Un joven que iba en coche muere tras recibir el impacto de una piedra lanzada desde el puente de una autopista

Iba de copiloto y el proyectil le seccionó la aorta, el jueves en el vial Cartagena-Alicante Encuentran más piedras en el mismo paso elevado junto a San Pedro del Pinatar

P. ALHAMA A. SALAS
RESTOS. Ayer por la tarde aún quedaban trozos de piedra en el puente desde el que fue tirada la roca contra el coche de Francisco Javier. / P.  A./
RESTOS. Ayer por la tarde aún quedaban trozos de piedra en el puente desde el que fue tirada la roca contra el coche de Francisco Javier. / P. A.

«Para morirme de leucemia, prefiero morirme rápido». Francisco Javier Martínez Huéscar había pronunciado estas palabras de camino a su casa de San Pedro del Pinatar. Al volante, a su lado, Rubén Moya nunca hubiera imaginado que aquello no era más que un vaticinio macabro. Una piedra arrojada desde un puente, sobre la AP-7, cercenaba la vida de Francisco después de atravesar el parabrisas del coche en el que viajaba. Tenía 26 años.

El pasado jueves, «fuimos a El Corte Inglés y nos dimos la vuelta. Dijimos, 'ya vendremos otro día'. Y, como él había quedado con una amiga», pusieron rumbo a San Pedro, tal como explica Rubén Moya a La Verdad.

A bordo de su Renault Megane, ambos iban hablando de fútbol. «Como jugábamos juntos en el equipo, siempre hablábamos de fútbol». Tuvieron tiempo de comentar otros temas. La chica con la que Fran, como le llamaba su familia, había quedado; las muertes de algunos parientes a causa del cáncer; y, probablemente, hablaron de las compras que no hicieron en Murcia.

Eran las nueve y media de la noche cuando el vehículo circulaba por la autopista ya mencionada. A la altura del kilómetro 778 -el penúltimo antes de llegar al centro comercial Dos Mares, desde Cartagena en dirección Alicante- se escuchó un golpe fuerte . «Empezó a decir '¡Ay Moya; Moya!' Creí que le había dado a un perro, o que estaba de broma. Porque él siempre estaba de broma».

Rubén encendió la luz interior de su coche y vio «el agujero (en el parabrisas) y a él con los ojos en blanco. La piedra la llevaba así (como cogiendo un balón con dos manos a la altura del vientre). Me fui como pude para Los Arcos».

Siete bolsas de sangre

De camino al hospital de Los Arcos, Francisco Javier daba tumbos y caía sobre Rubén. «Tenía que apartarlo para poder conducir. Iba pendiente de él, de la carretera. ¡Mierda!, de todo. Ahora estoy tranquilo porque todavía no me lo creo. Cuando el martes vaya a entrenar; cuando el jueves vayamos al partido; entonces nos iremos haciendo a la idea».

Francisco Javier llegó inconsciente al Hospital de los Arcos, «pero llegó vivo. De allí se lo llevaron a La Arrixaca. En mi vida he pasado tanto miedo».

Al herido todavía le latía el corazón. Para estabilizarle, los facultativos de la ambulancia tuvieron que utilizar «seis o siete bolsas de sangre».

Mientras, Rubén avisaba a los familiares de Francisco Javier para después personarse en el cuartel de la Guardia Civil, donde efectuó la correspondiente denuncia. «Cuando se lo dije a su madre se volvió medio loca».

En el hospital Virgen de la Arrixaca, los médicos intervinieron de urgencia a Francisco Javier. En su intento por salvarle la vida, tuvieron que extirparle el bazo y un riñón. Todo fue en balde.

Según explica José María Martínez Huéscar, la peor parte del impacto se lo llevó la parte izquierda del cuerpo de su hermano Fran. «Lo reventó por dentro. Tenía muchas lesiones muy graves. Le destrozó la aorta», arteria principal del cuerpo humano.

A las tres de la madrugada, Francisco Javier Martínez Huéscar fallecía como consecuencia de las heridas producidas por una piedra lanzada desde un puente, sobre el kilómetro 778 de la AP-7. Hoy será enterrado, después de la misa funeral que se oficia a las 11 de la mañana en la iglesia parroquial. Era el séptimo de ocho hermanos.

Según fuentes de la Guardia Civil, en el puente situado encima del kilómetro 778 de la AP-7, ayer todavía quedaban «cuatro o cinco piedras, de entre dos y tres kilos cada una, que aparentemente iban a ser lanzadas desde allí». La lluvia, que suele limpiarlo todo, esta vez había dejado marcas de otras tres rocas que presumiblemente fueron tiradas anteanoche.

«Y si son críos que no saben lo que hacen», se pregunta José María Martínez Huéscar.