«A Juan Manuel lo tenían enjaulado en la garita»

Denuncia que Interior permite fallos de seguridad en los cuarteles

JOSÉ ALBERTO GONZÁLEZ
Alejandro Marín. / P. SÁNCHEZ / AGM/
Alejandro Marín. / P. SÁNCHEZ / AGM

Representa al tercer colectivo de guardias civiles más numeroso del país. Alejandro Marín, secretario de organización nacional de la Confederación Española de Guardias Civiles, asegura que la muerte del agente Juan Manuel Piñuel como consecuencia del atentado de ETA en Legutiano (Álava) podría haberse evitado si el cuartel hubiera tenido un perímetro de seguridad exterior reclamado «desde hace años» por los agentes. En declaraciones a La Verdad, lo afirma con conocimiento de causa, porque él, aunque ahora está en la reserva en Cartagena, estuvo destinado en esa casa-cuartel de 1982 a 1986.

-Denuncian que el cuartel de Legutiano no guardaba todas las medidas de seguridad para proteger a los agentes y a las familias que viven allí.

-Estamos convencidos de que, con el espacio que existe en el solar que rodea las cuatro fachadas del cuartel, podía haberse diseñado un perímetro de seguridad de unos 30 a 40 metros de anchura vigilado por cámaras. Además, la garita de la casa cuartel, en la que estaba el compañero asesinado, está situado prácticamente al borde de una carretera nacional. Juan Manuel Piñuel no tendía que haber estado enjaulado allí. Es inconcebible que estuviera tan expuesto al coche bomba de los terroristas. Tenía que haber estado dentro del cuartel, ante el panel de videovigilancia.

-¿Creen que se podría haber evitado la muerte de este agente?

-Al menos por el impacto tan brutal de estar tan cerca del coche bomba, totalmente.

-¿Han detectado otras deficiencias?

- Sí. Ese cuartel, como otros del País Vasco, tiene más de treinta años de antigüedad. A lo largo de los años venimos denunciando el estado ruinoso y precarios de los cuarteles. El Ministerio del Interior ha ido poco menos que haciéndoles remiendos. Hacía falta el perímetro de seguridad para no estar tan expuesto a algo tan imparable e imprevisible como el paso de un coche bomba. El tener videovigilancia no quita para que, además, haya una patrulla de vigilancia a lo largo del perímetro. A nuestro compañero fallecido le han colocado el coche al lado y ha sido el primero en sufrir las consecuencias. Desgraciadamente.

-¿Qué responsabilidad en concreto le atribuye su organización al Ministerio del Interior?

-Se incumple la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, que establece que deben ponerse todas las medidas para no correr riesgos innecesarios. El Estado ha de poner todos los medios a su alcance en la lucha antiterrorista, que es una lucha totalmente desigual entre el terrorista y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. La administración debe velar por la seguridad de los agentes y anticiparse para preservar la vida de sus funcionarios, que prestan servicios a la sociedad democrática. Pero también hay que tener en cuenta los problemas con los ayuntamientos.

-¿A qué se refiere?

-A que en el País Vasco, la Guardia Civil se encuentra el problema de que, al querer hacer reparaciones o construcciones, los ayuntamientos gobernados por partidos radicales o abertzales obstaculizan la concesión de licencias. Te hacen la vida imposible burocráticamente.

-¿En qué municipios ha sufrido la Guardia Civil esta situación?

-No podemos decir nombres por discreción, para proteger a los mandos policiales. Pero hay muchos ejemplos. No sólo del País Vasco, sino también de Navarra. A veces se dificulta desde las instituciones que la Guardia Civil mejore la seguridad en sus acuartelamientos.

-Eso es antidemocrático, además de una ruindad moral.

-La palabra que mejor lo define es fascismo. Fascismo de apoyo a ETA. Es 'Haz lo que yo diga pero no lo que yo haga'.

-Antes ha utilizado la palabra guerra. ¿Cómo viven esta situación los agentes, sobre todo los destinados en el País Vasco?

-Los guardias civiles prácticamente vivimos en guerra. Los cuarteles no dejan de ser guetos. Son dianas en el punto de mira de los terroristas. Saben donde estamos. Estamos enjaulados. Toda las medidas de seguridad son pocas, pero el Estado debe cumplir al menos lo básico.

-Usted estuvo destinado cuatro años en el País Vasco. En concreto, en el mismo cuartel donde ha atentado ETA. ¿Qué sintió al enterarse?

-Estaba tomándome un café en un bar y vi las imágenes por televisión. Fue una sensación de escalofrío y parálisis total. Primero porque es un compañero y segundo porque recordé a los compañeros y amigos que aún están destinados allí. Pensé en que la magnitud de los daños podía ser incalculable.

-Usted prestó servicio en Legutiano en un momento especialmente duro en la lucha contra ETA.

-Soy de la primera promoción de guardias que fueron destinados forzosamente al País Vasco en periodo democrático. Enterrábamos a compañeros un día sí y otro también. Y había una gran escasez de amparo social. La reacción inmediata tras un atentado era decir: 'Algo habrá hecho'.