«Me han insultado y se han acordado de mis muertos; indiferencia no provoco»

El creador de 'Homenaje a los poetas', la escultura de 20 metros de altura que los hermanos Fuertes donan a la ciudad de Murcia, habla de los dolores sufridos en su último 'parto' artístico

ANTONIO ARCO|
'HOMENAJE A LOS POETAS'. Imagen de la escultura de José Lucas para la ciudad de Murcia. / JUAN LEAL/
'HOMENAJE A LOS POETAS'. Imagen de la escultura de José Lucas para la ciudad de Murcia. / JUAN LEAL

Homenaje a los poetas. Un círculo jamás cerrado a la vida y una herida abierta en la rotundidad del acero. Brota inquietud. Ahí está, escondida y acechante, demoledoramente rotunda, la pasión de José Lucas (Cieza, 1945) por García Lorca y por Rilke, cuyos ángeles terribles y conmovedores puede que terminen eligiendo esta pieza sin explicación para habitar en ella. Durante semanas, el artista, pese a que suele decir que «siempre estoy en huelga conmigo mismo y con el entorno», ha trabajado de forma irracional, sin horario alguno y bajo un sol sofocante, en ella. Ya está lista. En unos días, todo estará a punto para su inauguración. Una cicatriz en el tiempo.

-Concluido el parto, ¿qué sensación predominante le ha quedado?

-Primero, de duda. Me ha invadido la duda: ¿Esto es realmente lo que yo he querido hacer? Después, me ha invadido la curiosidad: ¿Podría haberle dado otra lectura distinta a la que he conseguido darle? Y tercero: han aparecido las expectativas de futuro y un gran asombro. Y no digo asombro en el sentido de haberme asombrado de mi propia hazaña, sino asombro por el hecho de comprobar que el espacio es infinito, que la dimensión de las cosas puede ser infinita, que todo puede tener un lenguaje absolutamente incontrolado, incontrolable y desmesurado. Asombro por manejar un lenguaje que puede no tener fin.

-¿A qué expectativas se refiere?

-Esta obra me ha abierto la puerta del entendimiento... Homenaje a los poetas puede ser el origen de una serie de piezas futuras a las que veo muchas posibilidades. La curiosidad y el asombro se han multiplicado en mí.

-¿Ha sido un parto muy duro?

-El parto ha sido feliz mientras yo he estado solo pariendo, pero en cuanto la comadrona, la terrible comadrona de la administración municipal, es decir los funcionarios públicos técnicos, han intervenido en el alumbramiento, éste se ha complicado mucho. Se ha atrasado demasiado por la intervención desesperante de los técnicos de la administración.

-¿Por qué desesperante?

-Qué lentitud, qué parálisis, cuántos obstáculos. Me consta que el concejal de Urbanismo, Fernando Berberena, ha hecho un gran esfuerzo para que las cosas se agilizaran, pero está claro que, tanto los políticos como toda la ciudadanía, topamos con ese cáncer que es una parte del funcionariado de la administración española. No tienen ninguna voluntad de servicio público; el funcionariado es el cáncer de la vida moderna.

-¿A qué lo achaca?

-El sueldo fijo es fatal. Se mueven en la inercia y en la parálisis. Pese a todo, hemos conseguido llevar a buen puerto la obra, aunque todavía quedan flecos del jardín que rodeará la obra.

-¿Por qué ha participado en todo momento en la instalación de su escultura en la rotonda?

-Debía ser así si quería que tuviese, como así ha sido, la dimensión exacta que el entorno pide. La pieza está concebida y realizada de una forma en que, sin mí, sin mi presencia y mi dirección, era muy difícil ir haciéndola realidad. Todo va soldadura a soldadura, arañazo a arañazo... Sobre la marcha he ido dibujando de nuevo la obra. Ninguno de los obreros se ha atrevido a soldar un solo trozo de acero sin mi presencia. Sobre la marcha hemos ido improvisando formas, volúmenes, que en el boceto inicial no estaban. Era muy necesaria la presencia del creador. Es una pieza muy singular, nada se ha dejado a la improvisación.

-De nuevo ha huido usted de la obra cómoda, amable, relajante.

-Yo no soy un pintor relajante, ni lo he pretendido nunca. Pretendo ser un creador transformante.

-Le ha salido una bofetada.

