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Fiscal, periodista y aclamado alcalde republicano

Cartageneros en el Callejero -

Fiscal, periodista y aclamado alcalde republicano

La Plaza de San Sebastián llevaba el nombre de un insigne personaje de finales del siglo XIX

24.08.09 -
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Está en pleno cogollo de la Cartagena histórica. La plaza de San Sebastián, a la salida de la calle Mayor y en la que desembocan Aire, Jara, Honda, Villamartín y Puerta de Murcia, alberga la entrada principal del Palacio de la Capitanía General y antes también contó con el edificio del Ateneo Mercantil y que ahora, en su planta baja, ocupa la sucursal principal del Banco Español de Crédito. Está en plena peatonalización, y el Monumento al Procesionista va a cambiar de sitio.
La plaza de San Sebastián sigue conservando su nombre, aunque en 1902, con motivo del fallecimiento de José Prefumo y Dodero, el Ayuntamiento acordó colocar su retrato en el salón de sesiones y dar su nombre a dicha plaza. Sin embargo, como ocurre con bastantes casos, el acuerdo municipal no ha servido para que se perpetúe el nombre de este ilustre cartagenero, aunque es cierto que subsiste su recuerdo en el barrio de Peral, con la Cerca de Prefumo.
José Prefumo y Dodero vivió entre el 5 de abril de 1831 y el 10 de octubre de 1902, como escribe Federico Casal. Nació en la casa número 2 de la Morería Baja y fue hijo de José Prefumo y Costi y de María Dodero Deambrosi, naturales de Génova. Estudió la carrera de Derecho en la Universidad Central, desempeñó el cargo de fiscal en el Juzgado de Primera Instancia de Cartagena. Abrió bufete logrando gran celebridad en los cuarenta y siete años de ejercicio, protegiendo a los más débiles económicamente. Amigo de los grandes hombres de la democracia española y luchador infatigable, colaboró con la Prensa y el Periodismo defendiendo sus ideales.
En noviembre de 1861 se fundó El Eco de Cartagena y Prefumo formó parte de la primera redacción, que dirigió Francisco Teruel. Fue el alma de El Radical, en su primera época, diario defensor de la causa republicana, y de El Pirata y El Amigo del Pueblo. Fue El Republicano el último periódico que tuvo al servicio de su causa.
Un disgusto mortal
Desde muy joven militó en las filas de la Democracia tomando activísima parte en los movimientos precursores a la revolución del 68, de la que fue su alma en Cartagena y desde cuya época arranca la popularidad de Prefumo.
Las luchas de aquellos días le proporcionaron no pocos sinsabores, como rememora Casal. Un suceso en sí insignificante, le hirió hondamente. Acusado de conspirador, fue detenido al llegar a Madrid en noviembre de 1857; lo exagerado con que la noticia llegó revestida a Cartagena impresionó de tal modo a su madre que le costó la vida.
En las elecciones municipales de finales de 1860, sus correligionarios le llevaron por vez primera al Ayuntamiento, donde desempeñó su concejalía hasta con el aplauso de sus adversarios. Luego fue presidente de la Junta Revolucionaria, habiendo sido con anterioridad Diputado provincial y alcalde, cargo que compartió con el de Diputado de las Constituyentes de 1869, en representación de los republicanos cartageneros, que sucesivamente le enviaron a las convocatorias de febrero de 1871, septiembre de 1872 y Constituyentes de la República de 1873.
Por Decreto de 17 de marzo de 1873, se le confirió la Dirección general de Agricultura, Industria y Comercio, cargo del que dimitió . Fue también, aunque interinamente, director general de Instrucción Pública. Rehusó formar parte del Ministerio de Salmerón, y ocupando el poder Emilio Castelar fue nombrado gobernador civil de Madrid. Partidario de la política que hacía Castelar, le auxilió eficazmente en sus intentos para acabar con el cantonalismo que se había hecho fuerte en Cartagena.
A la muerte de la Primera República española se retiró a Cartagena, donde reorganizó el partido republicano. En el triste verano de 1885, la epidemia colérica hacía estragos en la ciudad. Fue requerido para el Ayuntamiento y afrontó la angustiosa situación. Le aclamaron como salvador. La enemistad al republicanismo de los gobernantes le tuvo alejado del Parlamento. En 1901, respetada la voluntad popular, se le proclamó diputado, pero murió antes de tomar posesión.
El entierro fue una gran manifestación de duelo. Como abogado dejó una gran estela de defensor de los desvalidos; como político fue siempre fiel a sus principios, evitando derramamientos de sangre en la bahía de Escombreras; y como presidente de la Junta de Gobierno de Cartagena, solventó difíciles situaciones.
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La Plaza de San Sebastián, en obras, une la Puerta de Murcia y la calle Mayor . / LV