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«La aventura está en la cabeza»

El aventurero y director de documentales Sebastián Álvaro. /Mario Rojas
El aventurero y director de documentales Sebastián Álvaro. / Mario Rojas

El creador de 'Al filo de lo imposible' repasa el miércoles en Murcia toda una vida dedicada a explorar los lugares más lejanos y bellos del planeta

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Durante 25 años, el programa de TVE 'Al filo de lo imposible' llevó a millones de personas de expedición a desiertos, glaciares y las montañas más altas del planeta. Pegados a la pantalla, asistimos con los pelos de punta a proezas deportivas y también a las consecuencias dramáticas de llevar al límite la resistencia humana. Así eran las reglas, en ocasiones criticadas, de un espacio de documentales inolvidable. Su creador y director, Sebastián Álvaro (Madrid, 1950), repasará esas experiencias el miércoles en Murcia en la Semana de Montaña y Aventura -Edificio Moneo, 20.30 horas-. Contesta a la entrevista con 'La Verdad' por teléfono, tumbado en la cama de un hotel de Fuerteventura, donde el viernes pasado dio una conferencia. El sol abrasa en los últimos coletazos del verano canario mientras él recuerda lo bien que lo pasa cuando viene a la Región: «La última vez estuve en Santomera y me volví a Madrid con el coche lleno de limones».

-Los aventureros no se jubilan, por lo que veo.

EL CICLO

'Los pies en la tierra', el blog del medio ambiente:
laverdad.es/lospiesenlatierra
Martes 25
'La escalada de un sueño' (Ama Dablam, 6.856 metros). Antonio Alpañez 'Buti' y Francisco Mira 'Quitín'.
Miércoles 26
'30 años al filo'. Sebastián Álvaro.
Jueves 27
'Everest, un reto sobrehumano'. Alex Txikon.
Dónde y hora
Edificio Moneo. Murcia. A las 20.30. Entrada libre.

-Es que la aventura tiene más que ver con la mente que con el músculo, está en la cabeza. Hay una parte que tiene que ver con la curiosidad y la imaginación, que son las mejores demostraciones de la inteligencia. Una parte muy importante de mi vida consiste en escalar montañas, pero en otras ocasiones escalo montañas mentales, que son nuestros retos, los proyectos que queremos desarrollar. Subir montañas, y en general explorar, es una profesión de la que no te sales nunca, como les ocurre a los sacerdotes y a los guardias civiles.

«La influencia de la televisión pública quedará en cero. Mi vida ha ido muy bien al margen de TVE»

«Si perdemos nuestros paisajes, habremos matado la gallina de los huevos de oro»

-¿Se le cae la casa encima cuando no está por ahí?

-Paso muy poco tiempo en casa; en lo que va de año, apenas la mitad del tiempo. Cuando me paso tanto tiempo fuera estoy deseando volver a casa para estar tranquilo, planificar la próxima expedición que voy a hacer y para escribir lo que he vivido. Y para hacer aquí cosas que están muy bien, como escalar en la Pedriza, en los Mallos de Riglos, jugar con mis nietos en el parque...

-¿Está todo ya descubierto?

-Mientras queden hombres y mujeres con espíritu aventurero, quedarán aventuras por realizar. Por ejemplo, todos los fondos marinos y todas las cuevas, que no son pocas, también el interior de la Antártida, buena parte de Tierra de Fuego, los grandes desiertos y muchas cumbres de las grandes cadenas montañosas, no solo del Himalaya. Y cuando esto se acabe, mi nieto probablemente tendrá que escalar el cráter del volcán Olimpo de Marte, que deja empequeñecido al Everest.

-Ha pisado los lugares más bellos y extraordinarios del planeta. ¿Cómo se siente uno en el Himalaya o recorriendo los polos?

-Uno se da cuenta del verdadero tamaño que tenemos en relación con la naturaleza, que es muy pequeño. Te sientes insignificante y vulnerable, muy poca cosa, y te das cuenta de que somos algo así como un mono que un día se puso de pie y echó a andar, por más que la tecnología nos haya hecho olvidar cuál es nuestro sitio en el planeta.

-En cuarenta años de viajes por todo el planeta, ¿qué ha aprendido?

-Cierto conocimiento sobre uno mismo.

-¿Es muy diferente un ciudadano de Madrid o Barcelona de un pastor de una aldea de Pakistán?

-Como decía Shakespeare, 'estamos hechos de la misma materia que los sueños', y aspiramos a lo mismo: a que nuestros hijos vivan mejor que nosotros, a rodearnos de amores para vencer la soledad, a disponer de momentos para apreciar la belleza... esas cosas que nos hacen esencialmente humanos. Y todos nos hacemos preguntas para las que no tenemos respuesta.

-Dicen que no conoces a una persona hasta que viajas con ella...

