus hijos. Desde su improvisado hogar hay más de dos kilómetros, por lo que viajan en autobús, gracias a una tarjeta especial facilitada por los Servicios Sociales. El matrimonio deja a los hijos a las nueve y se va a buscar casa y trabajo. A mediodía, Carmen y Franklin se paran a tomar algo en la calle y continúan su periplo por la ciudad. A la tres, recogen a los niños del Patronato, donde ya han comido. Los cuatro juntos reemprenden la búsqueda.

Ya avanzada la tarde, regresan a la Hospitalidad y si les queda algo de aliento juegan en el parque colindante; cenan en el comedor y se retiran a una habitación sola para ellos. Allí, Carmen y Franklin intentan dormir en la gélida soledad del techo prestado, pero no pegan ojo rumiando su adversidad. Su único consuelo es la candidez del sueño de sus hijos, por su edad, aparentemente ajenos a la crítica situación familiar. Para cualquier ayuda, hacen público su móvil: 618 463 484.