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Ahogados por la basura marina

Basura marina acumulada junto a la Torre de Cope (Águilas), en el Parque Regional Cabo Cope-Puntas de Calnegre. europeo/Asociación Ambiente Europeo
Basura marina acumulada junto a la Torre de Cope (Águilas), en el Parque Regional Cabo Cope-Puntas de Calnegre. europeo / Asociación Ambiente Europeo

La contaminación por plásticos se ha convertido en una pesadilla ambiental: ensucia las playas, mata a la fauna y llega a la cadena alimenticia. El punto más afectado de España es la Marina de Cope

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Empecemos con dos noticias, una mala y otra peor. La primera es que la gran isla de residuos del Pacífico ya tiene tres veces el tamaño de Francia. La segunda es que solo el 15% de los plásticos que arrojamos al mar flotan en la superficie. Después de varias décadas angustiados por el cambio climático, según todos los expertos la mayor amenaza a la que se enfrenta la humanidad, la basura marina se ha convertido en la nueva pesadilla ambiental. A prueba de negacionistas, es una marea global que no admite dudas: es visible donde quiera que vayamos, tiene consecuencias directas sobre la fauna de los océanos y nuestra salud y las cifras son cada vez más escandalosas: todos los años llegan al agua ocho millones de toneladas de plásticos, algo así como 200 kilos cada segundo.

La invasión del plástico también ha generado fotografías difíciles de olvidar, como la de una tortuga boba comiendo una bolsa -para ella una medusa- o la del caballito de mar agarrando un bastoncillo higiénico con la cola. Y la más reciente, hecha por desgracia en la Región y ya un icono de la lucha contra la basura marina: la del cadáver del cachalote encontrado en febrero en Cabo de Palos con 29 kilos de diferentes objetos en el estómago, entre sacos de rafia, redes, cabos e incluso un bidón. Una indigestión mortal.

Y no sabemos qué debe preocuparnos más: si el hecho de que una simple bolsa tarde en degradarse 400 años o que muchos desechos que acaban en el mar se descompongan en microplásticos -porciones de menos de cinco milímetros-, en ocasiones ingeridos por peces que pueden terminar en nuestra mesas. A la plancha y a la hora de la cena.

Un estudio de la Universidad de Deusto revela que el litoral de Águilas y Lorca es la zona del país con más residuos

Todos somos un poco culpables: desde el bañista que abandona sobre la arena una lata vacía y el automovilista que tira una botella de plástico por la ventanilla hasta el fumador que apaga una colilla en cualquier sitio. Porque se estima que el 80% de la basura marina proviene de tierra. Y no hay que irse a un lugar perdido para comprobar cómo estamos plastificando el planeta: España es el segundo país europeo que más plástico arroja al Mediterráneo -126 toneladas cada día- y, atención, el Parque Regional de Cabo Cope-Puntas de Calnegre, en el litoral de Águilas y Lorca, es el punto de mayor concentración de basuras marinas del país: 21,77 residuos por metro lineal de costa, según un estudio reciente de la Universidad de Deusto basado en 249 limpiezas de playas y riberas de ríos realizadas en diferentes puntos del territorio nacional entre 2010 y 2015.

La investigación ha cribado los datos recogidos por miles de voluntarios convocados por la asociación Ambiente Europeo, con sede en Murcia. Durante cinco años se recogieron 47.682 kilos de basuras marinas debidamente caracterizadas. Es decir, cada residuo está registrado en una ficha para identificar su origen y, llegado el momento, trabajar con más eficacia en la solución del problema.

Esta metodología permite saber no solo que la Marina de Cope es la zona cero de la basura marina en España, sino que estos desechos proceden en su mayoría de la intensa actividad agrícola que se desarrolla en el espacio protegido.

Los cultivos de lechugas, tomates y sandías generan una enorme cantidad de residuos que terminan en las playas, arrastrados por el viento o a través de las ramblas. Mallas de invernaderos, tuberías de PVC y polietileno, pinzas de silicona para injertos, cuerdas de nylon, bandejas de poliespán, goteros y válvulas de riego salpican el paisaje de forma bien visible, en una concentración que aumenta conforme nos acercamos al mar. Según el informe 'Basuras marinas: una exploración de datos obtenidos en limpiezas de playas y riberas en España de 2010 a 2015', el Parque Regional Cabo Cope-Puntas de Calnegre concentra el 67,3% de este tipo de desechos en la Región de Murcia, que sufre la presencia de una media de 10,37 residuos por metro lineal limpiado. En el lado contrario, la costa más limpia es la del País Vasco, con solo 0,53 residuos por metro.