-Puedes estar sentado en la oficina al lado de un compañero de trabajo y no saber realmente cómo es. Y sin embargo, te echas una mochila a la espalda y te vas con él a andar por el Pirineo y en las primeras 48 horas ya sabes realmente cómo es: si es una persona sacrificada y bondadosa, o por el contrario es un egoísta o un tipo con el que no irías a la vuelta de la esquina.

-¿Qué paisaje le acompaña siempre?

-Generalmente sitios de montaña, seguramente el Karakórum. También me gustan los hielos de la Patagonia y la Antártida, y los grandes desiertos. Lugares que conocí vírgenes, solitarios y bellos, y que por desgracia los estamos perdiendo. Pero en mi recuerdo siguen siendo como la primera vez que los vi.

-Antes era difícil encontrarse con alguien en la montaña. Ahora lo complicado es estar solo.

-Esto responde a la superpoblación del planeta; hace cien años éramos 2.300 millones de habitantes y ahora somos 7.400. Por otro lado, este es el periodo en el que tenemos mejores condiciones de vida y tiempo de ocio, que no sabemos cómo gastar. Y los espacios naturales han entrado en el paquete de una industria turística que mueve mucho dinero. Por desgracia, ahora tenemos herramientas con una gran capacidad de destrucción de la naturaleza: construimos carreteras y túneles para llevar a la gente hasta los rincones más recónditos, que pierden así mucho de su encanto y misterio.

-¿Cómo tratamos la naturaleza en España? ¿La comprendemos, la respetamos, la cuidamos?

-Podemos sentirnos orgullosos de nuestros parques nacionales, pero está claro que hay muchas zonas amenazadas que es necesario proteger para no perder los paisajes. Cada vez hay más gente que valora disfrutar de un paisaje bien conservado, pero en general falta una preocupación medioambiental, que entiendo debe formar parte del proceso educativo. Por mucho que haya quien presione por hacer caja con los espacios naturales, el día que perdamos nuestra naturaleza y nuestros paisajes habremos matado la gallina de los huevos de oro porque seguramente es nuestra mejor fuente de ingresos a largo plazo.

-¿Cómo ha seguido la renovación de RTVE? Usted, en pleno éxito con 'Al filo de lo imposible', fue víctima del primer gran ERE del ente público hace ahora diez años.

-Se cumplen el 31 de diciembre. Ese ERE fue el principio del fin de la televisión pública en España, que seguirá cayendo hasta que su influencia quede en cero o casi cero. Pero al día siguiente de que nos despidieran, a mí y a otras 4.200 personas más, yo decidí que había que seguir viviendo. Por eso seguí subiendo montañas y organizando expediciones. Mi vida ha ido muy bien al margen de TVE. Lo siento por los trabajadores que están sufriendo esta situación, de la que son responsables los diferentes gobiernos durante los últimos veinte años, y que decidieron llevar a la irrelevancia a la televisión pública.

-Ya no hay programas como 'Al filo' en la televisión actual. ¿Por qué?

-Habría que preguntárselo a los propietarios de los canales generalistas y a los programadores. Pero si tú tienes acceso a canales de pago sí puedes ver documentales de montaña magníficos. Ver 'Al filo de lo imposible' no costaba dinero. Es cuestión de prioridades y de qué entienden los gobernantes como un servicio público. Las televisiones públicas en España deberían dedicarse a formar a la gente, no a adoctrinarla, como hemos visto que sucede en Cataluña y el País Vasco. Debería ser un factor de cohesión entre todos los ciudadanos, para darles la mejor información y cultura. 'Al filo de lo imposible' pretendió ser todo eso al mismo tiempo.

-No nos ponemos de acuerdo sobre cómo recibir a quienes llegan a nuestras costas en pateras en busca de un futuro mejor. ¿Qué hacer con estos aventureros por necesidad?

-Yo creo que eso es un problema de alcance europeo; sin una respuesta global no podremos resolverlo, y hay que ir a esos países de origen para mejorar allí las condiciones de vida.

-¿Qué va a contar el miércoles en Murcia?

-No sé, algo se me ocurrirá [Risas]. Sobre todo diré al público que tiene que dedicar su vida a aquello que le apasiona, sea lo que sea. Escalar o componer poemas o canciones, pero que no malgasten el tiempo acumulando dinero y otros bienes que cuando te mueres no sirven para nada.

-¿Usted lo ha conseguido?

-Yo de pequeño hice mucho el tonto, pero también fue muy divertido tocar en un grupo de rock, tener muchas novias y salir de marcha.

-¿Qué ve si se mira al espejo?

-Básicamente el mismo chaval que con treinta años tuvo una idea e invirtió toda su fuerza e ilusión en materializar ese sueño en imágenes que fue el programa de TVE 'Al filo de lo imposible'. También me veo arrugas y algunas cicatrices, en el cuerpo y en el alma. Pero sigo manteniendo ese espíritu de optimismo de tratar de llegar más allá, más lejos, y de indagar en lo que merece la pena de la vida, y sobre todo cómo merece ser gastado el escaso tiempo que los dioses nos conceden.

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