Cohechos Morales y Asociados S.L.

Relato del viaje a Vigo del ex alcalde totanero y actual diputado para intentar cobrar una multimillonaria comisión y de cómo los agentes de la UCO le controlaron en todo instante

RICARDO FERNÁNDEZ
LIBRE. Morales, a las puertas del Palacio de Justicia de Murcia, tras prestar declaración y dictarse un auto de prisión eludible bajo fianza de 200.000 EUROS. / VICENTE VICENS/AGM/
LIBRE. Morales, a las puertas del Palacio de Justicia de Murcia, tras prestar declaración y dictarse un auto de prisión eludible bajo fianza de 200.000 EUROS. / VICENTE VICENS/AGM

Los mejores guiones los escribe la realidad. Y eso vale para los relatos románticos, los dramas, las historias de acción o las tramas policiacas, de intriga y de crónica negra, que son las que ahora nos ocupan.

El argumento de esta película es el que sigue: el alcalde de una mediana localidad del sureste español, por nombre Totana, negocia una multimillonaria comisión con un grupo inmobiliario gallego, nada menos que 3,6 millones de euros, a cambio de recalificarle unos terrenos de 2,2 millones de metros cuadrados en los que construir 5.000 viviendas y un campo de golf. Pero uno de sus concejales y hombre de confianza se entera del chanchullo y logra desalojarlo de la Alcaldía. Desde su cargo, sin embargo, el nuevo alcalde intenta quedarse con la comisión y se inicia lo que parece una carrera entre ambos, y sus respectivos testaferros, por ver quién se hace antes con el ilícito regalo.

Entretanto, un intermediario, a quien el resto de implicados en la trama ha dejado compuesto y sin novia, o sea, sin su parte del botín, mueve Roma con Santiago para volver a entrar en el negocio y amenaza con llevar el caso a la Fiscalía, a la dirección nacional del PP, a la asociación Manos Limpias, a la prensa... Tanto se mueve y se mueve que el asunto acaba llegando a oídos del fiscal y se inicia una investigación secreta, con los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil siguiendo el rastro de todos como sabuesos. Al final los pillan y todos se quedan sin pastel. ¿El desenlace último? Cuando llegue el juicio se conocerá.

«CÁMARA, ¿ACCIÓN!»

Plano 1, secuencia 1, toma 1. El nuevo alcalde popular de Totana, José Martínez Andreo, habla por teléfono con el ex concejal Juan Francisco Casanova. La conversación, intervenida por los UCO, concluye de la siguiente forma:

-Andreo: Mmm. Está claro.

-Casanova: Y punto.

-Andreo: Venga vale, vale, ok.

-Casanova: Pero eso sí, a nadie, Pepe, hostia.

-Andreo: No, no, pero si lo tengo claro, si lo tengo claro.

-Casanova: ¿Eh? Esto tú, yo, tú y yo, y punto.

-Andreo: Ya.

-Casanova: Ni a tu mujer, ni yo a la mía.

-Andreo: No te preocupes, no te preocupes.

-Casanova: ¿Me entiendes o no?

-Andreo: Sí, lo tengo claro, si eso lo tengo yo claro.

-Casanova: Exactamente, ahí eso, pa ti y pa mí, y punto.

-Andreo: Venga, ok.

-Casanova: Hasta luego, Pepe

-Andreo: Venga, hasta luego.

Más tarde, ambos explicarán que estaban hablando de un negocio legal, de la venta de unos terrenos de Casanova. Pero la Guardia Civil hace constar en el informe dirigido al juzgado que nadie toma tantas prevenciones cuando el asunto es lícito. Y llegan a la conclusión de que el objetivo es quedarse con la comisión que pactó el anterior munícipe, Juan Morales. A partir de ese instante, y durante meses, los agentes se convertirán en la sombra de unos y otros.

RECONOCIMIENTO DE DEUDA

Como Morales, obviamente, no podía figurar en documento alguno, se había acordado supuestamente con los promotores del plan parcial en El Raiguero -conocidos entre los implicados en la trama como los gallegos- que éstos firmasen un reconocimiento de deuda, por importe de 3,6 millones de euros, en favor de la sociedad Nubia Inversiones, que estaba controlada por el intermediario Joaquín Carmona. El problema surge cuando éste se queda presuntamente con un dinero del jefe de los gallegos, el empresario y abogado viguense Manuel Núñez Arias, y es expulsado del negocio. Entonces surge entre Morales y su hombre de confianza, el empresario totanero Gabriel Martínez, de Huevos Maryper, el temor a que no puedan llegar a cobrar la comisión presuntamente pactada. Ambos hablan por teléfono y estudian cómo recuperar el control de la operación:

-Gabriel Martínez: Bueno, es que Joaquín y él se pelearon.

