Científicos y huertanos crean una reserva de la biodiversidad

MIGUEL RUBIO| MURCIA
Vista aérea de la huerta de Murcia en la zona de Monteagudo. / JUAN LEAL/
Vista aérea de la huerta de Murcia en la zona de Monteagudo. / JUAN LEAL

La Huerta de Murcia tiene futuro. Un futuro verde y variado. Así lo cree un grupo de investigadores y huertanos que han sumado esfuerzos convencidos de que este cinturón ecológico de la ciudad puede convertirse en una reserva de la biodiversidad capaz de aportar armas contra el cambio climático.

Esta visión futurista de un espacio rural que empezaron a cultivar los árabes hace más de mil años ya ha comenzado a fraguarse. Los primeros pasos se han dado en varias fincas experimentales de Espinardo, Alquerías y Puebla de Soto, que han quedado integradas en lo que se conoce como una red privada de custodia de la biodiversidad agraria. En el proyecto, que aporta una luz de esperanza para este de la capital murciana, acosado por el ladrillo, van de la mano el Departamento de Biología Vegetal (Botánica) de la Universidad de Murcia y la Asociación para la Conservación de la Huerta (Huermur). La experiencia está abierta a la participación de más propietarios. Quienes estén interesados pueden ponerse en contacto con dicha asociación a través de la dirección de correo electrónico huertamurcia@hotmail.es

¿Cómo funciona esta experiencia pionera? El banco de germoplasma (semillas) de la Facultad de Biología ha empezado a suministrar simientes de variedades vegetales tradicionales a un grupo de huertanos. Éstos las plantan en sus fincas que funcionan casi como laboratorios al aire libre. En esos huertos se observa el comportamiento de las distintas especies y se van seleccionado aquellas que más se adaptan al clima y al terreno, y también que mejor soportan las plagas, sin la ayuda de tratamientos químicos, al mismo tiempo que se comprueba su rentabilidad.

Más resistentes

Esta colaboración entre botánicos y huertanos permite ir recuperando esos cultivos autóctonos, la mayoría al borde de la desaparición, más resistentes y por tanto mejor dotados genéticamente para hacer frente al calentamiento global, según explica el catedrático de Botánica José María Egea Fernández. «A diferencia de las especies comerciales, las tradicionales presentan una mayor variedad genética y soportan mejor el cambio climático debido a su heterogeneidad», añade Egea.