-El arte que ha prevalecido a lo largo de la Historia siempre ha sido una bofetada en el momento en que ha sido hecho. Cuando Picasso hizo Las señoritas de Aviñón fue un puñetazo mortal. Braque y Matisse dijeron: Este bárbaro nos quiere dar a beber petróleo y hacer comer broza. El mejor arte de todos los tiempos siempre ha sido para sus contemporáneos una bofetada.

-Pero parece una obra contra la propia ciudadanía, al mismo tiempo que contra el aburrimiento, la apatía y lo asumido.

-Es un latigazo contra la rutina, un latigazo para despertar las conciencias de aquellos que no son capaces de discernir o de criticar el mundo que les ha tocado vivir, o que les han impuesto vivir. Un latigazo para todos los que dejan de ser seres pensantes. Viven rutinariamente sin intentar transformar la sociedad. Es un latigazo para despertar las conciencias de la gente y que se sepa que el mundo es cambiable cada segundo de nuestra existencia. No podemos aceptar el mundo que nos han impuesto. Y como los seres que cambian, para bien, las conciencias de las personas son los poetas -los buenos- y los creadores -los buenos-, desde que hice el primer rayajo del primer boceto quise que fuese un homenaje a la poesía y tuve claro el título: Homenaje a los poetas.

-Alguien ya la ha bautizado como 'Homenaje a los Chatarreros de Rumanía' o algo así.

-Es que los chatarreros de Rumanía y de por ahí son grandes poetas, sin duda.

Ofensas

-¿Cómo le sientan las reacciones airadas que su obra provoca?

-La ofensa y la humillación no están hechas para mí, son para almas muy resignadas, de esas que se llaman a sí mismas cristianas, pero que luego no tiene nada de cristianas. Pero reconozco que hay algunas críticas que me hacen pensar y que, por lo tanto, las considero válidas.

-¿Cuál ha sido la crítica más dura recibida hasta ahora?

-He soportado que aparezca un niñato en una moto, que me llame por mi nombre, sin conocernos de nada, y que me diga: ¿Pepe Lucas, vaya una mierda que estás haciendo aquí! Me hizo pensar: ¿Tendrá razón este cabrón? Yo siempre estoy a favor de la juventud, y lo que me digan los jóvenes me vale más que lo que me puedan decir muchos catedráticos de las mejores universidades del mundo. Me quedé reflexionando: A ver si yo estoy equivocado y él tiene razón. Pero, rápidamente, arrancó la moto y, como despedida, exclamó: ¿Me cago en tus muertos! Parece que se sintió realmente ofendido por mi obra.

-¿Se ofendió usted?

-Me han insultado y se han acordado de mis muertos; indiferencia no provoco; por lo menos hemos cabreado a alguien. El arte que relaja no es perdurable y hay que quitárselo de encima.

-¿Cree que, en general, los murcianos valorarán su obra?

-Esta obra no es para los murcianos de hoy, es para los nietos de los nietos de los murcianos de hoy; ellos la valorarán mejor, sin duda.

-¿Qué opinión le merece la instalación de esculturas públicas en las calles de Murcia?

-Me parece una buena idea del alcalde, Miguel Ángel Cámara. Creo que Murcia se convertirá en un ejemplo.

-¿De qué?

-Hay esculturas de las que se han instalado que son un total desacierto, pero hay otras que son piezas muy importantes.

-¿Por ejemplo?

-La de Miquel Navarro.

-¿Y cuál más?

-La de... ¿cómo se llama éste?

-¿Se refiere a Rafael Canogar?

-Sí, la de Canogar también es buena.

-¿Alguna más?

-No me pregunte por ninguna más porque ya no le voy a decir nada más. A mí me interesan las que me interesan.

-Homenaje a los poetas ha sido pagada por los hermanos Fuertes, que la donan a la ciudad de Murcia. No es la primera vez que ejercen de mecenas de usted.

-Al margen de la amistad que me une con la familia Fuertes, muy buena desde hace muchísimos años, está claro que están haciendo una labor de ayuda al arte muy a tener en cuenta. Han ido haciendo una de las de la colecciones de arte más numerosas de las que hay en Murcia, con algunas piezas muy importantes; por ejemplo, algunas de Pablo Serrano y alguna otra de Mompó.