Domingo sastre, el banquero generoso

Es hijo predilecto, lorquino ilustre, Medalla de Oro de la Ciudad y Medalla de Plata al Trabajo

ILUSTRACIÓN. Retrato de Domingo Sastre Salas./
ILUSTRACIÓN. Retrato de Domingo Sastre Salas.

Sus 93 años de vida estuvieron marcados por la generosidad hacia Lorca y sus gentes. La estela que dejó tras su muerte, también. Domingo Sastre Salas nació en Lorca en el año 1889 y murió en 1982 tras recibir todos los honores y distinciones posibles por parte de sus paisanos. Su trayectoria vital va ligada a la de la banca local, regional y nacional, hasta el punto de llegar a alcanzar la Dirección General del Banco Popular Español. Dos parecían ser sus premisas vitales: el trabajo y la generosidad.

Nadie mejor que él para resumir su trayectoria profesional, esa que relató a Maruja Sastre y Eulalia Martínez en Gente de Lorca: «Por amistad del bien recordado tío Frasquito, amigo del director Pablo Campoy, empecé como meritorio en la sucursal de Lorca, en el Banco de Cartagena, en mayo de 1903, cuando tenía catorce años. Estuve sin sueldo quince meses, hasta julio de 1904, en que me asignaron treinta pesetas mensuales. En la sucursal de Lorca, fui ascendiendo en distintos cometidos hasta llegar a interventor en 1909, con un sueldo de 125 pesetas. En este puesto estuve hasta 1914, en que fui nombrado director de la nueva sucursal del Banco de Totana, cargo que desempeñé hasta noviembre de 1918, en que fui ascendido a subdirector de la sucursal de Murcia».

Dos años más tarde, en 1920 se le ofrece el cargo de director de la sucursal que el Banco de Albacete iba a establecer en Lorca y lo aceptó «por la pueril ilusión de volver a mi pueblo como director». Aquí permanecería poco más de un año hasta ser ascendido a director de la sucursal de la Banca Central de Albacete, donde permaneció hasta 1924. Después marchó a Portugal como administrador de la sociedad Aguas Radium, pero su trabajo en la banca pudo más y regresó de nuevo a España, a Melilla, hasta que en junio de 1928 se convierte en director general del Banco Popular.

Ligado a su trabajo, viajo siempre con él su otro leit motiv: la generosidad. «El gran culmen de su vida es dar, dar, dar a manos llenas». Como anécdota de su generosidad cuenta Sastre y Martínez que fueron muchos los lorquinos que viajaron hasta Madrid para buscar un puesto en el Banco que Domingo Sastre dirigía. A la mayoría les ayudó. «Un día entra en juego la picaresca y comienzan a llegar falsos lorquinos de todos los rincones de España. Don Domingo, se presta al juego. Para descubrir a los mentirosos les pregunta si son blancos o azules y todos afirman ser blancos, sabiendo que es el color del director, hasta que da con la fórmula: _¿con qué tú eres de Lorca, no?¿Cántame entonces el Tres y las Caretas!».

De entre los muchos gestos de generosidad realizados destacan dos: la cesión del solar más setenta millones de pesetas para la construcción de la residencia de ancianos que lleva su nombre; y la donación de un millón de pesetas para atender a las víctimas de la riada del año 1973. El dinero posibilitó la adquisición de 6.000 metros cuadrados de terreno en la Cañada de Morales donde se instalaron viviendas prefabricadas para las familias que se quedaron sin hogar.

Distinciones

Domingo Sastre fue nombrado hijo predilecto de la ciudad por resolución del 10 de abril del año 1974, siendo alcalde José María Campoy Camacho. El 1 de abril de 1975 se acordaba la inscripción de su nombre en la lápida de lorquinos ilustres que figura en la Sala de Cabildos del Ayuntamiento. «En su recia personalidad en el mundo de las finanzas, lorquino de nacimiento, ha demostrado a través de su dilatada vida profesional su entrañable amor a nuestra ciudad y a sus convecinos, atendidos en sus demandas, y situados, profesionalmente, en distintas entidades bancarias. Lorquino de nacimiento, lo es más aún por el comportamiento de toda su vida», se puede leer en la resolución de la secretaría del Consistorio.

Cuenta en su haber con otras dos distinciones: la Medalla de Oro de la ciudad (20 de abril de 1975); y la Medalla del Trabajo en su categoría de plata coincidiendo con la celebración de sus bodas de oro en la banca el 5 de marzo de 1953.

La numismática era otra de sus aficiones y además rentable. Uno de los orígenes de su fortuna está precisamente en una colección de monedas que vendió al Patrimonio Artístico Nacional por doscientos millones de pesetas. Fue su padre quien le regaló por primera vez cien monedas de los reinados de Fernando VII e Isabel II. Tras la Guerra Civil, Sastre compró nuevas monedas, incluso contaba con tres ejemplares acuñadas en el siglo III.

En el año 1982 le sobrevino la muerte aquella de la que él mismo decía: «será bien recibida; ni la temo, ni la deseo».

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