Mercado digital

JUAN VARELA

Los fans están enfadados con Ok Go, un grupo que se hizo famoso en Internet, como tantos. Su discográfica, EMI, amenaza a una web donde el propio grupo permitía copiar su último vídeo después de firmar un acuerdo con YouTube. Incrustar vídeos en otras páginas es una de las herramientas preferidas de la distribución viral.

El cabreo de su parroquia ha obligado al líder del grupo a explicar que la publicidad no paga por los vídeos incrustados. Pero para no perder el favor de sus seguidores ha publicado el código para copiar el vídeo.

Al fin y al cabo la canción se puede descargar gratis de la web oficial del grupo. Es una de las contradicciones del mercado digital, tan nuevo e ignoto que ha hecho caer al presidente Zapatero en otra al explicar los objetivos españoles de la presidencia europea.

El jefe del Gobierno propuso ayer un mercado único de contenidos digitales un día después de que la Comisión Nacional de la Competencia (CNC) denunciara el monopolio de las entidades de gestión de derechos de autor.

Un monopolio económico protegido por una ley que Competencia exhorta a reformar.

El mismo monopolio contra el que ha chocado la Comisión Europea en sus intentos de impulsar un mercado común digital.

La Comisión plantea aumentar los contenidos accesibles en Internet, crear licencias europeas que eviten pagar por lo mismo en cada país, permitir a las entidades de gestión operar en toda Europa sin límite territorial, protección para los autores, más transparencia en la gestión y acabar con las tarifas abusivas.

En resumen, crear un mercado amplio y transparente donde los autores decidan sus derechos y donde empresas y público puedan acceder a los contenidos a mejor precio y con mejores condiciones.

Respuesta de la SGAE y resto de gestoras: no. Están encantados de ser un monopolio. En su defensa ha salido rauda la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde.

Zapatero le tendrá que explicar qué es eso del mercado único, cambiar de ministra o reconocer sus contradicciones.