«Ha sido cumplir un sueño: estoy a dos metros del suelo»

El viola murciano es el único español con plaza oficial en la Filarmónica de Berlín

PEPA GARCÍAMURCIA
El viola de la Filarmónica de Berlín Joaquín Riquelme./
El viola de la Filarmónica de Berlín Joaquín Riquelme.

Joaquín Riquelme (La Alberca-Murcia, 1983) ostenta el honroso título de ser el único español con plaza oficial en la Filarmónica de Berlín y, además, con 26 años, es el segundo músico más joven de esta prestigiosa orquesta; el benjamín es un contrabajista venezolano de veintipocos, comenta este risueño viola, que en abril actuará como solista, junto a la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia, en el Auditorio e interpretará el concierto de William Walton.

Éste es el cuarto año que cursa estudios en la ciudad alemana, de la que se ha enamorado y adonde se trasladará definitivamente en agosto o septiembre de 2010 para engrosar la «colonia, más que grupillo» de artistas españoles, entre los que está los oboistas Myriam Olga Pastor (Cartagena) y José García Vegara (Murcia). Mientras tanto, se dedica a «ponerme en forma» y, más adelante, a preparar con tiempo las partituras «para llegar al ensayo y no estorbar».

-¿Qué le parece Berlín?

-Increíble, es una ciudad muy tranquila, con un impresionante movimiento cultural para todo tipo de artistas. Es una ciudad muy abierta, la gente es muy simpática y amable, y hay muchos espacios verdes. Es una de las mejores ciudades para vivir.

Discípulo de Pedro Navarro -«del que he aprendido casi todo lo que sé», reconoce-, Joaquín Riquelme quiso estudiar violín, pero el destino, con ayuda de su prima, le puso entre las manos la viola.

-Sí (sonríe). Antes todo el mundo cogía enseguida violín, piano y ese tipo de instrumentos y las plazas se habían agotado. Sólo quedaba viola, arpa y saxofón, así que mi prima dijo: 'Pues viola'.

-Porque quería hacer violín...

-Claro, a mí me gustaba más el violín y le dijeron: 'Es parecido al violín'. Y ella dijo: 'Ya está, viola'.

-¿Y qué pensó cuando se enteró?

-Me daba igual (sonríe). Y luego, la verdad, he disfrutado bastante con la elección. Y en ningún momento me he arrepentido.

Aunque fue a los ocho años cuando Joaquín Riquelme ingresó en el Conservatorio, desde bien pequeñito ya daba la tabarra en casa con instrumentos caseros.

-Sí, sí (sonríe). Tenía un tambor de plástico y el típico bote de Ariel, y ahí estaba yo por casa... De hecho, creo que por el trastero lo tengo guardado todavía: el bote de Ariel, no sé, pero el tambor, seguro.

-Y, cómo fueron los comienzos.

-Siempre son un poco más duros porque, sobre todo en instrumentos de cuerda, al principio suena bastante mal. Estas probando y no suena como lo oyes a tu profesor. Pero luego, según fue pasando el tiempo, entré en la orquesta de aspirantes de Jóvenes de la Región -a los 12 años- y al ver a más compañeros y cómo suena la orquesta, te motiva.

-En una carrera como ésta, que exige seguir formándose, la motivación debe ser imprescindible.

-Sí, sí. Esta carrera es muy vocacional, como casi todas las artísticas, y al ser tan competitivo el mundo de la música y tan pocas las plazas, si no tienes algún aliciente para continuar se hace muy duro.

-¿Qué música escucha un viola de la Filarmónica de Berlín?

-Mientras sea bueno, de todo.

-¿Y de música actual?

-Estoy bastante perdido, no porque no lo escuche, sino porque al especializarte en un tipo de música siempre escuchas algo que tienes que preparar o que te gusta, y te queda poco tiempo para lo demás. Pero, cantautores si escucho.

-¿Es de esos músicos a los que les gusta complicarse la vida con retos?

-Un poquito sí, con esto sí que me compliqué un poco la vida -dice refiriéndose a su ya conseguida plaza en la Filarmónica de Berlín-. Sobre todo son pequeños retos. Esto fue un reto personal. La plaza de Barcelona la saqué con 23, algo muy raro para alguien tan joven. Y pensé que iba a intentar llegar más adelante. Al estar en contacto con el mundo de la Filarmónica, por estudiar en Berlín, dije: 'Voy a intentarlo', porque era un sueño. Y sonó la flauta -apostilla modesto-.

-Fue un objetivo, entonces.

-Era cumplir un sueño, pero en ningún momento pensaba que podría ser posible. Todavía estoy a dos metros del suelo.

-¿Cómo se prepara una oposición así?

-Pues encerrándote en tu casa, sentándote en la silla y a rascar.

-Es el único español, ¿qué siente?

-Sí, un gran orgullo, la verdad.

-¿Le quedan más sueños?

-Ya pocos, la verdad. Como mucho moverme dos sillas para delante, pero eso ya es algo destinado a los dioses; o ser solista de esa orquesta.

-¿Siente que se ha perdido otras cosas de la vida?

-Te puedo decir que no (sonríe). De hecho me lo he pasado bastante bien, porque en el mundo de las orquestas hay mucha gente joven con mis mismas aficiones.

-Se plantea embarcarse a fondo en la carrera de solista, en un futuro.

-Hombre, para eso siempre te preparan, sobre todo en España. Me gustaría, pero hay que ser muy bueno para conseguirlo.

-Hombre, usted debe serlo, ¿no?

-(Sonríe). No me quejo de las oportunidades que me han ido dando.

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