Cees Nooteboom elogia en Murcia a Ibn 'Arabî por su amor a los viajes

Entrevistado por Antonio Arco en la Biblioteca Regional, el escritor y viajero holandés destacó del místico sufí su sabiduría y apostó por el conocimiento

N. S.
QUEDA LA PALABRA. Cees Nooteboom y Antonio Arco conversan, ayer, antes del acto. / MARTÍNEZ BUESO/
QUEDA LA PALABRA. Cees Nooteboom y Antonio Arco conversan, ayer, antes del acto. / MARTÍNEZ BUESO

Será una visita difícil de olvidar: la protagonizada ayer, a la Biblioteca Regional de Murcia, por el escritor y viajero Cees Nooteboom (La Haya, 1933), uno de los autores europeos más prestigiosos y desde hace años un firme candidato al Nobel de Literatura. Cees Nooteboom, que llegó a Murcia acompañado de su mujer, la fotógrafa Simone Sassen, con la que ha realizado el hermoso y extraño libro Tumbas de poetas y pensadores (Siruela), participó, ante un expectante auditorio poblado de lectores, escritores y gentes de la cultura de las más diversas edades, en una entrevista pública con el periodista y crítico teatral Antonio Arco; un ejercicio de conversación que contó en ocasiones con el apoyo, en la traducción, del profesor José Miralles, gestor de la presencia del escritor en Murcia.

Nooteboom aprovechó su estancia en Murcia para elogiar a Ibn 'Arabî, el místico sufí nacido en esta tierra en el siglo XX. Precisamente, uno de los grandes libros del escritor holandés, Hotel Nómada, arranca con estas palabras del histórico personaje murciano: «El origen de la existencia es el movimiento. Esto significa que la inmovilidad no puede darse en la existencia, pues, de ser esta inmóvil, regresaría a su origen: la nada. Por esta razón, el viaje no tiene fin, tanto en el mundo superior como en el mundo inferior».

Palabras que figuran en El libro de la revelación y Los Efectos del Viaje, un extenso relato de viajes del sabio árabe murciano. «Es un tratado de carácter místico, de honda religiosidad, en el que todo -Dios, el universo, el alma- se enmarca en el signo del movimiento, un movimiento que se designa a lo largo de todo el libro con el nombre de viaje», cuenta Nooteboom, quien compró el libro en París porque aparecía en él la palabra voyage. «El viaje, según el texto», recuerda, «responde a ese nombre porque alumbra la verdadera naturaleza del viajero o, por decirlo de una manera más sencilla, viajar en solitario sirve para conocerse a uno mismo».

En Cees Nooteboom, el afán de aventura, la sed de conocimiento, el humor y la ternura forman un cóctel de sabor exquisito. «Hace mucho tiempo, cuando no podía saber lo que sé ahora, opté por el movimiento, y más adelante, cuando ya sabía mucho más, comprendí que este movimiento me permitía encontrar la calma indispensable para escribir, que el movimiento y la calma, en cuanto unión de contrarios, se equilibran mutuamente, que el mundo -con toda su fuerza dramática y su absurda belleza y su asombrosa turbulencia de países, personas e historia- es un viajero él mismo en un universo que viaja sin cesar, un viajero de camino a nuevos viajes», cuenta el autor. Y cita de nuevo a Ibn 'Arabî: «En cuanto ves una casa, te dices, aquí me quedo, pero nada más llegar a la casa, ya la estás abandonando para partir de nuevo».

Nooteboom, que conversó relajado, lúcido y con ganas de hacerse entender lo mejor posible con Antonio Arco, dejó clara su pasión por la literatura y su pasión por la vida. Él no quiere ser «un escritor que cuenta anécdotas, como ocurre con una parte de la literatura inglesa o norteamericana. Intento que mis textos tengan ironía, reflexión, filosofía; a mí me gustan muchísimo autores como Vladimir Nabokov, Borges o Italo Calvino, pero soy otro tipo de escritor aunque me gusta mucho su obra. Para mí lo esencial son la meditación y el estilo». «A mí», precisa, «me preocupan las cuestiones normales de la vida y las preguntas eternas de la filosofía. Leo mucho filosofía, poesía, cartas y diarios, y poca ficción. Prefiero las cartas de Flaubert que muchas de sus ficciones».

Ponerse en camino

De entre su abundante literatura, Antonio Arco eligió para su lectura estos versos escritos por el autor de La historia siguiente en 1996: «Yo soy el camino. / Estoy como una flecha indicando a los lejos, / pero en la lejanía me pierdo. / Quien me siga hacia allá, / hacia acá, hacia aquí, / ha de ponerse en camino a la fuerza. / En camino y perderse». Nooteboom habló de vida y muerte, de sueños, de libros y de «esos arrebatos de soberbia cósmica» que a veces ha sentido frente al firmamento. Y ayer recibió afecto, admiración y aplausos.

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