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Lorca

LORCA
El legado de Wssel de Guimbarda
El artista, del que se conmemora el centenario de su muerte, pintó el Crucificado de cinco metros que preside el altar mayor de la Colegiata de San Patricio
31.05.08 -

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El legado de Wssel de Guimbarda
CALVARIO. Cuadro, de más de cinco metros de alto, que preside el altar mayor de la Colegiata de San Patricio con fondo tenebroso con ráfagas cárdenas. / PACO ALONSO / AGM
Cartagena ha acogido hasta el pasado mes de abril una gran exposición organizada para conmemorar el primer centenario del fallecimiento del pintor Manuel Wsell de Gimbarda. El pintor, que nació en La Habana el 26 de noviembre de 1833 y que falleció en Cartagena el 9 de mayo de 1907, era hijo y nieto de militares cartageneros. Manuel Ussel de Guimbarda y Malibrán, que a partir de su estancia sevillana firmará sus obras como Wssel de Guimbarda, dejó en Lorca un legado pictórico que puede contemplarse en diferentes monumentos de la ciudad.

El notable pintor, en cuyas obras se puede encontrar influencias de las de Murillo, es autor de las pinturas del techo del vestíbulo y hueco de escalera de la casa de don Raimundo Ruano, conocida como el Palacete de Huerto Ruano. Con motivo de la puesta en valor del monumento, las pinturas también fueron recuperadas en el taller de restauración de la Escuela de Artes Plásticas del Palacio de Guevara.

Los trabajos fueron dirigidos por el director de la escuela, Juan Jiménez Asensio, quien hizo que recuperaran todo su encanto de antaño. En el edificio, de estilo ecléctico, que se convirtió en un punto de referencia para los gustos arquitectónicos de la alta burguesía de la época, el artista dejó pinturas que representaban alegorías de las Artes y de las Cuatro Estaciones.

La restauración de las pinturas se hizo coincidir con la rehabilitación del inmueble, a finales del siglo pasado. Las pinturas, en lo más alto de la escalera, pueden ser contempladas en épocas puntuales del año, coincidiendo con actos e inauguraciones de presentaciones de volúmenes y de exposiciones como la que estos días se muestra en diferentes salas de la primera y segunda planta.

Pero no son las únicas obras existentes del pintor cartagenero en la Ciudad, ya que en la Colegiata de San Patricio dejó importantes pinturas. Algunas de ellas, han sido restauradas en los últimos años, y otras, sufren graves daños como consecuencia de las revueltas originadas durante la Guerra Civil Española.

Entre las obras más significativas está un cuadro que preside el Altar Mayor de la Colegiata de San Patricio. Se trata de Cristo Crucificado, un cuadro de más de cinco metros de alto, sobre un fondo tenebroso con ráfagas cárdenas. Ésta pintura data de 1894. En su parte baja, junto a la cruz, es bien visible un gran agujero, como también lo es otro, en uno de los brazos de una figura en la parte inferior derecha de la obra. De la misma época es el Martirio de San Bartolomé, parcialmente destruido en 1936.

Manuel Wssel de Guimbarda también dejó un grupo de pinturas que decoraban la antigua capilla de San Antonio hoy de Cristo Resucitado. Hace varios años, dos de sus lunetos con ángeles cantores, fueron restaurados hasta conseguir recuperar su vistosidad inicial. Las cabezas de los querubes existentes en el techo de la misma aparecían fragmentadas por el fuerte deterioro sufrido en los últimos años a causa de las humedades. Son óleos sobre lienzo, de colorido en tonos suaves, blancos, beiges y rosas, de buen dibujo y composición.

En el extremo inferior derecho de uno de ellos aparece la inscripción: Pintó esta capilla Wssel 1894. El decorado es a base de nubes, ángeles cantores y serafines de la bóveda, lunetos y muros. En el libro Artistas levantinos de 1931 de Joaquín Espín se hace referencia a que el pintor también hizo para San Patricio una Virgen del Carmen y un San Pedro, figuras de tamaño natural, colorido agradable y paños duros. Ambos se encontraban colocados en los muros laterales de la capilla de San Francisco de Paula, aunque pudieron desaparecer durante la Guerra Civil.

Copia de Ribera

La que ha conseguido sobrevivir al paso de los años y al conflicto vélico, aunque mutilada, es una pintura de El Martirio de San Bartolomé. De la copia de Ribera sólo se pudo salvar una parte del cuadro, por lo que hace años el pintor lorquino fallecido hace algunos meses, Manuel Muñoz Barberán, recuperó con su pincel la parte desaparecida.

En ella, aparecen en primer término dos bustos de hombre y mujer de descomunal tamaño y violenta colocación, que presencian compungidos y horrorizados el desollamiento del santo. Es un enorme lienzo pegado sobre el muro, que se colocó el 24 de agosto de 1898. La pintura aparece en el crucero, en el lado del Evangelio.

En su margen inferior derecho aparece un texto escrito cuya leyenda reza: «Destruido por las turbas este lienzo, el año 36, hasta la altura de las costillas bajas del Santo, fue completado, sin repintar la parte superior el 1949, siendo cura D. Bartolomé López Cerón. Hizo el primitivo lienzo Wssel de Guimbarda. Lo restauró Muñoz Barberán ¯de un original de José de Ribera¯. Laus Deo».

De Manuel Wssel de Guimbarda también es un magnífico San Jerónimo que se guarda en el Fondo Cultural Espín, dependiente de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, Cam, que permanece desde hace algunos meses cerrado a cal y canto debido a las obras de remodelación que se llevan en su interior. El cuadro perteneció al dueño de la vivienda, el que fuera archivero municipal, Joaquín Espín Rael.

De Wssel algunos han escrito que era un pintor todoterreno, con una amplísima obra que abarca todos los géneros, incluido por la estética de la época y enfocado a complacer al grupo dirigente.

Partiendo de sus contactos personales, constituirá una clientela entre la buena sociedad sevillana a la que proporcionará lo que demandaba: retratos, pintura de género y copias de las grandes obras. Su producción anual, que supera ampliamente el centenar de obras, se vendía sin grandes dificultades en el mercado andaluz e inundaba las colecciones extranjeras.

Tras un paso por Sevilla se estableció en Cartagena donde ejerció hasta su muerte una auténtica dictadura pictórica en la Ciudad. Suyas son las decoraciones más importantes, como la del Ateneo, la sede de la Complañía de Electricidad Anhemeyer o la del teatro, sin olvidar su labor para otras ciudades como Lorca. Además, su labor pedagógica le proporcionó numerosos discípulos. En poder de particulares existen también en nuestra ciudad algunos trabajos del artista cartagenero.
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