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Los agricultores de la Marina de Cope se unen frente a las denuncias ambientales

Bancales en cultivo en la Marina de Cope./Sonia M. Lario / AGM
Bancales en cultivo en la Marina de Cope. / Sonia M. Lario / AGM

«No estamos en contra del parque regional, pero tanta protección nos perjudica muchísimo; y el campo es el colchón económico de Águilas», advierten

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

La Marina de Cope es ahora mismo un inmenso campo de cultivo encajonado en el Parque Regional Cabo Cope-Puntas de Calnegre. Una gran llanura litoral con uso agrícola desde hace más de cincuenta años protegida en 1992 por sus valores naturales, desprotegida en 2001 por el Gobierno del PP para construir el «mayor resort del Mediterráneo» y de nuevo preservada en 2012 tras una sentencia del Tribunal Constitucional que enmendaba la política urbanística de Valcárcel y echaba abajo el sueño inmobiliario. Entre tanto, los cultivos se han extendido sin control, es evidente la pérdida de grandes áreas que albergaban vegetación y fauna de interés y comienzan a producirse fricciones entre la Administración y los agricultores, que se sienten «excesivamente vigilados» por los agentes medioambientales.

Lo denuncia públicamente Pedro Navarro, vicepresidente en Águilas de Asaja, sindicato agrario que está preparando una estrategia de defensa ante las denuncias «que han empezado a aumentar en los últimos seis meses después de muchos años en calma». Han comenzado por distribuir carteles para elaborar un censo de afectados por sanciones. «Vamos a hacer causa común para defendernos, no queremos que la gente se sienta desprotegida», explica a 'La Verdad' este trabajador del campo «de cincuenta y tantos» que cultiva tomates en invernadero. «Ya se han puesto en contacto con nosotros unos cuantos, pero esto empieza ahora», se teme. «Aunque estamos unidos y bien asesorados».

Uno de los carteles fijados en diferentes puntos de la Marina de Cope.
Uno de los carteles fijados en diferentes puntos de la Marina de Cope. / LV

Los plazos para elaborar los planes de gestión de los espacios protegidos y de los incluidos en la Red Natura 2000 se agotan y la Comunidad Autónoma comienza a abordar el futuro de la Marina de Cope después de más de dos décadas de abandono. Una nueva etapa para este frente costero de diez kilómetros de longitud y 1.600 hectáreas, entre Águilas y Lorca, que coincide con un aumento del control por parte de la Consejería de Turismo, Cultura y Medio Ambiente.

Asaja distribuye carteles para que los afectados por sanciones se las notifiquen

Las sanciones más importantes son las referidas a la roturación de terrenos forestales. La Comunidad ha abierto trece expedientes por este motivo desde 1999, los dos últimos en septiembre, y en ambos casos para la creación de nuevos regadíos: frente a las playas Larga y de la Galera, donde se destruyó la cubierta vegetal sobre una superficie de más de cien hectáreas, y en el entorno de la Torre de Cope, donde se arrasó un saladar de once hectáreas y se abrió un camino de doscientos metros.

Vigilancia «continua»

«La vigilancia de nuestros agentes en esa zona es continua, y están permanentemente alerta porque es una zona muy sensible donde la actividad agrícola convive con el entorno protegido desde hace muchas décadas, y debemos incrementar la precaución para que no se extienda con prácticas que no sean compatibles con el medio natural», ha explicado Medio Ambiente a este periódico.

El futuro plan de gestión impondrá a la agricultura prácticas más respetuosas con el espacio protegido

Los planes de la Comunidad Autónoma para este espacio protegido pero al mismo tiempo potente enclave de agricultura intensiva pasan por unos cultivos más sostenibles; con buenas prácticas en el uso de fertilizantes y plaguicidas; que empleen menos agua y apuesten por modalidades ecológicas; integrados en el paisaje y que contribuyan a luchar contra la erosión; y que gestionen mejor los plásticos y otros residuos, que ahora terminan en las playas arrastrados por las ramblas.

La Consejería no descarta usos residenciales, aunque la prioridad será el hotelero, en construcciones de baja densidad, mimetizadas con el entorno y con arquitectura bioclimática. Un mínimo desarrollo respetuoso con sus once hábitats prioritarios para la Unión Europea, con endemismos de flora y presencia de especies amenazadas como águila perdicera y tortuga mora.

«No estamos en contra del parque regional ni vamos contra la Comunidad, pero tanta protección nos perjudica muchísimo», se queja Pedro Navarro, muy crítico con una declaración de espacio protegido «que se hizo sin escucharnos y por políticos que nunca habían puesto un pie aquí». «Pero tenemos que ser aliados, no enemigos», advierte. «Lo que haya que preservarse, que se preserve, pero tienen que dejarnos trabajar. Y el campo es el colchón económico de Águilas».

Pedro Navarro está esperanzado en que se corrija la delimitación del parque para acabar con dudas e inseguridades: los ayuntamientos de Águilas y Lorca ya lo han pedido y la Asamblea Regional aprobó en mayo una propuesta de Podemos, apoyada por PSOE y Ciudadanos, para que se agilice la aprobación del plan de ordenación «teniendo en cuenta a todos los afectados» y también «la realidad actual de la zona».

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