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«La autopista salvó a Los Alcázares»

La avenida producida por las lluvias del lunes pasado, desaguando en el Mar Menor tras inundar Los Alcázares. /Pablo Sánchez / AGM
La avenida producida por las lluvias del lunes pasado, desaguando en el Mar Menor tras inundar Los Alcázares. / Pablo Sánchez / AGM

Un estudio científico señala el casco urbano alcazareño y Los Nietos como los dos puntos más vulnerables del Mar Menor a las inundaciones. El profesor de la UPCT Salvador García-Ayllón, ex director general de Transportes y Costas, analiza el riesgo de las actuaciones humanas en el entorno de la laguna

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

La revista científica 'Water' publicó la semana pasada un artículo del profesor de la Universidad Politécnica de Cartagena Salvador García-Ayllón sobre la vulnerabilidad del Mar Menor a las inundaciones, y solo un par de días después cayó un diluvio que confirmó punto por punto sus conclusiones: los dos puntos más peligrosos en caso de fuertes avenidas son el casco urbano de Los Alcázares y la población cartagenera de Los Nietos.

Nada nuevo bajo los nubarrones salvo que García-Ayllón (Murcia, 1980), ingeniero de Caminos y arquitecto, relaciona por primera vez las actuaciones humanas en el entorno de la laguna con el riesgo de inundaciones utilizando el concepto 'antropización difusa': «Las transformaciones del territorio sin una relación causa-efecto clara», explica a 'La Verdad' quien fue director general de Transportes, Costas y Puertos del Gobierno regional hasta junio de 2017.

El estudio se basa en las variaciones de la cuenca que vierte al Mar Menor tomando como referencia comparativa dos tramos de tiempo, 1929-1975 y 1975-2018, y revisando año a año la cartografía georreferenciada. El análisis sitúa el foco especialmente sobre Los Alcázares, donde «el crecimiento urbanístico durante la década de los 90 y hasta 2007-2008 hizo crecer la ciudad sobre espacios que incrementaban un ya existente 'efecto sumidero' que ya había causado graves inundaciones en los años 50», señala este investigador especializado en política territorial, urbanismo y planificación ambiental.

El experto advierte sin embargo de que si se colapsan los drenajes de la AP-7 se produciría una riada aún mayor sobre el casco urbano

Más que exceso de construcción, García-Ayllón prefiere hablar de «construcción poco inteligente», puesto que el proceso de expansión urbana del municipio obvió la «variable de inundabilidad. Quizá por tratarse el Mar Menor de un entorno un tanto difuso no se respetó el criterio de no construir en las ramblas», sugiere el autor del estudio, quien recuerda el precedente reciente de las inundaciones de diciembre de 2016, «un fenómeno que por desgracia veremos repetirse cada vez con más frecuencia», advierte.

La arena no cruza La Manga

El artículo publicado en 'Water' llama la atención sobre el papel de la autopista AP-7, que ha actuado -hace dos años y ahora- como dique de contención de la riada sobre el casco urbano de Los Alcázares. «Puede decirse que la autopista salvó a Los Alcázares laminando la gran avenida, pero en caso de un evento meteorológico más grande podría ser un arma de doble filo, porque si los drenajes de la vía se colapsan podría producirse una enorme riada generando consecuencias aún más catastróficas, como cuando se desborda una presa», avisa.

Los Nietos, en la ribera sur del Mar Menor, es otro punto débil, «en este caso por la transformación del suelo agrícola, donde se ha sustituido la orografía tradicional aterrazada por la agricultura intensiva, favoreciendo el riesgo de inundabilidad».

Salvador García-Ayllón también documenta la retracción de las dunas en la ribera del Mar Menor en La Manga por el 'efecto pantalla': los edificios impiden el transporte de arena desde el Mediterráneo por los temporales de levante, un fenómeno que en algunas zonas está dejando las viviendas al borde mismo del agua, pero no porque haya subido repentinamente el nivel del Mar Menor, sino por la falta de sedimentos en la primera línea.

Unos sedimentos que, sin embargo, están aterrando la laguna por los aportes externos de las avenidas; materiales que se quedan en el fondo, inmóviles «por la falta de la dinámica del oleaje, sustituyendo el actual sustrato arenoso de las algas y plantas marinas de una cubeta donde termina llegando todo», añade el profesor de la UPCT.

¿Por dónde empezar para solucionar este caos? «Lo más urgente es tomar medidas para recuperar los desagües tradicionales del Campo de Cartagena», propone García-Ayllón en su investigación, medida en las que coincide con los responsables políticos que el lunes pasado recorrieron los llanos inundados de la comarca para evaluar los daños.

También es necesario actualizar los planes urbanos con estudios hidrológicos, propone este experto de la Politécnica, «para que la variable de inundabilidad defina si un terreno puede ser urbanizable o no».

 

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