Crónica de un retratista

Una exposición recoge una selección de fotografías del lorquino Pedro Menchón que son la imagen viva de una época

A. SORIANO
NIÑOS. Grupo infantil del asilo de San José de Calasanz con las Hijas de la Caridad que los acogían. / REPORTAJE GRÁFICO: PACO ALONSO / AGM/
NIÑOS. Grupo infantil del asilo de San José de Calasanz con las Hijas de la Caridad que los acogían. / REPORTAJE GRÁFICO: PACO ALONSO / AGM

Muchos lorquinos están descubriendo estos días a un paisano del que, seguramente, no tenían ni idea. Se trata del fotógrafo Pedro Menchón, y la oportunidad de este encuentro ha surgido como consecuencia de la exposición de fotografías que en estos momentos se ofrece en el Huerto Ruano.

Los responsable de esta muestra ha realizado una selección de trabajos llevados a cabo por Menchón en sus largos años de dedicación al arte fotográfico, y que proceden de tres fuentes, el Archivo Municipal, el Fondo Menchón-Rodrigo y la colección de José Miguel Bastida. Como complemento, se editó un catálogo en el que Eduardo Sánchez Abadíe analiza la vida y obra de este lorquino que vivió a caballo entre los siglos XIX y XX.

Basta recorrer la exposición y mirar con detenimiento las imágenes que se ponen ante nuestra vista, para descubrir que Menchón fue un buen retratista y registró, en su faceta de fotógrafo de calle, con bastante fidelidad y sencillez muchos aspectos de su ciudad natal.

En este sentido se pueden contemplar fotos de enorme interés como la de una subasta de agua en el Alporchón en 1921, una manifestación de regantes ante el Ayuntamiento en 1923, el interior del lavadero de la Fuente del Oro en 1922, y una revista del somatén en la plaza de Colón en 1923.

La colección que se expone incluye también la vista del Circo Krone en 1928, el entierro de Víctor Mellado Pérez de Meca en 1929 la salida de una novia en oche de caballos de 1925, el taller de bordados del Paso Azul en 1924 el accidente de un avión en el capo de Loa en 1924, y la inauguración del Monumento a los Caídos en 1939.

También se interesó Menchón por la fiesta de los toros y entre las fotos seleccionadas están la de un grupo en un palco de la plaza en 1923, la del novillero José García Maera II, y los toreros Ignacio Sánchez Mejías y José García Carranza El Algabeño, de 1925. Tampoco olvidó los acontecimientos religiosos como la coronación de la Patrona en 1944 o una rogativa con la Virgen de las Huertas al Calvario. Y, por descontado, la Semana Santa, tanto en la calle como personaje a personaje en el estudio.

Y como plasma en el catálogo Sánchez Abadíe, "el fotógrafo trata con especial aprecio, con mirada afectiva, su relación particular con una obra de caridad a la que se sintió estrechamente ligado. Me refiero al Asilo de San José de Calasanz, una institución benéfica cuyo objetivo era socorrer a la infancia abandonada. Las entrañables fotografías de los niños con la cabeza rapada y su profunda y despierta mirada, inmensa galería de expresiones, retratados en las clases, en el comedor o haciendo gimnasia, posando muy formales con sus benefactores y profesores o junto a la Hijas de la Caridad, son hoy día un testimonio visual de interés humano".

Pero la exposición es mucho más y a través de ella podemos mirar la Loca que vio Menchón, "una ciudad viva y cambiante al albur de los tiempos y las modas.

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