«Tan sencillo como recoger»

«La situación es insostenible», se lamenta Daniel Rolleri, director de Ambiente Europeo y vicepresidente de la Asociación Española de Basuras Marinas, quien no ve una solución fácil por la «resistencia» del sector agrícola y la «escasa presión» de la Administración: «No se trata de ir contra los agricultores ni de perjudicar a nadie, pero la sociedad no puede pagar sus malas prácticas. Es tan sencillo como recoger y gestionar adecuadamente sus residuos», explica.

El consejero Javier Celdrán apuesta por la divulgación: «Enseñaremos en los colegios los residuos que mataron al cachalote de Cabo de Palos»

¿Alguna solución? «Hay mucho por hacer y por entenderse. Lo ideal es que se pusieran de acuerdo todos los actores implicados: agricultores, administración y empresas que ofrecen tecnologías limpias, como una firma de plástico biodegradable que ya trabaja con éxito con agricultores de Navarra [un procedimiento habitual es labrar sin retirar el plástico de la cosecha anterior, una práctica que termina sellando el suelo]. En la Marina de Cope podría ponerse en marcha un laboratorio de gestión agrícola alternativa y sostenible que se exportara a otros lugares», sugiere.

Los agricultores son conscientes de que deben mejorar la limpieza del entorno de sus cultivos, aunque aseguran que siguen el código de buenas prácticas que les obliga a trasladar sus residuos a un gestor autorizado: «No lo hacemos a propósito, cuando viene una riada el agua lo arrastra todo por la rambla, pero es verdad que a esto hay que darle una solución», admite Pedro Navarro, vicepresidente del sindicato agrario ASAJA en Águilas y pequeño productor en la Marina de Cope. «Igual tenemos que ponernos de acuerdo con el Ayuntamiento para hacer alguna limpieza, lo cierto es que estamos buscando fórmulas para solucionar estos problemas».

Pese al rastro evidente de su actividad en playas y cauces, Pedro Navarro rechaza los calificativos de «insostenible y contaminante» a la agricultura que se practica en esa llanura litoral de más de diez kilómetros de longitud y alega las numerosas auditorías y certificados de calidad que deben pasar los productores para vender en los exigentes mercados europeos.

La memoria de 2017 del Servicio de Limpieza y Mantenimiento de Zonas Verdes también refleja la deficiente conservación del parque: el año pasado se recogieron allí más de 13.000 kilos de desechos en 169 limpiezas. En total, los operarios de la Consejería de Empleo, Universidades, Empresa y Medio Ambiente retiraron casi 142.000 kilos de desperdicios en espacios protegidos de toda la Región en más de 400 batidas. De esta cantidad, 43.636 kilos se recogieron en el litoral, y entre el 70% y el 95% de esta basura marina eran residuos plásticos.

Aunque la Comunidad Autónoma tiene claro que es casi más importante informar y divulgar que limitarse a pasar la escoba. Por eso ha lanzado este verano la campaña 'Un mar sin nuestros plásticos', que se apoya en un vídeo del creativo Pablo Almansa en el que personas de diferentes edades se tragan los desechos que habitualmente dejamos tirados en plena naturaleza. Un mensaje directo a la conciencia... y al estómago.

«Todos somos parte de la solución desde nuestra responsabilidad individual», destaca el consejero Javier Celdrán. «Por eso hemos puesto en marcha acciones de divulgación, una de ellas en los centros educativos, el próximo curso, donde llevaremos los paneles de metacrilato en los que exponemos los desechos que mataron al cachalote de Cabo de Palos». «También nos preocupa la alta incidencia de los residuos agrícolas», añade, «tanto en la Región de Murcia como en el conjunto del Levante, y el abandono de aparejos por los pescadores, algo muy peligroso para la vida marina. Hay que trabajar con estos sectores profesionales», advierte Javier Celdrán.