-Juan Morales: ¿Ah, sí?

-Martínez: Dejaron el negocio yyyyy, bueno, igual te llamó por eso. Eso está bien; según José Antonio (Alcántara, otro intermediario) y Joaquín, no hay problema.

-Morales: Pues te lo digo pa que hagas tú las, las correspondientes indagaciones.

-Martínez: Vale.

-Morales: Porque no le quise ni coger el..., bueno..., la llamada de Joaquín la vi..., al otro sí que le cogí el teléfono, pero no, no, no lo de que...

-Martínez: Ahora va cada uno por su cuenta.

-Morales: Ahhhhhh.

-Martínez: Y, bueno, en principio yo creo que no hay ningún..., que no hay problema. De todas maneras, yo le pregunto a José Antonio.

-Morales: Porque aquello, ¿aquello lo cerraron ellos, no?

-Martínez: Sí.

-Morales: ¿Lo cerró Joaquín, no?

-Martínez: Joaquín, sí. Vamos. Yo sé que ellos tienen sus rifirrafes, ¿no?, pero ya está. Por lo demás, en principio, con los dos bien, o sea, que no hay...

-Morales: ¿Eso lo tenías tú bien amarrado con Joaquín?

-Martínez: Buuueno, ahí está, ahí está.

-Morales: Ya.

-Martínez: Yo creo que no va a haber ningún problema.

-Morales: Lo digo por eso, porque si tenemos que ver a esta gente o lo que sea, pues...

-Martínez: Pues lo comento con ellos y te digo algo.

-Morales: O si tenemos que ir directamente a los gallegos, lo vemos, ¿me entiendes? Que no sé, no, ¿cómo puedes tú arreglar el tema?

-Martínez: Yo entiendo que no... Vamos, de todas formas, te digo algo.

El viaje a Vigo, que fue controlado por decenas de agentes y que constituye el momento más espectacular de la historia, empezaba a gestarse en ese mismo instante.

ACTA DE LA FUERZA ACTUANTE

«Que en cumplimiento de lo acordado por el instructor de las presentes diligencias, y a fin de comprobar la reunión entre Manuel Núñez Arias y Juan Morales Cánovas, José Antonio Alcántara y Gabriel Martínez, en la sede de Inmonuar S.L. de Vigo (Pontevedra), los agentes arriba reseñados, el 25 de octubre de 2007, toman posiciones en el aeropuerto de Barajas (Madrid) para controlar la llegada de Morales, Alcántara y Martínez, en el vuelo IB 353, procedente del aeropuerto de El Altet (Alicante). A las 19.15 horas toman tierra y a continuación se dirigen hacia la sala VIP de la T4».

Un agente, perfectamente caracterizado como hombre de negocios, los sigue. Se sienta apenas a tres metros de ellos y registra su conversación con una grabadora. Escucha a Morales decir: «Yo no puedo firmar nada, pero hay que hacer algún documento donde las comisiones lleguen para todos y luego cada uno recoge su parte».

Alcántara afirma, segundos después: «Lo que le vamos a proponer a don Manuel es que, en vez de los 600 millones (de pesetas), nos dé 400 en billetes y nos bajamos el viernes con ellos en una bolsa para Murcia».

Los agentes apostados en Barajas concluyen su atestado: «A las 22.10 horas -escriben- salen de la Sala VIP de la T4 para coger el vuelo IB 584, con destino a Vigo (Aeropuerto de Peinador). Y para que conste, se extiende la presente, que firma la fuerza instructora y demás intervinientes».

En el aeródromo vigués, por supuesto, otros agentes ya esperan la llegada de los tres murcianos.

RECONOCIMIENTO DE DEUDA

«Que en cumplimiento de lo acordado... bla, bla,bla... los agentes arriba reseñados toman posiciones en el aeropuerto de Vigo».

A las 23.05 horas, Morales, Martínez y Alcántara toman tierra, salen de las instalaciones aeroportuarias y toman un taxi Peugeot 406, que les conduce hasta el hotel Hesperia, sito en la avenida Florida 60 de Vigo. Sólo abandonan ya el hotel para tomarse unas copas en el pub Os Condes. Después, a dormir. Al día siguiente deben estar bien despiertos.

A las 9.28 horas del 26 de octubre llega a la sede de Inmonuar su propietario, el empresario Manuel Núñez Arias, al volante de su Porsche Cayenne negro. Los guardias civiles de la UCO lo fotografían.

Son las 10.20 horas cuando el trío de los murcianos deja el hotel Hesperia y se dirige, de nuevo en taxi, esta vez un Seat Toledo, al encuentro con Núñez Arias.

