Con Fernando Garrido en el recuerdo

Quizá haya muchos cartageneros que no sepan que la popular Alameda de San Antón, que enlaza la plaza de España con el barrio de San Antón, tuvo el nombre de Fernando Garrido

JOSÉ MONERRI
Vista de la Alameda de San Antón, antes llamada de Fernando Garrido. ::                             J. M. R. / AGM/
Vista de la Alameda de San Antón, antes llamada de Fernando Garrido. :: J. M. R. / AGM

Quizá haya muchos cartageneros que no sepan que la popular Alameda de San Antón, que enlaza la plaza de España con el castizo barrio de San Antón, tuvo el nombre de Fernando Garrido en 1920. Y es que el Ayuntamiento, a instancias de Puig Campillo, dio en ese año el nombre del político y dinámico periodista Fernando Garrido Tortosa, a la popular Alameda. Y aunque la Alameda siga denominándose de San Antón, el nombre de Fernando Garrido se ha perpetuado en un Colegio Público de Canteras y en la Federación de Asociaciones de Vecinos de Cartagena.

Fernando Garrido nació en la casa número 17 de la Muralla del Mar el 6 de enero de 1821 y murió en Córdoba y, según escribe Eugenio Martínez Pastor, era escritor, político y periodista e hijo de un militar de Marina.

Con 16 años se trasladó con su familia a Cádiz y se dedicó con verdadera pasión a la pintura. Cuatro años más tarde, sin abandonar aquel arte, inició su carrera política y literaria en 'La estrella', 'La caricatura', 'El infierno' y otros periódicos de la ciudad gaditana. Allí formó parte de los cenáculos del socialismo.

Su influencia en la historia del socialismo no radica sólo en la expansión de tal ideología desde el periodismo y la tribuna, según opina Francisco Henares, sino en la creación de cooperativas y sociedades de socorros mutuos.

Al trasladarse a Madrid publicó en 1846 la revista decenal 'La atracción', que sólo duró tres meses pero que atrajo al lado de Garrido a varios demócratas socialistas, entre los que figuraban Sixto Cámara, Ordax Avecilla y otros. Un año más tarde fundó 'La organización del pueblo', periódico que indicaba que era de los verdaderos intereses del pueblo y que estaba destinado a enaltecer y propagar la teoría societaria de Carlos Fourier. No vivió doce meses porque lo suprimió Narváez.

Republicano

Desaparecido este periódico surgió 'El eco de la Juventud', donde prosiguió con entusiasmo su propaganda socialista. En 1850 fue director de 'La Asociación' y de 'Derrota de los viejos partidos políticos'. El Gobierno secuestró la publicación y lo metió en la cárcel. No fue la única vez. Salió condenado a la extradición, no sin haber entretenido sus tristes soledades y ocios con la confección del folleto 'La democracia y las elecciones del 10 de mayo'.

Sus viajes por Europa pusieron a Garrido en contacto y amistad con el socialismo internacional y sus dirigentes. En Londres representó a la democracia española en el comité europeo del que formaban parte Manzini Kossuth y Ledru-Rodin. Allí permaneció hasta que la Revolución de 1848 le permitió volver a su patria.

Al regreso a España, según Federico Casal, imprimió un folleto que causó un ruido extraordinario. Demostraba osadamente que dado el carácter de la revolución vencedora, Isabel II no era ni podría ser reina, y que el verdadero jefe del Estado era el general Espartero, aclamado por las masas populares. Garrido fue procesado y le defendió brillantemente Castelar. Fue absuelto.

Intendente en Filipinas

Enseguida publicó con Antonio J. Cervera 'Las barricadas' y sus 28 números le valieron 28 causas de las que fue absuelto. Publicó contra la Monarquía 'El Pueblo y el trono de Espartero y la revolución' y 'La República democrática federal', una pieza teatral y folletos, entre otros 'La democracia y sus adversarios'. Éste le valió el destierro a Lisboa.

De nuevo en España, como se le atribuía cierta proclama contra Isabel II, que circuló por Barcelona cuando visitaba esta capital la reina, tuvo Garrido que emigrar primero a París y luego a Londres. En la emigración siguió escribiendo y su libro 'La Humanidad y su progreso' le valió la excomunión del obispo de Barcelona.

Tras otras obras, en 1870 publicó su 'Historia de las clases trabajadoras', siguiendo el diario 'La revolución social', que dio con él en el Saladero y luego en Portugal, destierro del que regresó al formarse el ministerio Ruiz Zorrilla.

Como representante de Cádiz en las Constituyentes de 1869 fue diputado por Sevilla en las Cortes de 1872 y apenas proclamada la República, en 1873 fue nombrado Intendente General de las Islas Filipinas, de donde regresó a Cádiz tras el golpe de 3 de enero de 1874. Pasó a Lisboa y se dedicó allí a la pintura.

Pintor en Lisboa y París

Pero el Gobierno le expulsó y se refugió en París y allí vivió de sus pinceles y escribió artículos de política española en periódicos franceses. De regreso a España, colaboró en el periódico autonomista 'La Unión'. De 'La República Democrática Federal Universal" se hicieron 16 ediciones.

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