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CUADERNO DE BITÁCORA

El mejor boy scout

09.08.09 -
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Te llamo para decirte que tengo cáncer de pulmón con metástasis de huesos. Quiero que lo sepas por mí antes de que la noticia te llegue por otro lado. La semana que viene empiezo el tratamiento». Fue más o menos el mensaje que Lorenzo Guirao iba dejando a sus amigos -como si estuviera recetando un analgésico- para advertirles de que no pensaba tolerar ninguna debilidad a su alrededor, ninguna disidencia lastimera, nada que alterara su vitalidad, ni un pliegue que arrugara su dignidad. Así era/es este tío: más preocupado por los naufragios que su repentina enfermedad iba a causar en los demás que en sí mismo. Con el dolor a cuestas, no hace mucho tomó el coche y se presentó en el centro de salud de Alguazas para visitar a sus compañeros y darles novedades (y ánimos) de su pelea contra el cáncer.
Toda la inmortalidad que el hombre lleva dentro la regaló Lorenzo en pedacitos a lo largo de su carrera por este Pasillo que nos trae y nos lleva, de tal forma que las bondades colaterales que deja el Doctor entre quienes le trataron son el mejor antídoto para mantenerlo vivo. Estuvo en las primeras trincheras de la democracia, en aquella época mágica e irrepetible cuajada de gentes desinteresadas, de soñadores y de hornadas de jóvenes políticos que pronto tomarían el relevo. Lorenzo salió de un grupo de cachorros ciezanos, entre los que destacaron Ramón Ortiz, Escribano y Rojas, que hundía sus raíces en una mezcla de ideales rousseaunianos, socialistas y humanistas, pasados por las esencias más nobles de los boy scouts, aquellas que Guirao se preocupó de inculcar a los más pequeños que se acercaban a sus charlas y actividades, los sábados por la tarde, encima de la tienda de periódicos de Juan Ortín.
Pudo y no quiso hacer valer su inteligencia y preparación para pegar codazos políticos y, como buen boy scout, creía que la amistad y el trabajo en equipo eran lo más importante. Después de varios cargos como servidor público, ocupó la Consejería de Sanidad con los presidentes Carlos Collado y María Antonia Martínez, desde donde levantó el nuevo hospital Morales Meseguer y puso en marcha el Hospital de Cieza contra viento y marea. Entre otros, tuvo a su lado a Luis García Giralda y a Rafael Gónzalez Tovar, dos garantías de compromiso y eficaz gestión en unos años en los que había que luchar a brazo partido con el Gobierno de Madrid porque las competencias no estaban transferidas.
Después de dejar la Consejería, Guirao fue atacado por algunos de los recién llegados que, a la postre, se quedaron con el rabo entre las piernas cuando se demostraron las falsedades de las insidias vertidas en su contra. Lorenzo nunca olvidó ese rincón del odio, que no llegó a traspasar porque sólo buscaba la verdad y no la venganza. En compañía de García Giralda se dedicó a la investigación y, desde el modesto universo de Alguazas, ambos se han convertido en autoridades mundiales en andrología y salud sexual. En la cúspide de su carrera, disfrutando de premios y reconocimientos, Guirao y todo su genio, a diferencia de House, se olvidó de la enfermedad para cuidar al paciente.
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Lorenzo Guirao, en una imagen del año 1991./ MARTÍNEZ BUESO