Más de mil ecuatorianos han iniciado los trámites para volver a su país

J. P. P.
Patricio Garcés, cónsul de Ecuador en Murcia. / LV/
Patricio Garcés, cónsul de Ecuador en Murcia. / LV

No es un fenómeno masivo, pero cada vez hay más inmigrantes que se plantean volver a sus países de origen ante las dificultades económicas que empiezan a encontrar en la Región. Sin embargo, la incertidumbre sobre el futuro en su tierra y el gasto importante que supone hacer las maletas siguen siendo un freno para la mayoría. Por eso, los gobiernos español y ecuatoriano han puesto en marcha un programa de retorno voluntario que ofrece facilidades para quienes deseen iniciar el camino de vuelta a Ecuador. De momento, más de mil inmigrantes que viven en Murcia han comenzado el proceso, que les permitirá cruzar el Atlántico con su coche, sus muebles e incluso su maquinaría de trabajo sin pagar aranceles.

Además, el Gobierno ecuatoriano ofrecerá a partir de junio o julio «microcréditos para abrir negocios en el país y subvenciones para acceder a una vivienda», explica el cónsul en Murcia, Patricio Garcés. Será entonces cuando, previsiblemente, aumente el interés por sumarse al programa de retorno.

Los inmigrantes de otros países lo tienen de momento más difícil, aunque Rodríguez Zapatero ya anunció en su discurso de investidura que impulsará planes de este tipo. Entre otras medidas, el Gobierno central estudia abonar la subvención por desempleo en un sólo pago a los extranjeros que quieran volver.

Además, comunidades como Madrid han desarrollado ya programas de retorno voluntario en colaboración con organismos internacionales y ONG. Sin embargo, en Murcia, la Consejería de Política Social e Inmigración no ha desarrollado políticas en esta dirección, salvo un convenio firmado con la Fundación CREA que incluye microcréditos para quienes deseen hacerse autónomos. La ayuda puede cobrarse tanto si los beneficiarios se quedan en España como si se marchan a Latinoamérica. El director general de Inmigración, Leopoldo Navarro, justicia la ausencia de medidas porque «no existe una demanda» y duda del éxito del retorno voluntario «mientras las condiciones sociales en los países de origen no cambien».