La reunión se prolonga hasta las 14.03 horas, momento en que los cuatro abandonan el edificio y se dirigen hacia el restaurante Las Bridas, en la calle Ecuador número 52, donde comen en un reservado.

A las cinco en punto abandonan el local, vuelven a subir al Cayenne y a las 17.15 horas están ya en el aeropuerto de Vigo. Se despiden del empresario, se dirigen hacia el mostrador de facturación, donde recogen los billetes, y se encaminan hacia el control de pasajeros.

A las 18.00 horas toman el vuelo IB 356, con dirección a Madrid.

La labor de los ocho agentes de la Guardia Civil, especialistas en seguimientos, ha tocado a su fin.

En el aeropuerto de Barajas, y más tarde en el aeródromo alicantino de El Altet, donde arriban a las 22.00 horas, hay otro puñado de agentes esperándoles, aunque no precisamente con ramos de flores. Todos portan grabadoras y cámaras de fotos y vídeos.

Actúan, los guardias civiles, como auténticos paparazzis, pero no trabajan para la prensa del corazón. Lo hacen por orden de un juzgado, aunque también es cierto que su atención se dirige, no hacia estrellas del papel couché, sino hacia tres sospechosos de participar en un delito de cohecho.

«HA IDO BIEN, MUY BIEN»

A las 22.15 horas, exactamente, Morales, Martínez y Alcántara «son avistados sin ningún género de dudas en el departamento de llegadas de la terminal del aeropuerto de El Altet», reseñan los agentes en su acta, que está en posesión de La Verdad, al igual que todos los documentos antes mencionados.

Caminan hasta el aparcamiento y suben a un Mercedes de color azul, a cuyo volante se sienta Gabriel Martínez. El vehículo es seguido con discreción hasta Murcia, donde a las 22.50 horas detiene su marcha junto al centro comercial Zig Zag. Descienden Juan Morales y José Antonio Alcántara.

Cinco minutos más tarde, una mujer, conduciendo un Toyota RAV4, recoge a éste último y se dirigen ambos hacia su domicilio.

De Morales nada vuelve a saberse, pues su rastro se pierde en ese punto. No es difícil imaginar que hizo una visita a su novia brasileña, Veneide Freita, también imputada en el caso, que residía a menos de cincuenta metros de ese punto, en un piso propiedad del ex alcalde totanero y actual diputado del Grupo Mixto de la Asamblea Regional.

¿Se habían marchado satisfechos? ¿Habían conseguido su propósito? ¿Les había garantizado Manuel Núñez Arias que la comisión sería para ellos, como presuntamente pretendían al iniciar el viaje hacia Vigo?

Los agentes que habían hecho los seguimientos no tenían respuesta. Pero ya para entonces sus compañeros habían interceptado una conversación de Juan Antonio Alcántara, que aclaraba bastante ese extremo. El intermediario había telefoneado a su esposa desde Vigo. Esto le dijo:

-Alcántara: Y, ná, bueno, fenomenal.

-María: ¿Y qué, cómo habéis quedado?

-Alcántara: Muy bien, muy bien todo, muy bien..

-María: A ti la voz se te nota...

-Alcántara: Booo, de cansao, estamos...

-María: De cansado y de lo que has hablado.

-Alcántara: No, no, no (no se entiende). Hemos hablao todos y las cosas han quedado todas más claras que el óleo. Y la semana que viene hemos quedao con él en que nos dirá, dónde y tal y que cuál, que nos tiene que dar un dinero de lo que, eso, sabes, y nos va a dar ya alguno y... ya está. Muy bien, muy bien. Ya te contaré.

«DESPEJANDO RUMORES»

El pasado 10 de abril, cuando Juan Morales fue citado a declarar como imputado ante el magistrado instructor de la Sala de lo Civil y de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Murcia, Julián Pérez Templado, explicó que se había dirigido a Vigo con la voluntad de aclarar con el empresario Núñez Arias los rumores existentes sobre la petición de una millonaria comisión. En virtud de lo observado por los agentes y de las conversaciones intervenidas en la sala VIP de la T4, así como de esta última conversación telefónica, tal explicación no resulta demasiado verosímil.

Por si faltaba algo, copias del citado documento de reconocimiento de una deuda de 3,6 millones de euros, suscrito entre Inmonuar y Nubia Inversiones, fue encontrado en poder de todos los sospechosos. Y la gran mayoría de ellos, incluido su gran amigo y hombre de confianza Gabriel Martínez, admitieron que Morales había negociado ese cobro.

El desenlace, de cualquier modo, lo escribirán los jueces con su sentencia. Aunque para ello habrá que esperar todavía muchos meses.

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