La caída del muro

El maleficio de cuartos ya es historia gracias a un grupo de jugadores que lo ganaron todo con la selección en su etapa juvenil

ÓSCAR GONZÁLEZ
POR FIN. El balón lanzado por Cesc Fábregas impacta en la red y España se clasifica para las semifinales. / AFP/
POR FIN. El balón lanzado por Cesc Fábregas impacta en la red y España se clasifica para las semifinales. / AFP

Sin necesidad de jugar bien, pero sabiendo competir, la selección española se graduó anoche en la Eurocopa, ahuyentó los fantasmas del pasado y se clasificó para semifinales por primera vez en casi un cuarto de siglo, tras derrotar a una pobre selección italiana a la que aplicó su propia quinina.

Con todo en contra, después de haber hecho más méritos que el rival en 120 minutos, España rompió todos los maleficios. Primero, el que le impedía pasar de cuartos y, después, el que le señalaba siempre como perdedor en una tanda de penaltis.

Y eso que, contaminados por los fracasos previos, tanto propios (en el Mundial) como de generaciones anteriores, los jugadores españoles no se han podido sacudir hasta hoy la condición de sospechosos habituales.

Ni su trayectoria, con nueve triunfos consecutivos y sin derrotas desde noviembre de 2006, ni el juego desplegado ante rusos, suecos y griegos, evitó que se los mirase con desconfianza. Llegados los cuartos de final, todos (afición, prensa y hasta directivos) se prepararon para afrontar de la mejor forma posible el desánimo.

Malos y leyendas

Porque la selección española ha tenido que vivir durante décadas de los recuerdos. De leyendas como la de Belauste y su "Sabino a mí el pelotón que los arrollo", en los Juegos de Amberes (1920), o de gestas como el cabezazo de Marcelino a la Unión Soviética (1964). De algunas alegrías efímeras (el gol de Zarra a la "Pérfida Albión" o los cuatro de Butragueño a Dinamarca).

Pero, sobre todo, de excusas. Hubo malos malísimos (Tassotti, Al Ghandour), héroes caídos en desgracia (Arkonada, Salinas, Cardeñosa...) o mala suerte (los penaltis fallados por Eloy, Nadal y Hierro y Raúl).

Su paso por los grandes torneos tuvo resonancias míticas. Como un moderno Sísifo, el equipo español iba marcando goles montaña arriba, iba acumulando ilusión, hasta que, en cuartos, desinflaba la esperanza y la echaba a rodar cuesta abajo, hasta una nueva fase final en la que repetía la historia.

Los cuartos de final se convirtieron en un muro infranqueable contra el que chocó el fútbol español, sin otro consuelo en el éxito de sus clubes.

Tantos sueños rotos han ido ocultando la realidad de un equipo joven, que perdió la inocencia en Alemania y ha ganado carácter competitivo con el paso de algunas de sus estrellas por el fútbol inglés.

Un equipo repleto de títulos en su etapa juvenil (Xavi y Casillas, campeones del mundo sub'20; Torres, Iniesta, Silva, Cesc...ganadores de Europeos sub'17 y sub'19).

Críticas

Esta selección española, además, se ha hecho fuerte gracias a las críticas. El acoso al técnico por no convocar a Raúl reforzó la unión de la plantilla con Luis Aragonés, con unos jugadores dispuestos a demostrar su valía frente a quienes lo fiaron todo a la presencia o no del capitán madridista.

No lo tuvieron fácil, porque de salida se les echaron encima todos los fantasmas. Por eso, quisieron ser lo más parecido a su rival en los primeros 45 minutos, cuando su mayor obsesión fue no perder el balón.

Tras el descanso, vivió al borde del desastre, porque apostar con Italia, que acostumbra a guardar el comodín para el último momento, es arriesgado, pero también este equipo se ha acostumbrado a matar a su rival en el último momento.

Lo hizo contra Suecia, para asegurar el primer lugar del grupo, y repitió anoche, tras apurar la prórroga y llegar a una tanda de penaltis en la que, en esta ocasión, no le temblaron las piernas y tuvo a Iker como salvador. Para seguir confiando en el futuro, el jueves, contra Rusia.