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Leo en estos días diversas informaciones y artículos de opinión acerca de mi supuesta continuidad al frente del Gobierno regional. Como suele ocurrir en estos casos, no faltan aquellos que, al abrigo de la noticia, se prestan, solícitos, a proclamar a los cuatro vientos -es decir, a quienes quieren escucharles, y a quienes no, también- el haber sido receptores de «primera mano» de tal acontecimiento. Describen la situación con todo lujo de detalles, asegurando una contundencia en «mis» palabras que parecen no dejar margen a la duda. Otros (compañeros de Partido, articulistas de análisis político, opinión en general…) se expresan, desde el más absoluto y legítimo derecho, de manera diversa.
Hasta aquí, todo normal, máxime cuando la estación de sequía informativa -también- que padecemos, invita especialmente a exprimir hasta la última gota una noticia como esta. Pero, ocurre que yo, siempre lo he manifestado, no soy partidario de «matar al mensajero»; quiero decir que si un medio de comunicación social publica una noticia, será porque alguien se dirige a ese medio para «informarle» sobre cualquier asunto.
Pues bien, las cosas son, sin embargo, de otra manera. He dicho que esta sería mi última legislatura, y «…a día de hoy, no veo argumentos suficientes para cambiar mis intenciones» (declaraciones mías -no de nadie más- reiteradas en la prensa regional, sin ir más lejos, la pasada semana) A partir de ahí, todo lo demás son meras especulaciones. Lo he dicho también: si encontrara alguna razón para alterar mi discurso, lo haría; me presentaría ante la opinión pública y explicaría el porqué de mi decisión, humildemente, sin complejos y, supongo, sin tener que pedir perdón por el hecho de querer seguir sirviendo a mi Región desde la ENTREGA Y LA HONRADEZ (con mayúsculas, por si alguno no se ha querido enterar) así como, seguro, desde mis EQUIVOCACIONES (también en mayúscula). Mi compromiso con los murcianos no es no presentarme -nunca algo así constituyó naturaleza de compromiso-, sino cumplir el programa electoral por el que fui elegido.
Otra cosa bien distinta es que se me vea con fortaleza e ilusión sin límites en mi dedicación diaria para contribuir, en la medida de mis posibilidades, junto a un gobierno cuyos miembros se dejan la piel por dar lo mejor de ellos mismos y, lo más importante, los murcianos, las excelentes y buenas gentes de esta bendita tierra que trabajan lo indecible para, sorteando toda clase de obstáculos, hacer posible el milagro del crecimiento y la prosperidad.
Fortaleza e ilusión. Esas son las claves con las que explicar mi razón de ser en esta responsabilidad pública que, ante todo y sobre todo, es uno de los grandes privilegios que la vida te otorga.
Y fuera de eso, no hay más. Y desde luego, no cabe ninguna otra interpretación, alguna tan inmoral e injusta como la que «alguien» (aquí todos nos conocemos) sugería a un analista político, según la cual, yo podría alterar el rumbo en mi vida sólo para impedir que un compañero del partido político al que pertenecemos -compañero y, sobre todo, amigo- ocupara «mi» lugar. Yo no puedo, ni lo pretendo, desmentir lo que, sencillamente, no existe excepto en la mente calenturienta de quienes entienden la política de una manera frívola e irresponsable, por lo que, sobre esto, no hay más comentarios. Sólo el desprecio.
Si hay alteración sobre mis actuales decisiones, obedecerá, insisto, a otros motivos. Nobles y al servicio de un proyecto inspirado por este gran partido, que es el Partido Popular, y dirigido a una gran Región, como es mi querida Región de Murcia. Y llegado el momento, si así fuera, no me dolerá en prendas el anunciarlo.
Y no querría que se entendiera como un acto de prepotencia por mi parte desoyendo a los muchos ciudadanos -cada vez más- anónimos, de la calle, de la sociedad diversa que desean mi continuidad. A todos ellos, mi sincero y sentido agradecimiento. Pero ahora, hay que seguir trabajando sin quiebra ni desmayo; hay que redoblar los esfuerzos para vencer tantas adversidades como las que nos pone a prueba esta crisis interminable, y un Gobierno cuyo máximo responsable, Rodríguez Zapatero, se niega a dar a los murcianos lo que por justicia y por derecho a los murcianos pertenece. Por eso, ahora más que nunca, no hay que distraer nuestra atención, sino centrarla en lo único que nos la ha de ocupar: la Región de Murcia, a la que tanto queremos. Créanme, merece la pena todo esfuerzo que por ella hagamos.
Y entre tanto, las cosas claras y en su sitio.
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