Pescando plástico

Los pescadores ya han elegido formar parte de la solución. Un sector tradicionalmente indolente y generador de basura marina se sumó la semana pasada al proyecto Upcycling the Oceans, promovido por la firma de ropa Ecoalf y el gestor de envases Ecoembes. Los veintitrés arrastreros con base en los puertos de Cartagena, Mazarrón, Águilas y San Pedro del Pinatar depositarán en contenedores ubicados en tierra los objetos que saquen en sus redes, con una previsión de entre 10 y 15 toneladas al año. Los que sirvan para ser reciclados tendrán una segunda vida como chaquetas, bolsos y calzado de la marca de moda fundada en 2012 por el empresario madrileño Javier Goyeneche. 462 barcos de 33 puertos españoles, 2.000 profesionales del mar en total, se dedican ya a pescar plástico convencidos por un ecoemprendedor que ha sido requerido por el gobierno de Tailandia para que le ayude a reducir la presencia de basura marina en sus aguas generando a la vez una industria sostenible.

A los pescadores les afecta especialmente que estemos convirtiendo en un vertedero los océanos: la mayor despensa del planeta, unos ecosistemas que suponen el 95% del espacio disponible para la vida en la Tierra y donde se produce el 70% del oxígeno. Y no solo por la degradación del medio marino, sino porque los microplásticos ya han llegado a la cadena alimenticia a través de especies tan populares en las pescaderías como la merluza, los salmonetes, las bogas y las pintarrojas. Lo confirman dos estudios del Instituto Español de Oceanografía realizados hace un par de años por científicos de sus centros de San Pedro del Pinatar, Galicia y Baleares. «No existen evidencias de efectos negativos en la salud humana, pero sería conveniente estudiarlo», advierte Juan Bellas, uno de los autores de la investigación.

La Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE) trabaja intensamente desde hace años con las basuras marinas. Primero con recogidas en zonas de difícil acceso, como el Rincón de Tiñoso y la ensenada de la Fuente, en Cabo Cope, dos enclaves costeros donde se acumulan los residuos, empujados por los vientos de levante. Envases, fragmentos de plástico de todo tipo y cajas son los objetos más frecuentes, explica a 'La Verdad' Pedro García, director de la organización ecologista.

Y más recientemente, caracterizando los residuos flotantes en la Zona de Especial Conservación Valles Submarinos del Escarpe de Mazarrón, una extensión de mar de unas 154.000 hectáreas, entre Cartagena y Águilas, que peinaron durante seis meses a bordo del velero 'Else'. Durante ese tiempo, y a lo largo de 2.284 kilómetros de navegación, documentaron 1.345 objetos, el 91% de ellos de plástico: sobre todo botellas, cajas de poliestireno y fragmentos de envoltorios. Una campaña de investigación en la que lamenta haber encontrado «más plástico que vida marina».

ANSE se encuentra ahora completando este estudio, en el marco del proyecto Libera, que impulsan Ecoembes y la sociedad científica y conservacionista SEO/BirdLife, con el objetivo de acabar con la 'basuraleza' en los espacios naturales.

Terminemos con dos buenas noticias: la primera es que la presencia de bolsas de plástico en las playas se redujo en un 80% durante el periodo 2010-2015. Los expertos de la Universidad de Deusto relacionan este dato con el descenso en su consumo «por el paulatino cobro en los supermercados». «Dado el impacto que ha tenido una sola medida, parece que terminar con las basuras marinas es cuestión de voluntad política y concienciación», concluyen los autores del informe.

La mirada de dos artistas

La segunda es que están surgiendo voces influyentes para convencer a la sociedad de la necesidad de cuidar el medio ambiente. Como la escultora Belén Orta, que recreó el episodio del cachalote reventado por una indigestión de plástico con una escultura que removió conciencias, plantada en pleno centro de Cartagena, en el certamen Mucho Más Mayo. La obra de arte, tan necesaria como sangrienta, todavía puede verse este verano en el Faro de Cabo de Palos. «Le he sacado las tripas a propósito», declaró la creadora cartagenera ante las críticas por el excesivo realismo de su pieza 'Va llena de plástico'.

La lacra de las basuras marinas también han conmovido a Isabel Muñoz, una de las grandes fotógrafas españolas -dos premios World Press Photo, Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes y Premio Nacional de Fotografía-, que trabaja actualmente en un proyecto de largo recorrido -la serie 'Agua'- con el que denuncia la plastificación de los mares. Lo inició precisamente en la Marina de Cope y lo ha continuado en Cataluña y Japón. Ya ha expuesto parte de este trabajo, pero sigue entregada a retratar la relación de las personas con el mar. Tanto le preocupó el desastre ecológico que le mostró hace dos años Ambiente Europeo que interrumpió el trabajo que ha marcado un antes y un después en su vida -los retratos de grandes primates- para mojarse por los océanos.

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