Moros y Cristianos recrean en Belluga la fundación de Murcia

La representación contó con un nuevo decorado y la actuación del ballet Mardenix

M. DE LA VIEJA
HISTORIA. Un momento de la representación, anoche, en Belluga. / RAFA FRANCÉS / AGM/
HISTORIA. Un momento de la representación, anoche, en Belluga. / RAFA FRANCÉS / AGM

Bajo una luna redonda y plateada, en la plaza de Belluga, miembros de la Federación de Moros y Cristianos escenificaron ayer la obra de Juan José Capel en la que se rescata la historia de cómo el rey Abderramán II manda que se funde una nueva capital de la Cora de Todmid, con el nombre de Mursiya. En la puerta del Palacio episcopal se instaló un escenario con palmeras, en el que un narrador cuenta los antecedentes históricos que dieron paso a las guerras tribales entre las tribus de mudaries y yemeníes, que habitaban por la zona de Lorca.

Un yemení cortó la hoja de una parra para tapar su cantaro, del huerto de un mudarí. Eso desencadenó la muerte del yemení y que sus gentes acudieran a la ciudad de Yllud, dónde actualmente está Algezares, a pedir justicia al jefe Mudarí. El jefe yemení Abusamar fue representado por un actor, mientras que Carlos Torregrosa, de la kábila de Abul-Abbas, dio vida al jefe Mudarí. Al no acceder a las peticiones de venganza de Abussamar, se desencadena una lucha. Frente al palmeral habían situado una torre o almena, desde la que un yemení muestra la cabeza de Carlos Torregrosa, en señal de victoria. Mientras, el ballet de la kábila de Aben Mardenix interpreta unos bailes, a modo de celebración por el triunfo de los yemeníes. Después por el palmeral asomó Eduardo Gil de Pareja, en el papel de Yabid Ben Malí. Tras un dialogo con Abusamar, le transmite la orden del rey Abderramán II de que Yllud fuese destruida, y se levantase una nueva ciudad, fuerte, amurallada, rica en jardines y fuentes, con hermosas mezquitas... y que se llamaría Mursiya, en la que todas las tribus pudieran vivir en paz. Finalmente, Abusamar entona un canto a Murcia. Los aplausos coronaron la actuación de todos.

Antes de la representación, Moros y Cristianos tuvieron una tarde movida. En la iglesia de San Andrés, donde recibe culto habitualmente la antigua patrona, Nuestra Señora de la Arrixaca, se celebró la tradicional ofrenda de flores. Después kábilas y mesnadas desfilaron por las calles.

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