Anse denuncia la presencia de muflones en Cabo Tiñoso y la Muela

La Consejería afirma que los ejemplares existentes en la isla del Barón se introdujeron en 1986 e investiga si lo hicieron con permiso de la Administración

GUILLERMO HERMIDA
EL PRINCIPIO. Una pareja de muflones de Córcega en Cabo Tiñoso, en una imagen tomada en el año 2002. / ANSE/
EL PRINCIPIO. Una pareja de muflones de Córcega en Cabo Tiñoso, en una imagen tomada en el año 2002. / ANSE

La crisis de los muflones escaló ayer un nuevo peldaño al denunciar la organización ecologista Asociación de Naturalistas del Sureste (Anse) la existencia de una nueva cabaña de esta especie en otro espacio protegido. En concreto, se trataría de al menos seis ejemplares de esta especie, procedente de la cordillera marroquí del Atlas, que triscan a su aire en el área de Cabo Tiñoso y la sierra de la Muela.

Estos ejemplares se suman a la decena detectada en la isla del Barón o Mayor, en pleno Mar Menor. El presidente de Anse, Pedro García, señaló que en toda la Región podría haber cerca de un millar de arruís del Atlas procedentes de los 22 ejemplares introducidos en la Región a principios de los años 70.

La consejería de Desarrollo Sostenible y Ordenación del Territorio anunció ayer también que la cabaña de la isla del Barón fue detectada hace aproximadamente un mes por un agente medioambiental en un viaje de inspección rutinario por la laguna. Inmediatamente, puso en conocimiento de la dirección general del Medio Natural el hecho, lo que motivó la apertura de un expediente informativo.

Según fuentes de la consejería, la cabaña de muflones de la isla del Barón está asentada desde 1986. La ínsula es de propiedad privada, y su titularidad corresponde a Ana María Navarro Figueroa, Marquesa viuda de Sierra Nevada y madre de Natalia Figueroa, mujer del cantante Raphael. Los rumores entre los pescadores y residentes del entorno del Mar Menor existían ya desde hace años, pero hasta hace un mes no había certeza.

La investigación que ha puesto en marcha la consejería sigue tres grandes líneas. La primera -una verdadera labor de buceo en los archivos de hace 21 años- es determinar si hubo permiso o autorización administrativa para la introducción de los muflones en el ecosistema insular, protegido al estar incluido en el Espacio Natural Islas del Mar Menor.

Líneas de investigación

El islote es además Lugar de Interés Comunitario, por lo que el Seprona, que el lunes distribuyó varias fotos de la manada, ha puesto el caso en manos de la Fiscalía de Medio Ambiente y Urbanismo del Tribunal Superior de Justicia de Murcia, cuyo titular es José Luis Díaz Manzanera.

Las pesquisas de la consejería también van encaminadas a determinar el posible perjuicio en el hábitat que ese rebaño tendría. Fuentes del departamento que dirige Benito Mercader señalaron que en la isla del Barón existen comederos para el rebaño, lo que rebajaría notablemente el impacto sobre la flora del lugar, que se salvaría de ser rumiada por los cérvidos. Además, la manada, según Medio Ambiente, parece estar en buen estado de salud.

Por último, la Consejería quiere determinar el porqué de la presencia de los muflones en la ínsula. Pese a que ayer la concejal de Medio Ambiente de San Javier, Arancha Espeso, puso el dedo en la llaga -«si no los quieren para cazarlos ¿para qué entonces?», afirmó- tanto Medio Ambiente como Anse no quisieron ser tan tajantes.

Los ecologistas, que sin embargo no dudan del destino como piezas del rebaño que mora en Cabo Tiñoso y la Sierra de la Muela, señalaron ayer a través de su presidente, Pedro García, que no conocían exactamente el fin de la existencia del rebaño, y aunque mencionaron como posibilidad su uso cinegético, no descartaron que se trate de «un capricho» de los propietarios del islote, con los que aún no ha sido posible contactar para recabar su versión.

Desde Anse se exige que se «erradique de Sierra Espuña» y de la zona del Mar Menor a los ejemplares de arruí del Atlas y «potenciar la presencia de cabra montés», una especia autóctona y menos dañina para la flora. Los ecologistas consideran que la situación actual «es perfectamente controlable y reversible, siempre y cuando las autoridades actúen diligentemente. En caso contrario, resulta esperable que se produzca una expansión espectacular de la especie en los próximos años ante la ausencia de predadores naturales, como el lobo».

Por el momento, y hasta que la investigación de Medio Ambiente no dé frutos, los diez ejemplares de arruí o muflón que triscan en la isla del Barón tienen asegurada una tregua. Lo que ocurra con ellos después no se sabe aún a ciencia cierta.

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