Nuevas butacas, camerinos y un intensivo 'lifting' en la fachada

T. M. M.LORCA
El público estrenó ayer butacas sobre una superficie más inclinada. / S. M. L. / AGM/
El público estrenó ayer butacas sobre una superficie más inclinada. / S. M. L. / AGM

El Guerra ha rejuvenecido, dentro de sus posibilidades, porque lo de volver a ser un teatro joven ya resulta imposible después de sus 148 años de vida que le han hecho merecedor del título de abuelo de todos los teatros de la Región. Le hacía falta algo más que un lavado de cara. Sus cuatro fachadas han sido restauradas para recuperar en su totalidad los volúmenes, bustos y cornisas. Estas últimas han sido emplomadas para evitar que se vuelvan a deteriorar como consecuencia de la lluvia. También el zócalo ha sido sometido a un tratamiento especial para frenar la erosión de la piedra.

En el interior se ha reformado el patio de butacas. Se le ha dotado de una mayor inclinación descendente para mejorar la visión desde las últimas filas. Se han colocado nuevos asientos, al igual que en la zona de plateas y anfiteatro.

Los camerinos y el escenario también presentan mejor aspecto aunque no se ha llevado a cabo la sustitución de los mismos. Las actuaciones más importantes, junto a las realizadas en el patio de butacas y las fachadas, han sido las dedicadas a la eliminación de humedades y goteras, y a la instalación de un sistema de climatización. También se ha habilitado en una de las puertas laterales un acceso para minusválidos, ya que no existía ninguno. El presupuesto ha superado el millón de euros.