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«No soy ninguna misionera»

Una de las fotografías de la exposición 'Albino', que puede verse en el Museo Molinos del Río-Caballerizas de Murcia./Ana Palacios
Una de las fotografías de la exposición 'Albino', que puede verse en el Museo Molinos del Río-Caballerizas de Murcia. / Ana Palacios

La fotógrafa Ana Palacios denuncia en el Museo Molinos del Río de Murcia el drama de los negros albinos de Tanzania

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

De satisfacer las excentricidades de actores y directores de cine de Hollywood a retratar las «esquinas rotas del mundo». Este ha sido el viraje profesional de la periodista y fotógrafa Ana Palacios (Zaragoza, 1972), autora de imágenes que zarandean y hacen pensar. Como la del drama de los negros albinos de Tanzania, que expone en el Museo Molinos del Río-Caballerizas de Murcia hasta el 21 de mayo, donde ofrecerá una conferencia y una visita guiada el próximo viernes a las 19.00 horas. Una buena oportunidad para conocer el trabajo de alguien que, después de tener un pie en cada orilla, decidió hace cuatro años cambiar su trabajo como responsable de logística en grandes producciones cinematográficas -como 'El reino de los cielos' y 'Exodus', ambas de Ridley Scott- para denunciar las miserias de África, India y otros lugares donde la esperanza de vida no pasa de los cincuenta años.

¿Por qué los negros albinos de Tanzania? «Comencé a saber de esta lacra en 2007, pero en ese momento se ponía el foco en la persecución que sufrían, las cacerías humanas para descuartizarlos y hacer pócimas mágicas con trozos de su cuerpo», explica en conversación telefónica con 'La Verdad'. Un brazo cuesta unos mil euros, y por un cuerpo entero pueden pagarse hasta 60.000. Una versión terrible de África que, de alguna manera, sigue sumida en la Edad Media. «Pero, siendo esto una barbaridad provocada por la superstición y la incultura, el problema más grave de estas personas es sin embargo el cáncer de piel, que se ceba en ellos por la ausencia de melanina en piel, ojos y cabello». Desde el año 2007 han sido asesinados en todo el continente africano 178 negros albinos por la extrañeza, fascinación o incomprensión ante el color de su piel; sin embargo, miles de ellos mueren cada año solo en Tanzania, a los pies del Kilimanjaro, a causa del cáncer.

Tome nota

Exposición.
'Albino', fotografías de Ana Palacios.
dónde y cuándo.
Museo Molinos del Río-Caballerizas. Murcia. Hasta el 21 de mayo.
Conferencia de la autora y visita guiada.
Viernes 4 de mayo a las 19.00 horas.

«Su esperanza de vida es de treinta años, cuando la media en Tanzania es de cincuenta y uno, y su existencia es muy difícil», explica, «porque no solo se enfrentan al cáncer de piel sino también a la persecución y al rechazo de sus familias, que no entienden por qué son diferentes. Terminan marginados porque, al no ver bien, apenas tienen acceso a la educación y por tanto no consiguen trabajos cualificados». «Sin cremas solares adecuadas, gafas de sol o incluso sombreros», se lamenta Ana Palacios, los albinos de Tanzania, unos 17.000 debido a la endogamia, parecen condenados a morir prematuramente por un melanoma.

Niños esclavos

Sin dárselas de nada, Ana Palacios pone el foco de su cámara «en los problemas invisibles», como la escasez de agua en Etiopía, donde hay que caminar cuatro horas para llenar un bidón de veinte litros, o la explotación de los niños esclavos, que pronto plasmará en un libro. «He aprendido a ponerme en los zapatos del otro», reflexiona, «a darme cuenta de que en el primer mundo, si no tenemos problemas nos los creamos nosotros solos».

Ana Palacios, durante un reportaje en África.
Ana Palacios, durante un reportaje en África. / A. P.

De la mano de ONG como Unicef, Manos Unidas y África Directo, Ana Palacios ha expuesto en los cinco continentes y ha publicado sus fotografías -lo que ella llama «periodismo de sensibilización»- en medios de tanto impacto como XLSemanal, 'El País', 'The Guardian', Al Jazeera, 'Stern', 'Der Spiegel' y 'Daily Mirror', entre otros.

«Pero no soy ninguna misionera ni una ermitaña, ni tengo el espíritu de Teresa de Calcuta», advierte, «simplemente hago mis reportajes y regreso a Madrid, donde vivo. Procuro traerme de mis viajes fuerza para seguir haciendo este trabajo y me dejo allí la desilusión y la desesperación». Así de práctica, así de útil.

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