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Cultura

CRÍTICA DE ARTE

10.06.09 -

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El espacio es una realidad física que puede ser vista, interpretada, intervenida, creada e incluso sufrida de múltiples maneras, aunque su existencia mental sea en relación con el observador que lo asume en la ausencia de límites o lo concibe encerrado entre muros. En uno y otro caso se puede plantear la preexistencia, pero -y la arquitectura de todos los tiempos lo demuestra- la auténtica razón de su presencia, de la palpabilidad no sólo visual, es el significado que se le ha querido dar, la función que asume y que deviene de la ideología que lo ha construido.
Y lo primero que atrae de la intervención de Eva Lootz en la Sala Verónicas (antigua iglesia de planta de cruz latina con ábside plano, no hornacina alargada) es la comprensión del espacio, la integración con él y con la función que tuvo, consecuencia todo del respeto al lugar, a su historia, y todo ello sin renunciar a la propia idea, al concepto de espacio intervenido en el que desarrollar de manera ordenada y consecuente la idea, el proyecto.
Con estos datos previos, la artista austriaca afincada en España desarrolla su teoría sobre el agua y nuestra Región -el tema del agua es algo recurrente en su obra, con varios proyectos y vídeos en la que aparece de protagonista-, sobre los ríos y ramblas principales que, escritos sus nombres en rótulos luminosos introducidos en fresqueras colgadas del techo simulando lámparas, convergen en el monumental vídeo proyectado sobre el testero, al que vuelve a darle su papel originario, en el que se resume la importancia del agua apara la existencia y desarrollo de la vida.
La penumbra del espacio intervenido, apenas interrumpida por la baja intensidad de la luz fluorescente, le confiere -devuelve sería lo correcto- el carácter de sacralidad con el que está tratado el tema, incluso transmite a la atmósfera (que ella crea sobre la ya existente) una dosis de misterio, de magia, sabiamente utilizada por la artista para enganchar al espectador y hacer que vuelva para sumergirse en ella y deleitarse con este gran proyecto y su excelente montaje.
Fuera de la exposición, aunque parte importante para que el trabajo quede completo, no se puede dejar de citar el contrasentido que supone que, a día 3 de junio -a partir de esta fecha no sé lo que ha pasado- todavía no esté el catálogo disponible cuando la inauguración fue el 7 de abril. ¿Cuál es la causa, circunstancia o impedimento?, o ¿acaso es negligencia? Por supuesto, como as meigas responsables hay, y sería estúpido mirar hacia arriba (del general al soldado hay muchos escalones intermedios y cada uno es responsable en su parcela); ahora bien, y debe quedar claro (y todavía está presente el catálogo de Orlan, aparecido meses después de la clausura de la exposición), no existe justificación de ninguna clase para este retraso que, aparte de desprestigiar a su director o comisario, ha supuesto unos gastos que, de momento, no están sirviendo para nada. Por último, y aquí también debe haber un responsable, las fotocopias manchadas que tratan de paliar la ausencia son en extremo cutres.
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