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JUDIT MASCÓ MODELO

A punto de cumplir los 40, la 'top model' irrumpe en el panorama literario con un manual «para trabajar en una profesión con lado oscuro»
20.04.09 -

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Judit mascó algo de la fama que le llegaría después a los trece años para un anuncio de Menorquina por el que cobró 11.000 pesetas. «Delicioso helado de fresa», le tocó decir a la cámara. Desde entonces, a la modelo española más internacional la han colmado de piropos. Ha recibido muchos, «muy finos y también muy groseros». Y tragárselos con una sonrisa en la cara ha sido la parte más indigesta de su trabajo. Con «dos bocadillos» recién comidos, vestida de Custo y vaqueros y con una base de maquillaje natural se presentó Judit Pilar Mascó (Barcelona, 1969) en San Sebastián para promocionar su segunda incursión en el mundo de las letras: Modelo, un manual de supervivencia «para trabajar en una profesión con lado oscuro» y editado por Planeta.
Mascó cumplirá este año los 40, asegura que pasó la adolescencia siendo muy alta, con un 40 de pie y avergonzada de sus labios carnosos, y que ahora «da el pego vestida, pero que desnuda ya no es lo mismo» después de haber sido madre. Se ha leído tres veces El perfume y todos los libros de García Márquez y domina cuatro idiomas. Y en cuanto se la ve entrar, se presenta con un «soy Judit Mascó» y rompe el primer cliché: es rubia y es guapa, pero de tonta no tiene un pelo.
-¿Qué cuesta más, ser madre modelo o modelo de madre?
-Cuesta mucho ser madre, pero no soy modelo de mamá y tampoco ejerzo de modelo.
-¿Cómo se puede llevar tantos años en la moda sin estar pasada de moda?
-He ido evolucionando. Empecé siendo modelo no conocida. Luego fui más personaje. Con mi maternidad aprendí a enfocar las cosas de otra manera y ahora sigo siendo modelo, o ya no sé lo que soy, pero siempre relacionado con la moda. Como yo digo: acabaré anunciando dodotis para abuelos.
-¡Por bella!
-El exterior está muy bien para mi trabajo, pero me gusta que me digan algo bueno de Judit.
-Escribe para «niñas desorientadas».
-... Que se mueren por ser modelos y no tienen ni idea de quién es Balenciaga o Giorgio Armani.
-¿Cuántas llegarán a lo más alto?
-Pocas de las que empiezan, menos del 5%, llegan a ganarse la vida en esto, pero por mucho que te acuestes con el fotógrafo no vas a conseguir hacer carrera. Por esto también me dirijo a los padres preocupados.
-¿Por si encima sus hijas se desnucan con los taconazos que tendrán que llevar?
-Esos zapatos son maravillosos, pero no están hechos para andar. Son tendencias. Luego se comercializa las versión más llevadera. La modelo es la percha que tiene que lucir esa creatividad que a veces no va con una.
-«En las grandes pasarelas no siempre se atan los perros con longanizas».
-Los mejores diseñadores suelen pagar poco, conscientes del prestigio que supone desfilar para ellos. Incluso a veces abonan los servicios prestados con ropa, una buena opción para hacerse con un buen fondo de armario.
-¿Está tan presente el mundo de la droga como se dice?
-Está presente, pero si tú quieres. Nadie te fuerza a nada. A mí no me ha ocurrido, no sé si es que yo he sido más pava.
-¿Se vio huyendo de alguna gorda?
-Ya lo creo. Yo también estuve en fiestas donde había señores mayores a una edad en la que no me imaginaba qué es lo que hacían allí. Eso no significa que la moda sea un mundo depravado, porque al final está la libertad de decir no.
Los comienzos
-¿Y una cara y un cuerpo como el suyo han recibido rechazos?
-Cuando empecé, yo iba a muchos castings y no me cogían en ninguno. Recuerdo que una vez me preguntaron si sabía llevar un catamarán y, aunque no tenía ni idea, dije que sí. Ahí me vi grabando un anuncio de colonia para la casa Puig en Formentera, a bordo de un catamarán y, aunque me dio tiempo a dar algunas clases, ya era muy tarde para echarme atrás. En un momento dado, el barco empezó a volar, y a volar...
-Y usted con él.
-Pero en la otra dirección. Al final resultó que, cuando llegó la hora de visionar la toma, aquélla era la imagen perfecta. Imagine el eslogan, Agua brava... No quiero decir con esto que haya que mentir en esta profesión, sino que muchas veces hay saber ir un poco por delante de las situaciones y tener un par.
-En todo caso, otras como Naomi Campbell y Kate Moss han sido siempre algo más escandalosas.
-Son las dos excepciones en el mundo de la moda. Las señalo en el libro como ejemplo de lo que no hay que seguir. Pero hay un hecho indiscutible: ambas tienen una belleza particular, son únicas en su estilo. Y quizá por eso se les permiten ciertos comportamientos.
Judit Mascó admite que fue «difícil» cuando llegaron «otras más jóvenes y guapas». «Creo recordar que era el año 1992 y, mientras yo estaba sentada en una sala de los diseñadores Dolce & Gabbana, entró una chica muy joven, con cara de niña recién salida del instituto, con aspecto de estudiante». Se fijó en ella porque no parecía la típica modelo. Muy guapa de cara sí, pero demasiado baja. Era diferente. Sin necesidad de esperar, a Kate Moss la hicieron pasar la primera. «Lo que sucedió es que llegó la época grunge». De repente se llevaban las modelos sin pecho ni caderas, desaliñadas, con aspecto enfermizo y extremadamente delgadas, «demasiado» para el gusto de Judit Mascó, y «ser guapa se volvió en mi contra. Hasta llegué a ir a algún casting con el pelo un poco sucio y con ojeras. Si es lo que se lleva... pensé. Esto duró más tiempo de lo que yo había imaginado, pero ahora...».
-¿Volvemos a las curvas?
-Estamos volviendo a ver en las marquesinas de las paradas de autobús a las mismas chicas que protagonizaron los noventa. Bellas, intemporales, con las que la gente se siente más identificada y, lo más importante para las firmas, mujeres que venden mucho más.
-Le puede la nostalgia.
-En gran parte sí, pero no se puede vivir de la nostalgia. Sin embargo, fue el mejor momento de la moda. Eran supermodelos porque eran bellas de verdad, algo que era bonito de admirar, mujeres que lo tienen todo. Luego quizás hartó toda esa perfección y vino todo lo contrario: lo andrógino. Yo seguiré defendiendo a esas tops de aquella época. Después de haber tenido hijos están protagonizando hoy las grandes campañas de moda.
Mascó se mantiene en una talla 38-40, pero asegura haber notado cambios tras sus embarazos. Por ejemplo en su cintura, «ahora estoy mucho más cuadrada». «Tampoco mi piel es tan tersa. Pero es que también tengo 39 años y eso se nota mucho. Aunque sigo cuidándome con cremas y con taichi».
-¿Y privándose mucho?
-¡Me encanta comer! Bien y de todo, pero de forma equilibrada. Lo creerá o no, pero lo que ve es genética. Mis padres son altos y delgados. Mi madre está estupenda para su edad. En casa comemos todos la misma comida. Ensaladas y verduras prácticamente a diario. No es que les encante a las niñas, pero están acostumbradas. Comiendo de todo y sano desde pequeñas les creamos unos hábitos saludables.
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