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Una lupa contra la contaminación marina

Juan Peña Ibáñez, fotografiado en un avión de Salvamento Marítimo durante una jornada de vigilancia. / ministerio de fomento
Juan Peña Ibáñez, fotografiado en un avión de Salvamento Marítimo durante una jornada de vigilancia. / ministerio de fomento

Un técnico murciano de Salvamento Marítimo desarrolla un sistema para detectar vertidos de hidrocarburos, de forma más rápida y fiable, con imágenes de satélites

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

«El mar es la última frontera, un mundo lejano donde la vigilancia es difícil y además resulta muy cara», reflexiona el técnico murciano de Salvamento Marítimo Juan Peña Ibáñez, en conversación telefónica con 'La Verdad', durante un descanso en un hotel de Málaga. En esta ciudad andaluza tiene su base temporal -su emplazamiento habitual es el aeropuerto valenciano de Manises- el avión CASA CN-235 con el que sobrevuela el Mar de Alborán en busca de pateras con inmigrantes que anhelan un futuro mejor en Europa. También detectando focos de contaminación marina, otra función importante de este servicio dependiente del Ministerio de Fomento, aunque ahora un tanto eclipsada por el aluvión de embarcaciones que tratan de alcanzar la costa española. Las calmas de enero, cuando el agua está como un plato, marcan uno de los picos del año con más actividad para este licenciado en Ciencias del Mar de 43 años que ha desarrollado un sistema para localizar de forma más rápida y fiable los vertidos de hidrocarburos al mar.

Su método, ideado con su compañero Pablo Benjumeda Herreros, se sirve de imágenes de satélites de uso gratuito -como los de la Agencia Espacial Europea y de la NASA- para obtener imágenes «casi en tiempo real» y con una resolución «multiespectral». Esta rapidez y mayor calidad de las fotografías permite identificar a las embarcaciones que realizan descargas de crudo en alta mar y también diferenciar las manchas de petróleo de otras que son producidas por fenómenos naturales, como proliferaciones de algas. La tecnología radar convencional lleva a muchos «falsos positivos» por errores de interpretación porque los rastros de petróleo pueden confundirse con vegetación o plancton.

Cabo de Palos es uno de los tres puntos negros de la costa española por derrames de crudo

14,5 millones de toneladas

«Gracias a esta técnica llegamos más allá de lo que el ojo humano es capaz de ver, pues superamos su espectro electromagnético», resume Juan Peña. Y por desgracia hay mucho que controlar: según la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, cada año se arrojan a los océanos 14,5 millones de toneladas de crudo, una 'vomitona' contaminante que supone multiplicar por 230 la catástrofe del 'Prestige'.

Los vertidos son en su inmensa mayoría intencionados: barcos que, aprovechando la escasa vigilancia y normalmente de noche, vacían sus sentinas para ahorrarse el servicio de limpieza que se presta en los puertos, donde las sustancias contaminantes se extraen de forma segura y se envían a un gestor de residuos autorizado. Estas malas prácticas no solo constituyen un delito medioambiental, sino que salen caras: solo la fianza para que un barco denunciado pueda seguir navegando alcanza los 600.000 euros. Moraleja: contaminar es una guarrada ilegal, insolidaria y nada rentable.

El Mediterráneo español sufrió el año pasado 250 vertidos ilegales, muchos de ellos localizados alrededor de los tres principales puntos negros de la costa nacional: el Estrecho de Gibraltar, Cabo de Gata y Cabo de Palos. «En la costa de la Región hay mucho tráfico marítimo y frente a Cabo de Palos confluyen los buques procedentes de tres grandes rutas: el Golfo de León, Baleares y el norte de África», explica Juan Peña. «Unas veces vemos solo la mancha, pero en otras ocasiones pillamos al barco in fraganti», señala este coordinador táctico de misión -así se denomina su cargo- con diez años de experiencia peinando el Mediterráneo desde el aire: «De todos modos, la contaminación marina por crudo se ha reducido desde 2010, coincidiendo con la presión de la Comisión Europea para frenar los delitos ambientales y que se cumplan las leyes», asegura.

Primero son las personas, los inmigrantes que localiza en situaciones dramáticas a bordo de embarcaciones precarias; eso lo tiene claro Juan Peña -nacido «por casualidad» en Sevilla-, a quien su preocupación por la protección del medio ambiente ha llevado a crear Orbital EOS, de momento una 'startup' -empresa emergente- para la que busca socios tecnológicos y financieros. Y clientes. Uno de ellos podría ser precisamente Salvamento Marítimo, que el mes pasado concedió a este proyecto uno de sus premios anuales, que en 2018 -su segunda edición- estuvieron dedicados a impulsar la iniciativa Mares Limpios.

«Al final, los satélites son nuestros ojos ahí arriba», concluye este vigilante del mar: «Son imparciales, trabajan sin descanso y trascienden toda las barreras humanas, así que son herramientas muy poderosas para detectar estos delitos contra la naturaleza».

Imagen multiespectral: los colores que el ojo humano no percibe

Un satélite multiespectral podría definirse como «una especie de cámara de fotos que además es capaz de ver colores que el ojo humano no percibe», ejemplifica Juan Peña Ibáñez, que antes de entrar en el servicio de Salvamento Marítimo trabajó en el Centro Oceanográfico de Murcia. «Esos colores son extremadamente útiles para identificar sustancias, y en este caso nos sirven para discriminar hidrocarburos, los restos oleosos de las sentinas», concluye sobre su novedoso sistema de teledetección.