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Mi vecino es un águila

Águila calzada fotografiada cerca de una urbanización en el Carmolí (Mar Menor)./Eduardo Cortils
Águila calzada fotografiada cerca de una urbanización en el Carmolí (Mar Menor). / Eduardo Cortils

El artista Eduardo Cortils documenta la abundante fauna que vive de forma discreta junto a las ciudades. El fotógrafo murciano cambia de registro y expone en Galicia su colección de animales periurbanos tras pasar seis años «en un escondite»

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Alrededor de las ciudades, junto a las carreteras, en lugares donde se trabaja y se mueven máquinas, la vida bulle de forma sorprendente. El fotógrafo Eduardo Cortils (Murcia, 1963) ha sacado petróleo de esa tierra de nadie. «Quería romper con mi trayectoria anterior, salir de los museos y salas de exposición convencionales y llegar a otro tipo de público», explica a 'La Verdad' un artista con obra en el Metropolitan de Nueva York y el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid.

El cambio de registro es notorio: de las imágenes manipuladas y cargadas de poesía y extrañeza -como la serie 'Paludes', que pudo verse hace doce años en Puertas de Castilla- a fotografiar la fauna que vive de forma discreta en torno a grandes núcleos habitados, en espacios altamente humanizados que normalmente atravesamos conduciendo nuestros coches sin darles importancia. Como si fueran eriales.

·'Los pies en la tierra', el blog del medio ambiente
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LA EXPOSICIÓNTítulo
'Antropoceno. Arte y biodiversidad en escenarios periurbanos de la Región de Murcia'.
Autor
Eduardo Cortils.
Dónde
Centro de Extensión Universitaria y Divulgación Ambiental de Galicia (Ceida). Coruña.
Cuándo
5 de junio a 30 de julio.

Cortils lleva seis años imbuido en este proyecto de exploración naturalista y búsqueda personal, un tiempo en el que ha permanecido «escondido en un 'hide' [el cubículo portátil que utilizan los fotógrafos de fauna]». El resultado es chocante y hermoso: miles de fotos en las que documenta la presencia de más de cien especies de aves, mamíferos y reptiles que crían, cazan y se buscan la vida cerca de urbanizaciones, fábricas y fincas de cultivo. La cámara de este creador que se siente más cómodo fuera de los circuitos habituales del arte ha sorprendido a águilas reales y calzadas, nutrias, lechuzas, ginetas, azores, zorros y tejones en los alrededores de Murcia, Cartagena, Molina de Segura y poblaciones del litoral.

Ni Medio Ambiente ni Cultura se interesaron por este proyecto, se lamenta el autor«Me dijeron: '¡Pero si aquí no hay nada!'. Y yo respondí: 'Espera solo media hora y verás'»

Vida salvaje toda la semana

'Antropoceno. Arte y biodiversidad en escenarios periurbanos de la Región de Murcia' es el nombre de la exposición que reúne una selección de las fotografías obtenidas desde el año 2012. Se verá por primera vez en el Centro de Extensión Universitaria y Divulgación Ambiental de Galicia (Ceida), en La Coruña, desde el próximo martes -Día Mundial del Medio Ambiente- hasta el 30 de julio. Eduardo Cortils lamenta la falta de interés de la Comunidad Autónoma por este proyecto -hubo contactos con las consejerías de Medio Ambiente y Cultura que no fructificaron, informa-, aunque confía en que algún día pueda verse en su tierra.

Cortils reniega de la concepción del arte contemporáneo como «algo exclusivamente urbanita o elitista. Por eso decidí iniciar esta extensa 'performance' en la que he interactuado desde mi 'hide' con cazadores, senderistas, agricultores y otros trabajadores, relatando lo que ocurre en estas áreas intermedias los siete días de la semana».

¿Y qué ocurre? «Grandes paradojas que me he dedicado a 'desocultar': como la abundancia de fauna en lugares que no te esperas pese a que la desplazamos y le arrebatamos su hábitat. Hubo quien me dijo: '¡Pero si aquí no hay nada!'. Y yo le respondí: 'Espera solo media hora y verás'», recuerda Cortils, obligado a «disfrazarse de biólogo» en esta aventura artística y, sí, científica.

«Esta serie es la única que no voy a terminar nunca, solo la voy a abandonar. Hay proyectos que son más grandes que los artistas y la naturaleza es inabarcable», reflexiona Eduardo Cortils, quien asegura que ha procurado retratar a los animales «con la mayor dignidad, sin sensacionalismo ni manchados de restos de humanidad», igual la serpiente que deglute un pez durante tres cuartos de hora en la desembocadura de la rambla del Albujón que el águila real que devora un conejo en Sangonera la Verde.

O que el alcaraván cuyo nido salvó señalizándolo con dos pomelos para que un agricultor lo respetase al labrar con el tractor el cultivo donde había decidido criar. Los dos pollos que aparecen en la foto confirman que el balizamiento improvisado de la nidada fue un éxito.

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